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La iniciativa para frenar la inmigración en Suiza: ¿tiene las mismas causas que el Brexit?

Brexit
Nigel Farage, líder del partido antiinmigración y pro-Brexit UKIP, frente a un cartel de campaña el 23 de junio de 2016. En el Reino Unido, muchos pensaban que la llegada de migrantes disminuiría con el Brexit. Sin embargo, ocurrió justo lo contrario. EPA/FACUNDO ARRIZABALAGA

El Brexit ha tenido consecuencias inesperadas en materia de migración en Reino Unido. Mientras Suiza debate una iniciativa destinada a reducir la inmigración que podría poner en peligro la libre circulación con la Unión Europea, algunas voces piden que se saquen lecciones de lo ocurrido al otro lado del Canal de la Mancha.

El próximo 14 de junio, la ciudadanía suiza decidirá en las urnas sobre una nueva iniciativa del partido más popular de Suiza, la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora) destinada a limitar la inmigración. Bajo el título «¡No a una Suiza de 10 millones!», el texto pide al Ejecutivo y al Parlamento que impidan que la población residente permanente alcance los 10 millones de habitantes de aquí a 2050.

Para lograrlo, prevé en primer lugar restricciones en materia de asilo y reagrupación familiar. No descarta, como último recurso, afectar el acuerdo de libre circulación de personas con la Unión Europea, a la que Suiza no pertenece.

>> Encontrará las explicaciones relativas a esta iniciativa, así como las posiciones de los diferentes bandos, en este artículo:

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Política suiza

De nuevo Suiza decidirá si limita la inmigración en su suelo

Este contenido fue publicado en El 14 de junio, el electorado suizo votará la iniciativa ‘No a una Suiza de 10 millones’. Su objetivo es limitar la inmigración procedente del extranjero. ¿Qué significaría esta limitación?

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«Recuperar el control» de la inmigración

Hasta ahora, ningún país ha utilizado las restricciones migratorias para limitar su población. En cambio, existe un precedente de la salida de un acuerdo de libre circulación en Europa: el Reino Unido. Mientras la campaña está en pleno apogeo en Suiza, algunas voces que analizan este caso suizo apuntan al caso del único país que ha renunciado de facto a este régimen migratorio al abandonar la Unión Europea (UE).

Fue hace casi diez años. La ciudadanía británica votó a favor del Brexit el 23 de junio de 2016, para sorpresa casi general. La salida efectiva de la UE tuvo lugar más de cuatro años después, el 1 de enero de 2021.

Los análisis posteriores a la votación mostraron que las preocupaciones relacionadas con la inmigración habían sido decisivas. En los años previos al referéndum, la migración neta procedente de la UE —especialmente de Europa Central y del Este— había aumentado considerablemente tras las ampliaciones de 2004 y 2008, alcanzando su punto álgido en 2014.

En Suiza, los argumentos esgrimidos hoy por la UDC, que denuncia una inmigración que se ha vuelto «fuera de control», recuerdan mucho al eslogan «Take back control» («Recuperar el control»), repetido hasta la saciedad en su momento por las voces a favor del Brexit.

Cenni Najy, responsable político del Centro Patronal, contrario a la iniciativa de la UDC, ve en ello «paralelismos sorprendentes». «La cuestión migratoria que se plantea hoy en Suiza es similar a la que estuvo en el centro de los debates durante la campaña del Brexit», observa.

La inmigración se disparó en el Reino Unido tras el Brexit

Al otro lado del Canal de la Mancha, muchas personas pensaban que las llegadas de migrantes disminuirían si el país abandonaba la UE. Sin embargo, «el impacto del Brexit en sí mismo no ha sido reducir la inmigración», subraya Jonathan Portes, profesor de economía y política pública en el departamento de economía política del King’s College de Londres. «De hecho, ha sido todo lo contrario. El sistema que el Gobierno puso en marcha tras el Brexit ha provocado un aumento de la inmigración neta en su conjunto».

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La inmigración procedente de la UE y de la Asociación Europea de Libre Intercambio (AELI: Suiza, Liechtenstein, Islandia y Noruega) comenzó a ralentizarse ya en 2016, incluso antes de la salida efectiva de la Unión. «El Brexit ha disuadido a otras personas de Europa de venir», explica Jonathan Portes a Swissinfo. Esta ralentización se acentuó aún más tras el fin de la libre circulación.

A partir de 2021, esta fue sustituida por un nuevo sistema que facilita el acceso al mercado laboral y a los visados de estudios para nacionales de terceros países. El cambio se produjo en un contexto de escasez de mano de obra relacionada con la recuperación pos-COVID y de llegadas masivas de personas refugiadas de Hong Kong y Ucrania.

Antes del Brexit: Como miembro de la UE, el Reino Unido ya contaba con cierto margen de autonomía en materia de inmigración, especialmente en lo relativo a las personas procedentes de fuera de la UE. Las empresas que querían contratar a alguien de un país tercero debían patrocinar su visado.

En cambio, las personas ciudadanas de la UE podían vivir y trabajar en el Reino Unido sin visado gracias a la libre circulación. No obstante, el país se beneficiaba de varias excepciones europeas en materia de migración y controles fronterizos.

Después del Brexit: A partir de 2021, Londres aplicó un nuevo sistema de inmigración por puntos que trata por igual a personas europeas y no europeas. Introdujo distintos visados que dan prioridad al empleo cualificado, con excepciones para trabajadores y trabajadoras sociales o temporeros.

El nuevo sistema ha dificultado la llegada de personas ciudadanas de la UE, que antes podían instalarse libremente en el Reino Unido. En cambio, ha facilitado la inmigración procedente de países terceros, especialmente la de estudiantes internacionales y sus familias.

