La enigmática y enrevesada historia de la colección mexicana Gelman
Ana Báez
Ciudad de México, 28 ene (EFE).- La colección Gelman, una de las más enigmáticas e importantes del arte moderno mexicano, nuevamente pone sobre la mesa la preocupación de “qué está haciendo Estado mexicano por adquirir y aumentar su patrimonio cultural”, afirmó este miércoles a EFE el curador Cuauhtémoc Medina, luego del anuncio de que las 160 piezas serán gestionadas por el Banco Santander y exhibidas en España.
Para el especialista, este acuerdo de la familia Zambrano -propietaria de la cementera Cemex- con el banco español, que asume la conservación, investigación y exhibición de obras de referentes nacionales como Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo o José Clemente Orozco, refleja la “poca transparencia en los manejos del patrimonio artístico de México”.
“Tenemos un Estado que es culpable de no hacer patrimonio moderno, porque no adquiere al no tener presupuesto de adquisición, y cuando vienen estos casos, tiene una legislación inútil”, sentenció el especialista sobre la situación de las piezas, algunas de las cuales fueron declaradas patrimonio artístico, por lo que no deben permanecer fuera del país por más de uno o dos años.
El Banco Santander informó que, con el apoyo e intervención de la Secretaría de Cultura de México y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), este acuerdo permite que la colección viaje a Cantabria (España) para inaugurar el Faro de Santander el próximo mes de junio, y que las piezas cuenten con una gestión “a largo plazo y renovable”.
Sin embargo, detalló que, por motivos de conservación de las obras, se sigue explorando “alguna fórmula” ante la obligatoriedad de que la colección -denominada desde el 21 de enero Colección Gelman Santander- sea trasladada a su país de origen al menos cada dos años.
La historia Gelman
Previo a esta adquisición, el patrimonio privado -del que era albacea el curador estadounidense Robert R. Littman- ya era visto, asegura Medina, con cierta “amargura” por el ámbito artístico mexicano, debido a los hechos que precedieron la muerte del matrimonio de Jacques (1986) y Natasha Gelman (1998).
Para entender la conformación de esta colección -valuada en 300 millones de dólares hace más de dos décadas-, es necesario situarse en el México de la década de 1940, cuando el matrimonio conoció al mítico cómico Mario Moreno, ‘Cantinflas’, y fue Jacques quien, durante la Época de Oro del cine mexicano, produjo sus películas.
El curador explica que, con las ganancias “ligadas a la producción cinematográfica” y el respaldo del artista Gunther Gerzso -quien diseñó varios escenarios de las cintas de Cantinflas-, Gelman formó la colección “en tres direcciones”: arte moderno europeo, arte precolombino, así como una serie de artistas mexicanos que hoy son los grandes exponentes del siglo XX.
Al morir Gelman en 1986, la colección pasó a manos de Natasha, quien en ese periodo era asesorada por Littman y terminó por convertirse en albacea del acervo sobre el cual tomó decisiones “desafortunadas”, según Medina, como separar la parte europea -con obras de Matisse, Dalí, Braque- al entregarla al Museo Metropolitano de Nueva York (The Met).
“El público mexicano perdió la oportunidad de tener una colección muy importante de cultura moderna europea”, subrayó.
Entresijos legales
Al no ser público el testamento de Natasha Gelman ni su deseo de mantener unida la colección en México, la figura de Littman resulta clave para entender los entresijos legales de este acervo, que pasó por querellas del abogado Francisco Enrique Fuentes Olvera e incluso por el reclamo de derechos del hijo de Cantinflas, Mario Moreno Ivanova (1960–2017), aunque todas fueron desestimadas.
En este nuevo capítulo de la colección, a Medina le resulta “extraño” que Littman, como albacea, haya podido vender este bien a la familia Zambrano, originaria del norte de México, pero aseguró que mientras no “haya una investigación pública” ni una “posición oficial” por parte de las autoridades mexicanas habrá “especulaciones” sobre el caso.
Santander sostuvo que tanto el Inbal y la Secretaría de Cultura aclararon estos entresijos legales y los deseos testamentarios de Natasha Gelman, de lo contrario no hubiera aceptado el acuerdo. EFE
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