Esperanza con cautela de la oposición en Hungría de cara a las elecciones legislativas
Marcelo Nagy
Budapest, 13 ene (EFE).- Hungría se encamina a sus próximas elecciones legislativas, convocadas hoy para el 12 de abril, con grandes expectativas, aunque con cautela, por parte de la oposición al primer ministro ultranacionalista Viktor Orbán, de lograr un cambio de Gobierno tras 16 años en el poder.
Por primera vez desde 2010, cuando el partido de Orbán, Fidesz, accedió al poder con mayoría absoluta, un disidente de esa misma formación conservadora, Péter Magyar, se perfila como un rival con posibilidades reales de vencer en los comicios, según todos los sondeos de intención de voto.
El partido de Magyar, Tisza, lidera claramente las encuestas con una ventaja de entre 5 y 8 puntos porcentuales sobre Fidesz desde hace más de un año. No obstante, los analistas llaman a la cautela a la hora de interpretar estos pronósticos.
El sondeo más reciente, publicado por el Instituto Idea, predice la victoria de Tisza con el 47 % de los votos, frente al 39 % que obtendría Fidesz.
«Esta es una clara ventaja de Tisza, pero por sí sola no garantiza la victoria del partido. En realidad, se trata de una competencia muy reñida», explicó a EFE en Budapest Márton Schlanger, analista del Instituto Republikon.
Fidesz suele fortalecerse en la recta final de la campaña, recuerda Schlanger, aunque admite como posible, aunque «muy difícil», una amplia victoria del partido de Magyar.
La red del poder de Orbán
Fidesz ha ganado cuatro elecciones consecutivas desde 2010, con mayorías de dos tercios que le permitieron modificar la Constitución y otras leyes sin necesidad de alianzas, además de introducir un nuevo sistema electoral que le favorece.
El partido también ha colocado en altos cargos —desde el presidente hasta miembros del Tribunal Constitucional o el Consejo Presupuestario— a personas leales a Orbán.
El Gobierno controla los medios de comunicación públicos, la mayoría de la prensa y numerosas universidades.
Según Schlanger, las elecciones de este año difieren de las anteriores debido a la presencia de una gran fuerza opositora (Tisza) que ha logrado aglutinar apoyos tanto de votantes conservadores descontentos como de izquierdas.
En campañas anteriores, ninguna formación opositora había liderado las encuestas por más de algunas semanas. Magyar y su partido han sabido superar diversos «obstáculos políticos», destacó el analista, subrayando la habilidad del líder opositor para mantener su popularidad durante meses.
Los múltiples ataques del Fidesz y los supuestos escándalos que habrían afectado a él y sus correligionarios no han dañado su imagen, aseguró Schlanger.
La campaña electoral empezó de facto hace meses, con una escalada de tensión que llegó a motivar una manifestación de decenas de miles de personas exigiendo «un discurso político menos polarizado».
Mientras Orbán se presenta como defensor férreo de la soberanía de Hungría, acusa a Magyar de ser un «títere» de Bruselas y servir a supuestos intereses externos.
Por su parte, el líder opositor denuncia la corrupción del régimen de Fidesz y asegura que poderosos aliados de Orbán, como los presidentes de EE.UU., Donald Trump, y de Rusia, Vladimir Putin, “lo mantienen para debilitar a la Unión Europea desde dentro (…) y él está encantado de desempeñar el papel de idiota útil”.
Difícil gobernabilidad
En caso de victoria de Magyar, su eventual Gobierno afrontaría el desafío de imponerse a una oposición respaldada por «la red del poder» que Fidesz ha tejido durante 16 años con altos cargos leales a Orbán, recuerda el analista.
«Para Tisza, gobernar tras las elecciones sería más difícil que ganar los comicios, especialmente si no dispone de una mayoría de dos tercios de los escaños parlamentarios», enfatiza Schlanger.
No obstante, el experto no descarta que una eventual derrota de Fidesz podría generar “pánico” dentro de esta red de poder, al ver cómo «el mito de ser invicto se derrumba».
Además, el Gobierno que surja de las urnas tendrá que adoptar medidas severas para sanear la economía húngara, marcada por un débil crecimiento —apenas 0,4 % en 2025— y un elevado déficit presupuestario, del 5 % del Producto Interior Bruto (PIB). EFE
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