¿Hasta qué punto depende Suiza de los combustibles fósiles?
La crisis energética provocada por el conflicto en Oriente Medio ha vuelto a poner el foco sobre una realidad a menudo pasada por alto: pese a sus avances en energías limpias, Suiza sigue dependiendo en gran medida del petróleo y del gas natural. ¿Hasta qué punto? Estas son las claves para entender la relación de la Confederación con los combustibles fósiles.
El conflicto en Oriente Medio ha provocado «la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo», según la Agencia Internacional de la EnergíaEnlace externo. Por el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico, transita alrededor del 20 % del comercio mundial de crudo. Su bloqueo ha tenido repercusiones en todo el mundo: ha disparado los precios de la energía, frenado el crecimiento económico y agravado las tensiones geopolíticas.
La guerra en Irán demuestra claramente que la dependencia de los combustibles fósiles es perjudicial, ya que las infraestructuras energéticas centralizadas son vulnerables, sostieneEnlace externo un grupo de organizaciones suizas de defensa del clima y el medio ambiente, entre ellas la Fundación Suiza de la Energía (SES). A finales de abril, estas ONG instaron a la Confederación a reducir cuanto antes su dependencia del petróleo y el gas natural.
Aunque suele considerarse un ejemplo de producción eléctrica con bajas emisiones de CO₂, Suiza sigue estrechamente vinculada a las fuentes fósiles. Cada año, el país gasta miles de millones de francos en importar petróleo y gas del extranjero. Sin estos hidrocarburos, Suiza no podría funcionar como lo hace hoy.
¿Qué parte de la energía consumida en Suiza procede de combustibles fósiles?
Suiza genera casi toda su electricidad a partir de fuentes renovables —agua, sol y viento— y de la energía nuclear. Los combustibles fósiles, cuya combustión libera gases de efecto invernadero a la atmósfera y alimenta la crisis climática, apenas contribuyen a la producción de electricidad en la Confederación (2,3 % en 2025Enlace externo). Se trata de una de las proporciones más bajas de Europa y del mundo.
Sin embargo, si se tiene en cuenta el conjunto de la energía utilizada en el país, la realidad es diferente. El 58 %Enlace externo de la energía final consumida en Suiza procede de fuentes fósiles (datos de 2024). Entre ellas figuran los derivados del petróleo, como la gasolina, el fuel para calefacción y el combustible de aviación (45,7 %), además del gas natural (12,3 %).
«Suiza dispone de un sistema eléctrico relativamente poco dependiente de los combustibles fósiles, pero su consumo energético final sigue dependiendo en gran medida de los hidrocarburos importados», explica Stéphane Genoud, profesor de gestión energética en la Escuela Superior Especializada del Valais (HES-SO).
Los productos derivados del petróleo son esenciales para el transporte, la calefacción de los edificios y los procesos industriales. El gas se utiliza principalmente para cocinar y calentar las viviendas.
Más de nueve de cada diez automóviles que circulan en Suiza cuentan con motores de gasolina o diéselEnlace externo. La dependencia de las energías fósiles también es mayoritaria en el sector inmobiliarioEnlace externo: seis de cada diez edificios residenciales se calientan mediante calderas de gasóleo o gas.
En comparación con otros países industrializados, Suiza depende menos de las energías fósiles, que cubren entre el 65 % y el 85 % del consumo final en esas economías. Sin embargo, con una cuota ligeramente inferior al 60 %, la Confederación sigue lejos de los modelos más avanzados de descarbonización, como los países nórdicos.
¿De dónde proceden los combustibles fósiles que consume Suiza?
Suiza importa la totalidad de los combustibles fósiles que consume. En 2025 compró petróleo crudo principalmente a Estados Unidos —que, tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, se convirtió en el primer exportador mundial— y a Nigeria.
También importa gasolina, diésel y otros productos refinadosEnlace externo sobre todo desde los países de la Unión Europea, que a su vez se abastecen de Estados Unidos, Noruega y Arabia Saudí.
