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La democracia directa suiza refleja mejor lo que quiere el pueblo

Dos hombres hablando en el Parlamento suizo
¿Al tanto de las necesidades de la ciudadanía? Debate en el Parlamento suizo, diciembre de 2025. Keystone / Anthony Anex

Si las y los votantes observan que el Parlamento no refleja lo que quieren elaborar entonces políticas a través de la herramienta suiza de la democracia directa. ¿Funciona esto en la práctica? Las investigaciones sugieren que Suiza va por buen camino.

De todos los quebraderos de cabeza a los que se enfrentan las democracias occidentales, sin duda uno de los mayores es la brecha percibida entre lo que quiere la gente y lo que hacen sus parlamentos. En los 24 países encuestados por PewEnlace externo en 2023, el 74 % de las personas consultadas afirmó sentir que a los cargos electos no les importa lo que piensen las personas que los votan; el 42 % señaló que ningún partido político de su país representaba en absoluto sus opiniones. Por otra parte, los estudios Enlace externo han demostrado que esos sentimientos no son meras corazonadas: las preocupaciones de la gente corriente suelen tener dificultades para entrar en la agenda política.

La democracia directa en Suiza permite a la ciudadanía eludir al parlamento para poner a voto popular directamente las políticas que desea. ¿Es entonces esta herramienta la forma de salvar esta brecha? ¿Funciona realmente mejor?

En Suiza, sí, según una investigación publicada recientementeEnlace externo por Manuel Wagner, de la Universidad Goethe de Fráncfort. A partir de datos sobre las preferencias ciudadanas y las políticas que abarcan casi 50 años, Wagner concluye que la agenda política en Suiza refleja más fielmente lo que preocupa al votante medio que en otros países. Y aunque los ricos y las personas con un alto nivel de formación siguen teniendo un mayor impacto en las políticas, su influencia también está más limitada que en otros lugares.

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Mantener a las élites bajo control

La clave de ello son los dos instrumentos principales de la democracia directa suiza: los referéndums y las iniciativas populares. Gracias a los primeros, que permiten someter una ley a votación pública si se recogen 50 000 firmas, la ciudadanía tiene un gran poder de veto. A diferencia de lo que ocurre en otros países, explica Wagner a Swissinfo, «no se aprueban muchas leyes con las que la mayoría no esté de acuerdo. Si una medida es realmente impopular, es mucho más fácil bloquearla».

Por su parte, las iniciativas populares, que someten las propuestas a votación pública si se recogen 100 000 firmas, garantizan una agenda política más equilibrada. En EE. UU. y otras democracias representativas europeas, los debates políticos están «fuertemente sesgados hacia los más acomodados y con mayor nivel educativo», escribe Wagner en su investigación. En Suiza, es más probable que reflejen lo que la gente corriente quiere ver, porque son ellos quienes pueden darles forma.

Cómo funcionan los referéndums y las iniciativas suizos, y cuántos de ellos han tenido éxito a lo largo del tiempo:

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entrega de firmas

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Democracia suiza

Cómo funciona la democracia directa en Suiza

Este contenido fue publicado en El peculiar caso suizo de democracia directa donde se emplea la iniciativa popular y el referéndum para que la ciudadanía pueda tener la última palabra.

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Wagner no menciona ejemplos concretos. Pero no son difíciles de encontrar. Por ejemplo, durante la pandemia del COVID-19, Suiza votó tres veces sobre la estrategia nacional contra la pandemia —una situación única a escala mundial y que, según algunos, ayudó a calmar el acalorado clima político de la época—. También se vota sobre la edad de jubilación, mientras el descontento al respecto en Francia hace que la gente tenga que salir a la calle para hacerse oír. Ni los impuestos ni la política exterior están fuera.

Otro ejemplo es la última votación sobre la reducción de la inmigración al país, a través de la iniciativa «¡No a los diez millones!», presentada por el Partido Popular Suizo, de derecha.

