Merav Michaeli, la candidata que puede salvar a la izquierda israelí de la desaparición
Tercera mujer en dirigir el Partido Laborista israelí, Merav Michaeli se ha convertido en poco tiempo en el icono del combate por la igualdad de sexos en su país y en la esperanza de renovación de la izquierda, amenazada con desaparecer.
Siempre vestida de negro, esta mujer de cabello azabache quiere ser la heredera en la izquierda del antiguo primer ministro Isaac Rabin, del que un busto de bronce preside su oficina de Tel Aviv.
Nacida en 1966 en Petah Tikva, ciudad del centro de Israel, Merav Michaeli dice que forjó sus convicciones de izquierda muy joven, en el seno de su familia «muy politizada».
Por lado materno, es la bisnieta de un diputado rumano. Su abuelo paterno fue secretario general del Mapam, un partido israelí con influencia marxista.
«He crecido en una casa donde se hablaba de igualdad y paz, no se consideraba política, era la vida», declaró a la AFP.
En 2013, cuando entró en el Parlamento israelí tras una carrera de periodista en la prensa escrita, la televisión y la radio, el Partido Laborista tenía 15 diputados de 120. Veinte años antes, tenía 44.
Hoy, la candidata pretende dar un nuevo impulso a su partido Avoda («Trabajo») que solo ocupa un puñado de escaños en la Knéset y que, según ella, «ha perdido su credibilidad y su columna vertebral» aliándose con gobiernos de derecha como el del primer ministro Benjamin Netanyahu.
Con una reputación de ser directa y franca, a principios de 2020 rechazó formar parte del gobierno de unión que formaron Netanyahu y el centrista Benny Gantz, contrariamente a su predecesor Amir Peretz que aceptó el ministerio de Economía.
Con la promesa de que nunca se sentará con Netanyahu, acusado de corrupción en una serie de casos, Merav Michaeli triunfó en las primarias de su partido en enero.
Después, los sondeos que anunciaban la desaparición de los laboristas, le auguran ahora cinco o seis escaños en las legislativas del 23 de marzo.
– «París, el vino y los animales» –
Muchos partidarios laboristas, decepcionados con la alianza con la derecha en el poder, han vuelto a las filas del partido después de que Michaeli asumió el timón, explica la politóloga Julia Elad-Strenger, de la universidad de Bar-Ilan cerca de Tel Aviv.
«Es señal de que da una nueva esperanza a la gente», dice.
Sin ningún tabú, la candidata aborda todos los asuntos: defiende los derechos de las personas LGTB+, el proceso de paz con los palestinos que está en punto muerto, denuncia la mala gestión de la crisis del coronavirus y se preocupa por la amenaza iraní.
Esta amante de la «comida, París, del vino y los animales» también aborda los desafíos ligados al cambio climático, en general ausentes de los programas de los partidos israelíes.
Pese a años de gobiernos de derecha, sigue convencida de que la sociedad israelí en su conjunto es favorable al pluralismo, a la igualdad, a la separación entre la religión y el Estado pero también a una economía social y «humana».
«Merav Michaeli trata de no hacer huir a los electores de centro (…) y para ello adopta, desde el punto de vista de la retórica, un discurso más de centroizquierda», pero a nivel ideológico, hay poca diferencia con el otro partido de izquierda sionista, Meretz, explica Julia Elad-Strenger.
Abiertamente feminista, Merav Michaeli vive en pareja y sin hijos y es la única mujer al frente de un partido que puede integrar el Parlamento.
«No hay igualdad», asegura y lamenta la baja representación femenina de las mujeres en la política.
Pero la nieta de Rudolf Kastner, abogado húngaro acusado de haber negociado con los nazis para salvar a los judíos durante el Holocausto y asesinado tras su instalación en Israel, sigue confiada.
De su historia familiar, mantiene el rechazo a ser una víctima: «Siempre ha habido algo que hacer incluso cuando parecía imposible».