El gas natural llega igualmente a Suiza a través de la UE. En 2025, Europa importó tres cuartas partes de su gas natural en estado gaseoso desde Noruega y Argelia. El gas natural licuado (GNL), por su parte, se adquirió mayoritariamente en Estados Unidos.
>> Para tener una visión general del abastecimiento de combustibles fósiles en Suiza, mire el siguiente vídeo:
¿Hasta qué punto son fiables los países que suministran combustibles fósiles a Suiza?
La seguridad energética de Suiza se sitúa actualmente «por encima de la media» y el suministro a largo plazo de petróleo y gas está «garantizado» en las condiciones actuales, afirma a Swissinfo Khaldoun Dia Eddine, analista geopolítico y económico de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW).
En lo que respecta al petróleo, Suiza parte de una situación relativamente cómoda, según Dia Eddine. Los proveedores están geográficamente diversificados, son fiables y sus instalaciones no se ven afectadas directamente por los conflictos geopolíticos en curso.
La situación es más delicada en el caso del gas natural. Suiza carece de grandes instalaciones de almacenamiento y depende de las importaciones que llegan a través de los países vecinos. Eso no supone un riesgo inmediato de escasez, pero sí implica una dependencia política que podría pasar factura en situaciones extremas, explica el analista.
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Suiza tiene garantizado el suministro de petróleo y gas, pese al conflicto en Oriente Medio
Por su parte, Stéphane Genoud considera «problemática» la actual dependencia suiza de Estados Unidos. La Confederación, señala, está expuesta a un mercado mundial altamente volátil, cuyos precios dependen cada vez más de los costes del GNL —procedente sobre todo de Estados Unidos— y de la competencia con Asia.
Suiza no dispone de terminales de GNL y depende de las capacidades de regasificación y transporte de los países vecinos. «Eso la sitúa en una posición subordinada en caso de tensiones o de prioridades nacionales», afirma.
Genoud añade que cualquier perturbación en la oferta estadounidense —ya sea por decisiones políticas o por fenómenos climáticos extremos— repercute rápidamente en el mercado europeo. A ello se suman costes estructuralmente más elevados y una mayor huella climática del GNL estadounidense en comparación con el gas transportado por gasoducto.
¿Cuánto gasta Suiza en combustibles fósiles?
Entre 2015 y 2024, Suiza destinó entre 5.170 millones de francos (en 2016) y 11.160 millones (en 2022) al año a la importación de energías fósiles y combustible nuclear, según la SESEnlace externo (Fundación Suiza de la Energía), basándose en estadísticas de la Administración federal. La factura récord de 2022 se debió a la guerra en Ucrania y al consiguiente encarecimiento del gas natural.
En 2024, Suiza pagó 6.170 millones de francos por el petróleo y sus derivados, 1.940 millones por el gas, 119 millones por combustible nuclear y 16 millones por carbón.
El bloqueo del transporte de combustibles fósiles en el golfo Pérsico tendrá un impacto sobre los costes energéticos del país. Según una estimación de Cyril Brunner, investigador del Instituto Tecnológico Federal de Zúrich (ETH), el sobrecoste podría alcanzar casi 5.000 millones de francos al año.
¿Por qué resulta tan difícil para Suiza reducir el uso de petróleo y gas pese a su objetivo de emisiones netas cero?
Como muchos otros países, Suiza pretende alcanzar la neutralidad climática en 2050. El objetivo intermedio contempla una reducción del 50 % de las emisiones para 2030 respecto a los niveles de 1990. Sin embargo, tal y como han reconocido altos cargosEnlace externo de la administración suiza, ese objetivo será imposible de alcanzar.
Stéphane Genoud identifica dos factores principales que frenan la transición. El primero es que, durante años, los precios del petróleo han sido demasiado bajos para que sus subidas tuvieran un impacto significativo en las finanzas de los hogares suizos.