En otros países europeos, la inmigración es sistemáticamente una de las principales preocupaciones, según las encuestas del Eurobarómetro. Sin embargo, no son muchos los ciudadanos europeos que pueden votar al respecto. Y para algunos defensores de la democracia directa, el hecho de que la ciudadanía suiza pueda decidir al respecto en las urnas significa algo más que simplemente superar la brecha entre las élites y el pueblo : es también «una de las mejores garantías de la estabilidad y la cohesión de nuestro país», escribióEnlace externo recientemente el diputado del Partido Popular, Nicolas Kolly. E incluso cuando las iniciativas son rechazadas —lo que ocurre la mayoría de las veces—, el mero hecho de votar sobre ellas puede ser un momento de unión, como ha señalado el director de teatro suizo Milo Rau.

Populistas, parlamentarios, grupos de presión

No todo el mundo lo ve de forma tan positiva. La democracia directa también puede volverse populista o conducir a un menosprecio de los derechos fundamentales de las minorías: el ejemplo más famoso en Suiza es la votación de 2009 para prohibir la construcción de minaretes. En materia de inmigración, también, la población residente extranjera puede sentirse molesta por las votaciones suizas. El Financial Times se preguntaba recientemente si la «costumbre del referéndum» del país modera el populismo o, por el contrario, pone a Suiza «a merced de votaciones peligrosas o frívolas, dejando al electorado cada vez más insatisfecho».

Wagner también señala otro escollo: en teoría, la democracia directa puede convertirse en «otro instrumento de la élite para quienes están en el poder, lo que puede incluso aumentar la desigualdad», afirma. Suiza tampoco es inmune a esto. Según su investigación, aunque la agenda política refleja lo que preocupa a la ciudadanía, los resultados —es decir, las leyes— son menos espectaculares. En este ámbito, la élite sigue teniendo una mayor influencia. Incluso en Suiza, la democracia directa podría ser «demasiado débil para eliminar el sesgo de riqueza y nivel educativo en la representación», señala su estudio.

¿A qué se debe esto? Una de las razones es que la mayoría de las leyes suizas siguen siendo elaboradas por el Parlamento, no por los votantes; y el Parlamento, al igual que en otros países, es un espacio de élite que no está libre de grupos de presión. Los referéndums y las iniciativas tampoco ofrecen igualdad de acceso. No solo son costosos de poner en marcha y llevar a cabo, sino que también están expuestos a influencias. Estas pueden provenir del exterior, a través de deepfakes o desinformación. Pero también pueden ser campañas clásicas de grupos de interés; Wagner cita un estudioEnlace externo que muestra que la federación empresarial Economiesuisse ha ganado el 90 % de las campañas de voto en el marco de la democracia directa que ha liderado.

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Democracia suiza

¿Qué rol juega el dinero en la política suiza?

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¿Menor participación, menor igualdad?

También está la participación electoral. La democracia directa depende de que la ciudadanía vote, y un resultado equilibrado depende de que lo haga una amplia muestra representativa de ella. En Suiza, la investigación a veces resta importancia a la baja tasa media de participación en las urnas (ligeramente inferior al 50 %). Pero las diferencias en la participación entre los distintos grupos sociales podrían causar problemas: dado que las personas con niveles de educación más bajos votan mucho menos que otras —entre otras cosas, debido a la complejidad de los temas—, se podría decir que Suiza presenta rasgos de una democracia de «clase media», según han escritoEnlace externo este año investigadores como Wolf Linder.

Para Wagner, la próxima tarea de investigación que tiene entre manos gira en torno a un tema similar: cómo la educación moldea las actitudes políticas y cómo esto repercute a su vez en la política.

En cuanto a sus datos sobre la democracia suiza, estos no abordan las tasas de participación electoral. Pero sí sugieren que, aunque la clase media y las élites tengan mayor influencia política, no pueden conseguir todo lo que quieren. Una característica general de la política suiza es un «sesgo a favor del statu quo», según revela su estudio. Debido en gran medida a la democracia directa, las cosas no cambian rápidamente y, al menos según los datos, esta estabilidad beneficia a toda la ciudadanía, no solo a la más rica.

Artículo en inglés editado por Benjamin von Wyl, adaptado al español por Patricia Islas

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