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La reacción al acuerdo con Irán, Alan Greenspan y un estanque reflectante de aguas turbias

repaso de prensa
Keystone y SWI swissinfo.ch

Bienvenidas y bienvenidos a nuestro repaso de la prensa sobre la actualidad de Estados Unidos. Cada miércoles analizamos cómo los medios suizos han informado y reaccionado ante tres temas destacados de la semana en Estados Unidos, en los ámbitos de la política, las finanzas y la ciencia.

A solo diez días de que Estados Unidos celebre su 250.º aniversario, queda mucho tiempo en términos políticos, especialmente cuando Donald Trump está de por medio. Pero ¿será suficiente para limpiar el estanque reflectante más controvertido del mundo?

El presidente de EE. UU., Donald Trump (izquierda), y el presidente francés, Emmanuel Macron, en el Palacio de Versalles, donde Trump firmó un memorándum de entendimiento con Irán, el 17 de junio.
El presidente de EE. UU., Donald Trump (izquierda), y el presidente francés, Emmanuel Macron, en el Palacio de Versalles, donde Trump firmó un memorándum de entendimiento con Irán, el 17 de junio. Keystone

La semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, firmaron un acuerdo destinado a poner fin a la guerra. Los periódicos suizos lo interpretan como una derrota para Trump.

«La guerra contra Irán ha terminado en un fracaso para Estados Unidos», escribió el sábado el diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ). «Ya no hay forma de maquillar la situación: Israel y Estados Unidos han incumplido todos sus objetivos con su campaña aérea contra Irán. Su posición en Oriente Próximo se ha debilitado, mientras que el impopular régimen iraní se siente reforzado».

La radiotelevisión pública suiza SRF explicó que el memorando de entendimiento se centra en el cese inmediato de las hostilidades, la libre circulación por el estrecho de Ormuz, el programa nuclear iraní y el levantamiento de las sanciones.

«Por lo tanto, en cuanto al contenido, no hay sorpresas», escribió SRF. «Sin embargo, existen numerosos problemas, porque el documento enumera cuestiones clave que siguen sin resolverse: por ejemplo, si el paso por el estrecho de Ormuz volverá a ser gratuito en el futuro, de acuerdo con el derecho internacional. Los iraníes responden con un rotundo “no”, mientras que Estados Unidos sostiene un claro “sí”. No se ha aclarado absolutamente nada sobre el programa nuclear iraní. Tampoco está claro cómo ni cuándo se transferirán a Irán los 300.000 millones de dólares (245.000 millones de francos suizos), ni quién asumirá ese coste».

SRF añadía: «Por mucho que Donald Trump proclame que el acuerdo es brillante, que Estados Unidos ha impuesto sus condiciones y que el problema iraní está esencialmente resuelto, no es cierto. El acuerdo marco, en el que todavía deben negociarse muchos puntos fundamentales, está claramente inclinado a favor de Irán. En esencia, Estados Unidos e Israel han conseguido muy poco con esta guerra».

Un artículo de opinión publicado en el Tages-Anzeiger tampoco escatimó críticas. «Lo que Trump firmó esta semana en el Palacio de Versalles es uno de los actos de capitulación más vergonzosos que Estados Unidos haya suscrito jamás», escribió Markus Somm, director de la revista satírica suiza Nebelspalter. «Donald Trump está decidido a pasar a la historia. Probablemente lo conseguirá. Pero, si no tiene cuidado, pasará a los libros de historia como el presidente más débil desde 1776».

Alan Greenspan en la reunión del G7 de ministros de Economía y gobernadores de bancos centrales celebrada en Londres en 2005.
Alan Greenspan en la reunión del G7 de ministros de Economía y gobernadores de bancos centrales celebrada en Londres en 2005. Keystone

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006, falleció el lunes a los 100 años. Los medios suizos reconocieron que supervisó una década ininterrumpida de crecimiento económico entre 1991 y 2001, pero coincidieron en que su reputación quedó empañada por la crisis financiera de 2008.

«Es difícil reducir la vida de Greenspan a un único tema central», admitió el diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ). «Creció en un pequeño apartamento del norte de Manhattan junto a su madre y sus abuelos. Clarinetista con gran talento, estudió durante un breve periodo en el prestigioso conservatorio Juilliard de Nueva York, pero abandonó los estudios y pasó varios años ganándose la vida con su banda de jazz. Solo más tarde este hombre excepcionalmente dotado para los números se formó como economista».

Greenspan, el segundo presidente de la Reserva Federal con más años en el cargo después de William McChesney Martin, fue nombrado por primera vez por el presidente Ronald Reagan en 1987 y posteriormente renovado por George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush.

La revista judía suiza Tachles señaló que, al frente de la Reserva Federal, Greenspan «favoreció un largo periodo de prosperidad, gestionó crisis históricas como las consecuencias económicas de los atentados del 11 de septiembre y configuró una política económica favorable a los mercados».