Una inmigración más extraeuropea

En los años siguientes, el descenso de la inmigración europea se vio «más que compensado por un marcado aumento de la inmigración procedente de países no pertenecientes a la UE», resume Jonathan Portes.

Ante el fuerte descontento, el Gobierno británico ha endurecido desde entonces su política migratoria, especialmente en materia de reagrupación familiar. Las últimas cifras de 2025 muestran que el saldo migratorio total ha vuelto a su nivel anterior al Brexit.

Pero su composición es ahora muy diferente, señala el Observatorio de la Migración de Oxford: la inmigración procedente de países no pertenecientes a la UE sigue siendo claramente más elevada que antes del Brexit, mientras que la procedente de la UE ha disminuido considerablemente. Hoy en día, la población inmigrante procede mayoritariamente de la India, China, Pakistán o Nigeria.

Aumento de las llegadas ilegales por barco

Además, hay una categoría que no ha disminuido: la que solicita refugio. Su número se ha disparado desde 2021 y alcanzó un pico de más de 110.000 personas en el otoño de 2025. Entre 2004 y 2020, se situaba entre 22.000 y 46.000 personas al año.

Este aumento se explica en gran parte por el incremento de las travesías del Canal de la Mancha en embarcaciones improvisadas. Según el Observatorio de la Migración, cerca de 46.000 personas intentaron la travesía en 2022, frente a unas 300 en 2018.

En 2025 se registró un segundo pico, con unas 42.000 travesías. A principios de mayo, el Ministerio del Interior británico indicó que más de 200.000 personas habían intentado esta travesía desde 2018. Casi todas ellas solicitan asilo.

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Jonathan Portes considera que el Brexit sólo explica en parte este aumento. Se apuntan otros factores, como el refuerzo de los controles en las fronteras europeas o la bajada del coste de las travesías organizadas por traficantes.

No obstante, desde su salida de la UE, el Reino Unido ya no puede devolver a solicitantes de asilo a su primer país de entrada en la Unión, como permitía anteriormente el Reglamento de Dublín. La cooperación con la UE se ha vuelto, en general, más difícil. «La salida de la UE ha limitado la capacidad del Reino Unido para luchar contra la migración irregular», concluye una nota del Parlamento Europeo.

¿Un cambio en los flujos migratorios también en Suiza?

Cenni Najy, del Centro Patronal, estima que Suiza podría experimentar un efecto de «sustitución migratoria similar» en caso de que se acepte la iniciativa de la UDC. «Si el Reino Unido, que es una isla, ya tiene grandes dificultades para controlar los flujos clandestinos, cabe preguntarse qué pasará en Suiza, que no tiene la capacidad de controlar cada metro cuadrado de su frontera terrestre con sus vecinos», señala.

Predice que la «variable de ajuste» en Suiza estaría constituida también por mano de obra residente en los países limítrofes, ya que el texto no la afecta. Más de 400.000 personas trabajan ya en Suiza bajo este régimen en la actualidad.

«Si se aplica esta iniciativa, será grande la tentación para el mundo político de intentar cubrir la escasez de mano de obra con personal fronterizo», afirma. Pero también con personas empleadas con estatutos más precarios o temporales, que no tendrían derecho a la reagrupación familiar. En resumen, «saldríamos de un régimen migratorio para crear otro, más caótico, menos europeo y menos regulado que el que tenemos hoy».

La UDC rechaza la comparación con el Brexit

Pero para Nicolas Kolly, diputado de la UDC del cantón de Friburgo, la comparación entre la iniciativa de su partido y el Brexit no es pertinente. «Nuestra iniciativa no es un Brexit suizo», señala. En primer lugar, porque, según él, el texto podría aplicarse sin denunciar la libre circulación, «actuando primero sobre el asilo, la reagrupación familiar y las cláusulas de salvaguardia».

Nicolas Kolly afirma, además, que Suiza siempre podrá contratar la mano de obra cualificada que necesite. «Incluso con la iniciativa, unas 40.000 personas al año podrían seguir inmigrando», asegura.

El diputado de la UDC añade que la fuerte inmigración no ha hecho desaparecer la escasez de mano de obra, y que además crea nuevas necesidades en materia de vivienda, asistencia sanitaria o transporte. El recurso a la mano de obra transfronteriza sería en sí mismo un «efecto derivado» de la libre circulación. «Un número importante de la mano de obra transfronteriza viene a Suiza para ocuparse del trabajo derivado directamente de la inmigración», escribe.

Para el parlamentario, el ejemplo del Reino Unido demuestra sobre todo que el país no ha logrado llevar a cabo una política migratoria «coherente» tras el Brexit. Considera que, al imponer un objetivo demográfico, la iniciativa de su partido establece, por el contrario, un «rumbo claro». Esto permitiría evitar un simple desplazamiento de los flujos migratorios.

Sin «solución mágica»

El profesor del King’s College Jonathan Portes no se aventura a hacer predicciones sobre los efectos específicos que una salida de la libre circulación tendría en los flujos migratorios en Suiza.

En cambio, considera que el ejemplo británico ilustra los límites de prometer al electorado «una solución sencilla e indolora», que se supone que «reducirá la inmigración como por arte de magia». «Es una fantasía», afirma rotundamente. «Presiones económicas y demográficas, escasez de mano de obra: el Brexit ha cambiado la forma en que las gestionamos, pero no las ha hecho desaparecer».

«La migración es un fenómeno complejo», insiste. La elaboración de una política migratoria debe pasar por decisiones difíciles, y esto también se aplica a Suiza». En su opinión, la principal lección del Brexit es quizás que los gobiernos tienen menos control sobre estas dinámicas de lo que creen.

Artículo original en francés, revisado y verificado por Samuel Jaberg; adaptado al español por Patricia Islas

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