Debate en Suiza por su papel como potencia protectora en Irán
Suiza representa los intereses de Estados Unidos en Irán, un papel histórico que ahora está siendo cuestionado por la creciente tensión en Oriente Medio.
Décadas de hostilidad entre Irán y Estados Unidos han desembocado en un conflicto abierto. Para Suiza, la situación tiene un peso particular: desde 1980 actúa como potencia protectora de Washington en Teherán.
«Lo fundamental es que este canal de comunicación entre Washington y Teherán se mantenga abierto», afirma Monika Schmutz Kirgöz, jefa de la División de Oriente Medio y Norte de África del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores.
El canal de potencia protectora sigue activo
Suiza representa los intereses de Estados Unidos en Irán desde 1980, como parte de un mandato de potencia protectora. Este mandato se remonta a la crisis de los rehenes de 1979: tras proclamarse la República Islámica en Irán, estudiantes ocuparon la embajada estadounidense en Teherán y tomaron al personal como rehén. Estados Unidos rompió entonces todas las relaciones diplomáticas con Irán.
Al año siguiente, Suiza se ofreció a representar los intereses de Estados Unidos en Irán. Desde 1980, ha actuado así como un «mensajero» entre Washington y Teherán, asumiendo tareas diplomáticas y consulares. El «canal» correspondiente, que representa los intereses estadounidenses, sigue activo, según el Ministerio. Está disponible para ambas partes y en ambos sentidos.
Los mandatos de potencia protectora forman parte de la tradición de la política exterior y de paz de Suiza. Permiten mantener un nivel mínimo de contacto entre Estados que han roto vínculos diplomáticos o consulares. Sin embargo, la función de Suiza en Irán está cada vez más cuestionada.
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Mandato de potencia protectora, ¿necesario?
El parlamentario Gerhard Pfister, del partido político del Centro y miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores, sostiene que el mandato ha perdido su utilidad. «Durante años he creído que estos llamados ‘buenos oficios’, que Suiza reclama para sí misma, son en realidad un muy mal servicio para el pueblo iraní», afirma. Con el estallido de la guerra, añade, el mandato se ha vuelto supérfluo.
La experta en política exterior Franziska Roth, senadora del Partido Socialista, comparte la misma opinión. «El Consejo Federal [Gobierno] debería renunciar al mandato de potencia protectora. Ha sido la principal razón por la que Suiza ha suavizado su postura frente al brutal régimen de los mulás», sostiene.
Roth argumenta que, por esta razón, Suiza se abstuvo de adoptar ciertas sanciones de la Unión Europea. «La política de apaciguamiento que hemos seguido hasta ahora no consigue nada», afirma.
Posturas encontradas dentro del Partido del Centro
Otra compañera de Gerhard Pfister del Partido del Centro, Elisabeth Schneider‑Schneiter, discrepa. «Suiza debería ahora cumplir su papel especial y contribuir a la desescalada como potencia protectora», afirma la parlamentaria suiza.
En su opinión, el Consejo Federal debería ofrecer a la Ginebra internacional como sede para negociaciones entre las partes en conflicto.
De hecho, Estados Unidos e Irán habían mantenido hasta hace poco conversaciones indirectas en Ginebra, aunque sin resultados, como demostró el estallido de la guerra el sábado. «Ciertamente no podemos rendirnos ahora», añade Schneider‑Schneiter.
>>Cyrus Schayegh, profesor de historia internacional en el Graduate Institute de Ginebra, afirmó en una entrevista con Swissinfo que el mandato de Suiza en Irán había perdido gran parte de su influencia:
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Esperar a que las cosas se «enfríen»
El parlamentario de la Unión Democrática Suiza (derecha conservadora), Roland Rino Büchel, aboga por la paciencia. «No tenemos un papel importante ahora. Cuando las cosas se calmen de nuevo, cuando el conflicto esté llegando a su fin, entonces podremos ser una vía de mediación otra vez», afirma.
Büchel considera que el mandato a menudo se sobrevalora. En la práctica, dice, se trata principalmente de ofrecer servicios consulares, como la expedición de visados. «No es un papel diplomático de gran relevancia el que hemos estado desempeñando allí durante décadas», asegura.
Cerrar los canales de comunicación —como han pedido algunos políticos— sería «malo e inútil», añade Büchel.
Texto adaptado del inglés por Carla Wolff.
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