«Durante su largo mandato al frente del banco central más influyente del mundo, disfrutó de un prestigio tan elevado que, cuando dejó el cargo en 2006, fue ampliamente celebrado como un “oráculo” y un “maestro”», añadió el Tages-Anzeiger.

«Sin embargo, su reputación sufrió enormemente cuando el mercado inmobiliario estadounidense se desplomó poco después del final de su mandato, desencadenando una crisis financiera mundial», escribió el diario de Zúrich. «En aquel momento, el sistema bancario estadounidense estuvo cerca del colapso y la economía cayó en la peor recesión desde la década de 1930. Sus críticos atribuyeron la crisis principalmente a la política monetaria expansiva de Greenspan y a su excesiva confianza en unos mercados financieros sometidos a una regulación insuficiente».

Según el Tages-Anzeiger, Greenspan reconoció posteriormente que se había equivocado al asumir que los bancos del país —cuya estabilidad sustentaba tanto el sistema financiero como la economía en su conjunto— podían autorregularse en gran medida.

The Tribune de Genève also said the legacy of the “enigmatic financial genius” was marked by the subprime mortgage crisis.

Miembros del Servicio de Parques Nacionales limpian las algas del estanque reflectante del Monumento a Lincoln el 18 de junio.
Miembros del Servicio de Parques Nacionales limpian las algas del estanque reflectante del Monumento a Lincoln el 18 de junio. Copyright 2026 The Associated Press. All Rights Reserved.

Es poco habitual que prácticamente todos los periódicos suizos se hagan eco de una historia sobre algas, pero esta semana el «desastre», la «debacle» y el «ridículo» provocados por el color del estanque reflectante del Monumento a Lincoln, en Washington D. C., han estado en todas partes.

«Donald Trump tenía un sueño», explicaba el martes el diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ), evocando las célebres palabras de Martin Luther King Jr. «Quería un “Reflecting Pool” que hiciera honor a su nombre. El estanque del National Mall, en Washington, debía lucir tan azul como el azul de la bandera estadounidense con motivo de la próxima fiesta nacional, el 4 de julio».

El estanque, de 619 metros de largo y 51 metros de ancho, situado entre el Monumento a Lincoln y el Obelisco de Washington, es motivo de orgullo para la ciudadanía estadounidense y un lugar emblemático para las fotografías de turistas, continuaba el NZZ. «Sin embargo, por impresionante que sea el conjunto, los problemas de ingeniería surgieron desde el principio, con fugas en las tuberías y proliferación de algas. Esto se debe a que el estanque fue construido sobre antiguos terrenos pantanosos, cuya inestabilidad provocó importantes filtraciones en el hormigón y en las conducciones. Además, en las aguas poco profundas del estanque, las algas se multiplicaron sin control».

Trump intentó que el estanque adquiriera un tono «azul bandera estadounidense» antes del 250.º aniversario de la Declaración de Independencia, para lo cual se pintó el fondo con un color azul marino oscuro denominado oficialmente «Old Glory Blue». A comienzos de junio, el estanque fue vaciado, pintado y rellenado de nuevo por un coste de 14 millones de dólares (11,4 millones de francos suizos), pero poco después las algas tiñeron el agua de un verde turbio y la pintura comenzó a desprenderse.

«En los días siguientes, el personal del Servicio de Parques Nacionales vertió grandes cantidades de peróxido de hidrógeno para intentar frenar la propagación. Pero nada funcionó», informó el martes el diario Le Temps. «Las imágenes del lugar en un estado lamentable circularon por todo Estados Unidos. Trump pasó entonces al ataque: en una serie de mensajes publicados entre el sábado y el lunes, el ocupante del Despacho Oval acusó a unos “vándalos” de haber vertido “productos químicos corrosivos y destructivos” en el estanque. Después afirmó que la proliferación de algas era obra de “lunáticos radicales de izquierda, probablemente Dumócratas, que han dedicado su vida a intentar arruinar nuestro país”».

Por su parte, la comunidad científica ha señalado el llamado efecto albedo: cuanto más oscuro es el color, más se calienta el agua y mayor es el crecimiento de las algas. «Las esporas de algas presentes en las tuberías también podrían ser responsables», apuntó el NZZ. «Estas llegaron al estanque renovado con el agua fresca y se propagaron de forma explosiva. Además, existe el llamado “síndrome del estanque nuevo”: en un estanque limpiado meticulosamente, el equilibrio ecológico entre microorganismos se altera, permitiendo que un único organismo prospere sin control».

Según el NZZ, Trump anunció que el Reflecting Pool —actualmente protegido por la Guardia Nacional— tendría que volver a vaciarse para reparar los daños. «Quizá el presidente aún consiga presentar al mundo un estanque azul el 4 de julio», concluía el periódico. «Pero en la imaginación colectiva, la renovación del Reflecting Pool probablemente será recordada como un tóxico desastre verde».

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Traducido por José Kress

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