El legado africano en Suiza: ¿cuál debería ser la misión de los museos?
La restitución requiere tiempo y representa, especialmente para los museos, una gran oportunidad. Puede desempeñar un papel central en las relaciones con los socios africanos, sostiene Samuel Bachmann.
Durante la colonización de África, cientos de miles de objetos cotidianos, obras de arte y documentos, minerales y rocas, plantas y organismos, así como pieles, esqueletos de animales e incluso restos humanos, fueron apropiados y trasladados a Europa.
A menudo, estas prácticas se justificaron bajo el argumento de una supuesta necesidad científica. Una vez en Europa, los objetos fueron numerados y catalogados como «piezas» dentro de los museos. Solo las seis mayores colecciones etnográficas de Suiza poseen hoy más de 100.000 bienes culturales africanos.
No todos esos objetos proceden estrictamente de un contexto colonial. Sin embargo, las historias de su origen constituyen una inmensa fuente documental para investigar la participación de Suiza en la colonización del continente africano.
Aunque Suiza nunca tuvo colonias oficiales, sus museos conservan objetos que permiten rastrear su implicación en el sistema colonial. Por eso se han convertido en una fuente clave para comprender la historia de las conexiones globales del país.
¿Cuál es la posición de los museos al respecto?
En los últimos años, algunos museos suizos han empezado a actuar y han dado señales de querer asumir la responsabilidad sobre el legado colonial que custodian. Precisamente desde estas instituciones se han llevado a cabo numerosas iniciativas que merecen reconocimiento y que han contribuido a abrir un debate público, largamente postergado, sobre la historia colonial de Suiza.
El caso más reciente fue el del Museo Nacional de ZúrichEnlace externo, que en 2024 abordó el pasado colonial del país a través de la exposición «Colonial. Las conexiones globales de Suiza».
Más allá de las exposiciones, uno de los instrumentos clave para afrontar el legado colonial es la investigación de procedencia, es decir, el estudio de la historia de propiedad y adquisición de las piezas de una colección. Sin embargo, la realidad de los archivos de museos resulta frustrante: las colecciones procedentes de contextos coloniales apenas contienen información precisa sobre el origen de los objetos.
En la mayoría de los casos, los museos saben quién entregó qué, cuándo y de qué manera. Lo que casi nunca está documentado es la cuestión esencial: cómo y en qué circunstancias se produjo la apropiación sobre el terreno. Incluso después de investigaciones exhaustivas, rara vez es posible reconstruir una cadena completa de propiedad y transmisión de un objeto colonial.
Por un lado, los actores africanos fueron sistemáticamente invisibilizados en los registros. Por otro, los coleccionistas apenas dejaron constancia escrita de las circunstancias de adquisición: situaciones que, en el mejor de los casos, fueron oportunistas y ambiguas, y en el peor, directamente violentas.
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Además, muchos de estos proyectos promovidos por los museos tienden a caer en una cierta mirada autorreferencial. La comunicación de los resultados parece responder, ante todo, a una obligación de rendir cuentas ante el público del museo, los financiadores o la política local.
Las investigaciones que puedan poner en aprietos a la propia institución apenas tienen recorrido. En cambio, una estrategia presentada como especialmente crítica y reflexiva puede acabar reforzando la imagen pública del museo.
Dicho de otro modo, los museos hacen mucho… siempre que también redunde en su propio interés. Y no hay nada necesariamente reprochable en ello. Conservar, investigar y divulgar sus colecciones forma parte de su misión esencial. Sin redefinir ese mandato, difícilmente puede esperarse que empiecen a considerar a la sociedad africana como uno de sus públicos prioritarios.
En esa lógica autorreferencial de revisión del pasado colonial suele pasarse por alto algo evidente: que estas colecciones constituyen un patrimonio cultural ausente en los lugares de donde fueron tomadas. Un objeto que en un museo suizo sirve para documentar una historia colonial es, al mismo tiempo, una pieza del patrimonio que falta en otro lugar.
¿Qué hace Suiza?