«Se suele decir que un barril por debajo de los 100 dólares es demasiado barato para provocar un verdadero cambio en los comportamientos energéticos», afirma.
El segundo factor es la elevada densidad energética del petróleo, es decir, la enorme cantidad de energía que contiene por unidad de masa o volumen, lo que dificulta encontrar alternativas creíbles para determinados usos. Es el caso, por ejemplo, del transporte pesado por carretera.
«Por eso, para facilitar la transición energética hacen falta precios elevados y/o ayudas financieras», sostiene Genoud.
El profesor de la HES-SO recuerda que apoyar la transición hacia las energías renovables no solo reduce la dependencia de los combustibles fósiles. También mejora la balanza comercial suiza.
«Los productos fósiles proceden íntegramente del extranjero, mientras que las energías renovables son de origen nacional», subraya. «Debemos aumentar rápidamente nuestra producción de electricidad».
Anthony Patt, profesor de política climática en el ETH, critica al actual Gobierno federal por sus decisiones en materia de renovables.
«No ha dado prioridad al cambio hacia la movilidad eléctrica ni ha abordado el principal obstáculo para la compra de vehículos eléctricos: la falta de infraestructuras de recarga en los lugares de residencia», afirma a Swissinfo.
Según Patt, ocurre algo parecido con los sistemas de calefacción. En este ámbito, Suiza está obteniendo resultados relativamente positivos, sobre todo gracias al Programa de Edificios, que facilita las inversiones en bombas de calor por parte de los propietarios.
«Sin embargo, el Consejo Federal (Gobierno) ha intentado en varias ocasiones reducir su financiación, una decisión que corre el riesgo de ralentizar los avances», señala.
¿Tendrá el conflicto en Oriente Medio consecuencias sobre la dependencia suiza de los combustibles fósiles?
El suministro de combustibles fósiles sigue llegando con normalidad a Suiza, ya que, como se ha señalado, el abastecimiento del país no depende directamente de la región del golfo Pérsico. Sin embargo, debido al aumento de los precios en los mercados internacionales, tanto la gasolina como el fuel para calefacción se han encarecido también en el país alpino.
Marcel Hänggi, experto en energía y clima de la SES (Fundación Suiza de la Energía), espera que la situación actual contribuya a concienciar tanto a las autoridades como a los consumidores sobre la necesidad de abandonar las energías fósiles.
Un primer aspecto positivo es que «Suiza no ha cedido a la tentación de adoptar medidas que reforzarían aún más esta dependencia», afirma Hänggi, en referencia a las rebajas fiscales sobre los carburantesEnlace externo aprobadas por Italia, Alemania y otros países europeos.
Stéphane Genoud observa asimismo una creciente concienciación sobre la urgencia de acelerar la transición energética.
«La dependencia de Suiza de los combustibles fósiles debería disminuir a medio plazo», subraya.
Ante la escalada de los precios de los hidrocarburos vinculada a la guerra en Oriente Medio, varios países europeos han anunciado medidas para reducir su dependencia de las fuentes fósiles. A finales de abril, Francia se convirtió en el primer país industrializado en presentar una hoja de ruta nacionalEnlace externo para abandonar el petróleo y otras energías fósiles. El Reino Unido, por su parte, pretende acelerar el despliegue de las energías renovables y extenderlas masivamente en terrenos públicos.
En Suiza, el Partido Ecologista reclama una hoja de ruta nacional para una salida rápida y sistemática de los combustibles fósiles.
«Las oportunidades para que Suiza reduzca y llegue a eliminar por completo su dependencia de los combustibles fósiles son numerosas», afirma Anthony Patt. «Pero para que eso ocurra es imprescindible contar con un apoyo político adecuado».
Editado por Veronica De Vore. Texto y gráficos adaptados del italiano por Carla Wolff. Vídeo por Patricia Islas.
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