La guerra en Nagorno Karabaj, un incendio mal extinguido

6 de octubre de 2020: habitantes de Stepanakert, capital de la autoproclamada República de Nagorno Karabaj, se refugian en la cripta de la catedral para protegerse de los bombardeos. Copyright 2020 The Associated Press. All Rights Reserved

Nagorno Karabaj (o Alto Karabaj) es un enclave de mayoría armenia en territorio azerbaiyano. En 1994, después de seis años de guerra, Armenia y Azerbaiyán concluyeron un cese el fuego. Sin embargo, los recientes combates demuestran que los esfuerzos diplomáticos, incluidos los de Suiza, nunca lograron resolver realmente el conflicto.

Este contenido fue publicado el 13 octubre 2020 - 11:00

Resulta difícil establecer el número de muertos y heridos, así como el de los civiles que huyen tras los recientes combates. Pero suman cientos de personas. “Ya podemos ver el terrible impacto que esta escalación del conflicto tiene en la población civil”, declaraba el 2 de octubre Gerardo Moloeznik, jefe de la subdelegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Barda, Azerbaiyán.

Sobre todo porque los grandes movimientos de la población amenazan con hacer aumentar la propagación de la COVID-19 y además se avecina el invierno, subraya el CICR.

Los límites de la diplomacia

Los llamamientos para que cesen los combates se han multiplicado. Moscú, París, Washington y Berna, al igual que el Consejo de Seguridad de la ONU o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y su Grupo de Minsk –los primeros interesados– han conseguido frenar solo temporalmente la escalada militar.

Siempre “dispuesta a acoger reuniones al más alto nivel, Suiza ha hecho un llamamiento para que cese la violencia y ha insistido también en que las partes en conflicto tienen que respetar sus obligaciones en virtud del derecho internacional, en particular, del derecho internacional humanitario, y reanudar las negociaciones de paz sin condiciones”, ha declarado Georg Farago, portavoz del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores. Un llamamiento que han lanzado en repetidas ocasiones la OSCE y el Consejo de Europa.

“El sistema multilateral y las grandes potencias se percatan una vez más de que la diplomacia tiene sus límites”, señala Keith Krause, director del Centre on Conflict, Development and Peacebuilding del Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo (IHEID) en Ginebra.

6 de octubre de 2020: un edificio destruido por los bombardeos en un barrio residencial de Stepanakert, la capital de la autoproclamada República de Nagorno Karabaj. Nkr Infocenter Pan Photo

Un conflicto nunca resuelto

El antagonismo entre armenios y azerbaiyanos es antiguo. El fin de la Primera Guerra Mundial –marcado en la región por el genocidio armenio perpetrado por la Turquía otomana – les permitió crear en 1918 dos Estados sobre los escombros del Imperio ruso: las repúblicas de Azerbaiyán y Armenia integradas en la URSS. Las reivindicaciones territoriales de ambas partes fueron permanentemente congeladas por Moscú hasta que se reavivaron en 1988 en una Unión Soviética que se acercaba a su ocaso, con la primera fase de la guerra de Nagorno Karabaj. Esta región de mayoría armenia proclamaba su independencia en 1991. Un cese el fuego en 1994 puso fin a las operaciones militares, pero sin poder evitar enfrentamientos periódicos a lo largo de la línea de demarcación.

“En el momento del desmembramiento de la URSS, tanto Armenia como Azerbaiyán se comprometieron formalmente a respetar las fronteras existentes”, explica Marcelo Kohen, profesor de Derecho Internacional en el IHEID. Nagorno Karabaj era una región autónoma dentro de Azerbaiyán. Y ningún miembro de Naciones Unidas reconoce su independencia”.

Este conflicto no es el único que sacude a las antiguas repúblicas soviéticas: “Abjasia y Osetia del Sur han proclamado su independencia de Georgia; Transnistria, de la República de Moldavia; Crimea fue separada de Ucrania y Donetsk y Luhansk proclamaron su independencia de Ucrania”, recuerda Marcelo Kohen.

