Parece que llueve gasolina en un Teherán apocalíptico
Jaime León
Teherán, 8 mar (EFE).- Ya había llegado el amanecer, pero parecía que seguía la noche. Unas enormes y espesas nubes negras cubrían Teherán esta mañana y las gotas que cayeron dejaban restos negruzcos y químicos.
Parecía que llovía gasolina.
Vecinos confundidos miraron los relojes para ver qué hora era ante la oscuridad del día. Parecía que el apocalipsis había finalmente llegado, pero no era el apocalipsis, era el resultado de bombardeos israelíes nocturnos contra cuatro instalaciones de almacenamiento de petróleo y un centro de transferencia de productos petrolíferos en las provincias de Teherán y Alborz.
Una de ellas es el Depósito de Petróleo del Noroeste de Teherán situado en el barrio de Shahran, donde a media mañana continuaba un fuego que emitía una columna de humo que parecía infinita.
Allí, aún humeaban coches y camiones cisternas calcinados. Era difícil no imaginarse a un teniente coronel Kilgore (el personaje magistralmente interpretado por Robert Duvall en Apocalypse Now) diciendo algo así como «Me encanta el olor a petróleo quemado por la mañana”.
Los vecinos de la zona no querían hablar. “No quiero meterme en problemas decían”, comentaba uno de ellos.
Barrenderos cruzaban un descampado frente al depósito de petróleo en llamas para limpiar una ciudad que lleva nueve días sufriendo constantes bombardeos de Estados Unidos e Israel, y que ahora está cubierto por restos de ceniza, producto químico y quién sabe qué más.
Si prácticamente llovía gasolina, ésta escaseaba en las gasolineras y las autoridades iraníes la han racionado a 20 litros por persona al día hasta nuevo aviso.
El objetivo ahora de Israel y Estados Unidos es destruir las infraestructuras de la República Islámica tras los golpes a objetivos políticos y militares. En días pasados atacaron aeropuertos, ayer una planta desalinizadora de agua en la isla de Qeshm, de la que dependen 30 pueblos.
En estas circunstancias la Organización de Protección Ambiental de Irán llamó a los ciudadanos a permanecer en sus casas ante la toxicidad y a usar mascarillas si debían salir a espacios públicos.
En las calles se veían esas mascarillas en una ciudad que hoy se suponía que reabría tras los siete días de cierre oficial por la muerte el pasado sábado 28 del líder supremo Alí Jameneí.
Y sí, había más negocios abiertos, más allá de establecimiento de alimentación, como tiendas de ropa y peluquerías. Pero aún lejos de la normalidad.
Ante algo parecido al apocalipsis muchos vecinos decidieron continuar en sus casas. EFE
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