A diferencia de los museos, las instituciones suizas apenas consideran necesario intervenir. Aun así, durante el discurso inaugural de la exposición sobre colonialismo del Museo Nacional, la consejera federal Elisabeth Baume-Schneider reconoció que el país había tomado conciencia, por fin, del grado de implicación de Suiza en el sistema colonial.
Subrayó que el país había estado involucrado «un poco en todas partes» y que, sumadas, esas pequeñas implicaciones terminaban por ser mucho. Sin embargo, añadió que la responsabilidad respecto al legado colonial corresponde a todos y cada uno de los ciudadanos. No al Estado, sino «un poco a todos». Con ello, trasladó el testigo y evitó situar la responsabilidad en las instituciones oficiales del país.
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África, en el centro del juego geopolítico
Un rayo de esperanza es la reciente creación de una comisión independiente para el patrimonio cultural problemático. Sin embargo, desde la perspectiva de las personas que reclaman colecciones coloniales, particularmente de África, tampoco ofrece una verdadera vía de actuación.
Para acudir a ella es necesario demostrar un volumen de investigaciones previas que, en el caso del patrimonio colonial, a menudo resulta imposible de reunir o exige enormes esfuerzos.
Además —y quizá este sea el obstáculo mayor— la comisión solo puede intervenir si la solicitud es presentada conjuntamente por ambas partes. Es decir, también por el museo suizo que posee el objeto en disputa.
Una herramienta estatal fundamental es el programa de financiación para investigaciones de procedencia adscrito a la Oficina Federal de Cultura, principal fuente de apoyo económico en este ámbito. En la última convocatoria, por primera vez, la mayoría de las 34 solicitudes presentadas se referían a objetos procedentes de contextos coloniales o arqueológicos, mientras que hasta ahora predominaban las peticiones relacionadas con arte expoliado por el nazismo.
El cantón de Basilea-Ciudad fue el primero en incorporar la investigación de procedencia a su legislación en 2023 y aprobó una partida de cuatro millones de francos para un periodo de cuatro años. Pero estos ejemplos siguen siendo medidas temporales basadas en proyectos. El cambio estructural continúa aplazándose.
Prácticamente ningún museo suizo dispone de un presupuesto permanente destinado a la investigación sobre procedencia colonial, y ninguna de las estrategias actuales permite una planificación a largo plazo.
Da la sensación de que, tanto en el ámbito político como, en ocasiones, en los propios museos, prevalece la idea de que basta con revisar las colecciones, detectar posibles irregularidades y abordarlas mediante proyectos puntuales para después volver a la rutina institucional.
¿Y qué supone todo eso para África?
Sin embargo, este problema no puede resolverse como si fuera una lista de tareas pendientes. Si realmente se quiere asumir la responsabilidad respecto a los cientos de miles de objetos extraeuropeos conservados en los museos suizos, no bastará con investigar si tienen un origen colonial.
Porque detrás de cada historia sobre el origen de estas piezas hay personas. Personas privadas del acceso a su propio patrimonio cultural.
Personas que reclaman relaciones sinceras entre iguales y exigen restitución. Los socios africanos ya no seguirán aceptando la convicción profundamente colonial de que Europa es el lugar adecuado para custodiar el patrimonio cultural de toda la humanidad; y mucho menos cuando se trata de su propio legado.
La restitución es un proceso, no un acontecimiento puntual. Debe reconsiderarse y negociarse caso por caso. Requiere tiempo y, precisamente para los museos, representa una enorme oportunidad.
Porque les otorga una dimensión completamente nueva, tanto diplomática como social. Y precisamente por eso el desafío va mucho más allá de los propios museos.
Para que estas instituciones puedan enfrentarse a su —a nuestra— herencia colonial, también en nombre del conjunto de la sociedad civil, necesitan una nueva misión. Una misión que no solo cuestione sus aspiraciones interpretativas, a menudo complacientes, sino que también se atreva a plantear las preguntas fundamentales: para qué y para quién se conserva, investiga y transmite el patrimonio cultural.
Editado por Benjamin von Wyl. Adaptado del alemán por Carla Wolff.
Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las de Swissinfo.
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