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Las deserciones de las FAR que empiezan a abrir una fractura en la guerra en Sudán

Al Nur al Zaki

Jartum, 16 may (EFE).- Las rivalidades tribales y disputas internas por el reparto de poder están detrás de las recientes deserciones de comandantes del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), el inicio de lo que podría ser una fractura en un campo de batalla que sigue estancado tras tres años de guerra y cientos de miles de muertos.

El último episodio ha sido el comandante Ali Rizqalá, conocido como Al Savanah, que anunció esta semana su deserción de las FAR a través de una grabación en la que culpó de su decisión al subcomandante Abdulrahim Hamdan Dagalo, hermano del líder paramilitar Mohamed Hamdan Dagalo, alias Hemedti, enfrentado al Ejército de Sudán desde abril de 2023, cuando comenzó una de las peores guerras de la historia del país africano.

El desertor, que lideraba una unidad de combate de las FAR, aseguró que abandonaba el grupo «sin alinearse con ninguna de las partes», y afirmó que su decisión responde al «deseo de respaldar la voluntad del pueblo y buscar caminos hacia la paz y la estabilidad» tras acusar al hermano de Hemedti de «concentrar en sus manos» el control de las armas, la financiación, los suministros médicos y el pago de salarios a los miembros del grupo paramilitar.

¿Una crisis dentro de las FAR?

Este fenómeno no es nuevo, dado que desde el inicio del conflicto, varios comandantes han cambiado de bando, ya que el propio presidente del Consejo Soberano y jefe del Ejército sudanés, Abdelfatah al Burhan, ha reiterado en distintas ocasiones que las puertas siguen abiertas para los integrantes de las FAR que decidan deponer las armas.

Fuentes sobre el terreno consultadas por EFE indicaron que en los últimos días varios grupos de combatientes de las FAR se rindieron en el frente de la región central de Kordofán -activo desde el año pasado- incluidos seis comandantes de unidades de combate.

Los informantes, que pidieron el anonimato por la sensibilidad de este tema, aseguraron que otros mandos estarían negociando garantías antes de abandonar las filas de los insurgentes.

Por su parte, las FAR han negado sistemáticamente las deserciones, especialmente los de alto rango, al calificarlas de «propaganda enemiga».

Al Basha Tabiq, asesor político de las FAR, minimizó en un comunicado el impacto de las deserciones que han sido públicas, y los acusó de «vender sus posturas a cambio de falsas promesas» y de ignorar los sacrificios de heridos y prisioneros, abandonando las filas por «una vida de humillación y derrota».

«Las revoluciones de liberación atraviesan etapas en las que algunos abandonan el camino mientras otros continúan», aseveró.

Ante esto, el experto de seguridad Ibrahim Abdelqader afirmó a EFE que estas deserciones reflejan «una crisis profunda» dentro de las FAR, relacionada con las «tensiones étnicas, lealtades tribales y disputas internas por el reparto de poder», conflictos que -según explicó- llevaban «tiempo subyacente» dentro del grupo y «ahora han salido a la superficie».

Añadió, en su opinión, que la rivalidad entre distintos grupos tribales «debilita el concepto de mando centralizado y afecta directamente la moral de los combatientes, acelerando el desgaste interno de la organización».

Un escenario aún más complejo

Antes de la guerra, el Ejército sudanés y las FAR mantenían estrechos vínculos y combatían juntos contra grupos rebeldes en Darfur, Kordofán y el Nilo Azul, además de participar en la guerra en el Yemen dentro de la coalición liderada por Arabia Saudí.

Las FAR, surgidas de la milicia ‘Yanyauid’ y formadas principalmente por tribus árabes del oeste de Sudán, fueron reconocidas en 2013 como parte de las Fuerzas Armadas, aunque conservaron una amplia autonomía.

El exdictador Omar al Bashir las utilizó y potenció como contrapeso frente a las Fuerzas Armadas, pero durante las protestas de 2018-2019 estas terminaron respaldando a los generales que lo derrocaron.

Actualmente, las FAR controlan prácticamente toda la región de Darfur y amplias zonas de Kordofán y el Nilo Azul, además de contar con drones de largo alcance capaces de atacar hasta la capital, Jartum.

En Darfur, bastión de Hemedti, el grupo cuenta con el apoyo de importantes tribus árabes que lo consideran un defensor de su causa frente a las élites gobernantes de Jartum.

En declaraciones a EFE, el experto militar Musa Saleh explicó que el hecho de que estas deserciones prosigan podría «alterar el equilibrio militar en Sudán, ya que los combatientes que se integran al Ejército aportan experiencia de combate e información de inteligencia estratégica».

Advirtió que algunos desertores podrían optar por «crear nuevas facciones armadas independientes en busca de influencia política y militar», lo que añadiría «nuevos elementos de complejidad al ya fragmentado escenario sudanés», zanjó.EFE

az-sr-ijm/amr/rml

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