“En ninguna de estas situaciones se les ha reconocido a las minorías nacionales que existen dentro de los Estados interesados el principio del derecho  a la autodeterminación. Pero estos Estados tienen la obligación de respetar los derechos de las minorías”. Y esto está lejos de ser la norma. De ahí el surgimiento de una serie de conflictos que ofrecen a algunas potencias la oportunidad de inmiscuirse.

Las potencias regionales complican el juego

Las injerencias de Estados Unidos y la Unión Europea ha sido ampliamente denunciadas, pero Washington y Bruselas no son los únicos que practican una política de doble rasero: “Turquía apoya la integridad territorial de Azerbaiyán, pero viola este mismo principio apoyando la así llamada República turca de Chipre del Norte. Algunos dirigentes políticos occidentales proclaman alto y claro que se respete la integridad territorial de Ucrania, pero la ignoraron en Kosovo, enclave en Serbia. Por el contrario, Rusia lo ha defendido para Serbia, pero lo ignora para Ucrania”, señala Marcelo Kohen.

La entrada en escena de Turquía y su diplomacia cada vez más contundente confirma una tendencia durable de una época definida como multipolar, según Keith Krause: “Las potencias regionales tienen más margen de maniobra que en el pasado para inmiscuirse en conflictos y aumentar su esfera de influencia”.

Este intervencionismo turco constituye un problema adicional para dos instituciones que trabajan en la región. “Una es la OSCE, que hasta ahora no ha conseguido que se reanuden las conversaciones. La otra es la OTAN, de la que Turquía es miembro. Con su política ofensiva, nos acercamos a un punto de ruptura en el seno de la OTAN”, vaticina Keith Krause, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el IHEID.

¿Qué salida para la diplomacia?

¿Cómo alcanzar entonces la paz en Nagorno Karabaj? Para Marcelo Kohen, la solución del conflicto pasa por la retirada de tropas y el fin de la injerencia extrajera y de las hostilidades. “Y la OSCE es el marco adecuado para llevar las negociaciones a buen puerto, como en el pasado”, puntualiza, destacando la importancia para las partes de respetar el derecho internacional humanitario, la integridad territorial de los Estados, sin olvidar la concesión, con garantía internacional, de un régimen de amplia autonomía a Nagorno Karabaj. Esta no es una condición menor en un conflicto de tantas atrocidades por ambas partes.

El 4 de octubre en Stepanakert: un herido recibe los primeros auxilios tras un bombardeo. Keystone / Aram Kirakosyan / Pan Photo

Suiza, por su parte, recuerda la existencia de los Protocolos de Zúrich, acuerdo que firmaron Ankara y Ereván en 2009 para restablecer las relaciones diplomáticas entre Turquía y Armenia y reabrir la frontera común. “Hoy en día, los protocolos de Zúrich son los únicos documentos que contienen propuestas concretas para la normalización de las relaciones entre Armenia y Turquía y que han firmado representantes de los gobiernos armenio y turco. Sin embargo, los Parlamentos de Ereván y Ankara aún no los han ratificado”, señala Georg Farago, portavoz del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores.

En el terreno diplomático, el jueves pasado se sostuvo en Ginebra una primera reunión sobre Nagorno Karabaj. El jefe de la diplomacia azerbaiyana Ceyhun Bayramov expuso la posición de su país al Grupo de Minsk, que copresiden Francia, Rusia y Estados Unidos. Y el 9 de octubre, el presidente ruso Vladimir Putin invitó a los ministros de Exteriores de Armenia y Azerbaiyán a reunirse en Moscú para intentar entablar un diálogo sobre la región secesionista. Ereván ha anunciado que está dispuesta a reanudar el proceso de paz.

Traducción del francés: Belén Couceiro

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