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Mujeres viudas de Gaza tratan de salir adelante juntas en un improvisado campamento

Ahmad Awad

Jan Yunis (Franja de Gaza), 8 mar (EFE).- Decenas de mujeres viudas por la ofensiva de Israel en Gaza y sus hijos tratan de salir adelante juntas, reunidas en un improvisado campamento de desplazados del sur del enclave palestino donde la lucha por la supervivencia se ha convertido en su día a día.

En Jan Yunis, un campamento de tiendas de campaña es diferente a todos los demás que pueblan la Franja palestina, donde cientos de miles de personas siguen viviendo en estos cobijos ante la destrucción generalizada de sus edificios e infraestructuras por más de dos años de ofensiva israelí.

En su entrada, junto a la puerta metálica que lo flanquea, se lee un cartel con las palabras «Campamento de Huérfanos Al Bureij» junto a una bandera palestina.

Dentro, viven mujeres como Asmahan y Safa, que tienen en común que perdieron a sus maridos y a sus hogares en la guerra e intentan ahora llevar una nueva vida con una tienda como un hogar temporal y criando solas a sus hijos.

Las madres pasan horas buscando agua, haciendo cola en el comedor comunitario para recibir comida e intentando conseguir medicamentos y artículos de primera necesidad para sus hijos, a pesar de los escasos recursos y el apoyo limitado.

Sola, desplazada y con cuatro hijos

Asmahan Al Awawdeh, madre de cuatro hijos, se encontró ante una dura realidad tras la muerte de su marido. Vivía con su familia en la zona de Wadi Gaza, centro del enclave, pero los bombardeos los obligaron a huir y a desplazarse varias veces, como la mayoría de las familias gazatíes.

«Abandonamos nuestra tierra y nuestro hogar, y nos movimos entre Rafah (sur), Deir al Balah (centro) y Jan Yunis (sur), de una escuela a un campo abierto», relata a EFE desde su tienda de campaña.

El 2 de abril de 2024, perdió a su esposo cuando este fue atacado junto con un grupo de hombres mientras intentaban recoger leña, explica. «Eran doce hombres que fueron a recoger leña. Fueron bombardeados en la zona de Zahra y todos murieron».

Tras su muerte, Asmahan se encontró sola y responsable del sustento de cuatro hijos, sin una fuente de ingresos estable.

«Mi esposo se fue y yo estaba en una escuela donde se refugiaban desplazados. Sin nadie que sustentara a la familia ni ingresos. Tengo cuatro hijos y tengo que asumir su responsabilidad sola», lamenta.

En el Campo de Huérfanos, Asmahan tuvo que construir su tienda de campaña ella misma con la ayuda de sus hijas.

«Mis hijas sujetaban las cuerdas mientras las tensábamos y cavamos la tierra para asegurarla. Cuando un hombre nos vio, se sorprendió de que una mujer estuviera construyendo su propia tienda», dice.

Explica que solo intenta proporcionar lo indispensable para sus hijos y, en este Día de la Mujer, envía un mensaje al mundo: «Hablan de los derechos de las mujeres, pero aquí no hay derechos ni apoyo. Somos miles de viudas viviendo este sufrimiento».

Asmahan destaca que la guerra aún sigue en Gaza, donde se registran ataques casi diarios de Israel que dejan algún muerto en medio de un alto el fuego más paralizado que nunca con la guerra que han emprendido Israel y Estado Unidos contra Irán.

«La guerra aún no ha terminado y vivimos bajo una enorme presión. Está todo en el mercado, pero no tenemos medios para comprar. Yo como mujer no tengo trabajo para sustentarme», se queja.

Caminar seis kilómetros para dar a luz

Safa Nabil Mahmud Qanuna, de 27 años, se encontró embarazada y como única responsable de sus hijos tras la muerte de su esposo, cuando su vida cambió de la noche a la mañana.

Me convertí en madre y padre a la vez. Es una gran responsabilidad y cuanto más crecen, más grande se vuelve la carga. Sentía que el mundo era seguro cuando él estaba. Recorrimos el camino juntos. Pero después de su muerte, todo cambió», explica.

Safa estaba embarazada de ocho meses cuando su esposo murió. Vivía en Al Bureij, cerca de donde se encuentra ahora, pero los bombardeos les empujaron a huir. «Salí sola con mis hijos al este de Deir al Balah (centro). No tenía forma de contactar con mi familia. Era una extraña en la zona y no conocía a nadie», recuerda.

Cuando llegó el momento de dar a luz, no pudo encontrar transporte. Tuvo que caminar seis kilómetros desde Deir al Balah hasta el campo de refugiados de Nuseirat para dar a luz a su bebé, y luego regresó caminando a pesar de su frágil salud.

Posteriormente, enfrentó la hambruna que se produjo el pasado verano en Gaza por el bloqueo de entrada de ayuda impuesto por Israel y luego trabajó como limpiadora en una escuela para sacar adelante a su hija recién nacida.

«Trabajé para comprar leche y pañales. Un paquete de pañales costaba unos 300 séqueles (83 euros). También intenté conseguir medicamentos para mi hijo», dice. Luego volvió a Al Bureij, con uno de sus hijos herido por el bombardeo a una escuela en la que se refugiaban.

«A pesar de mi juventud, asumí la responsabilidad de ser padre y madre para ellos» dice esta joven, que lanza un deseo este 8 de marzo: «Espero que las mujeres de todo el mundo miren a las viudas de Gaza y nos apoyen aunque sea con palabras». EFE

aa-mt/vh

(foto) (vídeo)

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