Cómo el virus pone a prueba el sistema político suizo

El edificio del Parlamento suizo decorado con las banderas de los cantones con motivo de la Fiesta Nacional de Suiza. Aquí se negocia un equilibrio de poder entre la Confederación y los cantones. Keystone/Edi Engeler

Las ruedas de prensa y las declaraciones de los políticos estos días ofrecen a los observadores una visión privilegiada del funcionamiento interno del sistema político suizo y del equilibrio de poder entre las autoridades nacionales y cantonales.

Este contenido fue publicado el 01 abril 2020 - 14:00
swissinfo.ch

Desde que a finales de febrero el Gobierno nacional comenzó a dar instrucciones para frenar la propagación del coronavirus –limitando la libertad de los individuos hasta prácticamente cerrar la vida pública–, se han hecho evidentes las divergencias de opiniones entre el Gobierno suizo y varios de los 26 cantones.

Ya se trate de cerrar obras y fábricas, estaciones de esquí, guarderías; de limitar los grandes acontecimientos públicos y reuniones privadas (de un máximo de 1 000 personas a finales de febrero a cinco desde el 20 de marzo); del confinamiento toque de queda para las personas ancianas o de la flexibilización de las normas relativas a los subsidios de desempleo.

Para un observador externo y sobre todo para los medios de comunicación, las medidas adoptadas en las últimas semanas resultan algo caóticas, lo cual ha generado llamamientos a un fuerte liderazgo por parte del Gobierno nacional.

“No hay un punto muerto”, dijo el ministro del Interior Alain Berset en rueda de prensa, desestimando las acusaciones de que el Consejo Nacional (Gobierno suizo) y las autoridades del cantón del Tesino no habían podido resolver sus diferencias sobre la aplicación a nivel local de las normativas nacionales.

Berset dedicó mucho tiempo a explicar a los periodistas qué principios políticos aplica y defiende el Gobierno suizo en la actual crisis.

“Tenemos que permanecer unidos en tiempos difíciles como ahora. Las diferencias de opinión deben debatirse entre los actores en la mesa. Lo que ahora necesitamos es mucha buena voluntad y pragmatismo para encontrar una solución sólida”, declaró.

Lento pero seguro

Algunos expertos han expresado su alarma por las aparentes tensiones entre los distintos niveles de gobierno [estatal, cantonal y municipal]. Otros han criticado lo lento y engorroso que resultan el sistema federalista y la búsqueda de consenso.

Según la socióloga Katja Rust, para acelerar los procedimientos hay que saltarse la fase de consultas que habitualmente implica largos debates; aunque esto signifique eludir la forma tradicional de llegar a un compromiso.

“Esta estrategia no funciona en tiempos de crisis”, indicó Rust en una entrevista a los diarios del grupo Tamedia.

La cuestión no es tanto si la autonomía cantonal dilata los procedimientos, porque la respuesta unánime es que sí lo hace. La verdadera cuestión es si la lentitud produce necesariamente resultados menos favorables que un sistema centralista de arriba abajo (vertical).

Tanto Andreas Ladner, politólogo de la Universidad de Lausana, como Claude Longchamp, fundador y exdirector del instituto de investigación gfs.bern, señalan que los gobiernos centrales (sobre todo en Francia y Gran Bretaña) no son más eficaces gestionando las crisis.

Flexible e innovador

“El federalismo produce soluciones adecuadas, ciertamente a largo plazo. Es un sistema más flexible e innovador”, afirma Longchamp.

Ladner añade que es crucial la forma en que los actores se adhieren al sistema federalista y en que los cantones cooperan entre ellos y con el Gobierno nacional.

Para Longchamp, el federalismo tiene, por supuesto, su inconveniente. Hace que el planteamiento estratégico sea muy difícil; algo que se pone de manifiesto en los esfuerzos de Suiza por encontrar una política coherente en las relaciones con la Unión Europea, argumenta.

Ladner, por su parte, señala que las tensiones entre la autonomía nacional y la autonomía cantonal son parte de la política suiza, pero la tensión entre ambas se ha hecho más visible ahora.

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La legislación sobre cuestiones ambientales o las reformas políticas en materia de drogas, por ejemplo, se adoptaron a nivel local como parte de una solución nacional que revocaba la autonomía cantonal.

Impacto de la crisis del COVID-19

El federalismo suizo (que garantiza la diversidad regional y la inclusión de las minorías), a pesar de algunas dificultades, ha superado la prueba durante la actual crisis del COVID-19.

Por lo tanto, ambos politólogos coinciden en que no hay razón para una revisión importante del sistema.

Para Longchamp, la crisis actual no significa, en absoluto, el fin de la autonomía cantonal, pero podría conducir a una mayor conciencia de las responsabilidades nacionales.

“El federalismo prevalecerá porque está en el ADN de Suiza”, afirma Longchamp, explicando que las raíces del federalismo en la historia de los cantones se remontan a la Edad Media. El federalismo se convirtió en uno de los ejes principales del sistema político del Estado suizo moderno fundado en 1848.

Algunos expertos sostienen incluso que el federalismo es tan importante, si no más, que el principio de la democracia directa: la posibilidad de que la ciudadanía participe en el proceso de toma de decisiones políticas.


Pragmatismo

Existen ejemplos suficientes que demuestran que el Gobierno nacional, cuando ha decidido suspender de manera temporal o frenar la autonomía de los cantones y del Parlamento, no ha destruido el equilibrio de poder federalista.

Un impuesto federal introducido durante la Primera Guerra Mundial es un vestigio de la reafirmación de la soberanía del Gobierno federal, y el período de gobierno autoritario introducido durante la Segunda Guerra Mundial duró más allá de 1945. Pasaron varios años antes de que se controlara el poder centralizado y el Parlamento recuperara su derecho constitucional.

El pragmatismo parece haber prevalecido en gran medida en la política suiza. Por lo tanto, no será una verdadera sorpresa si las tensiones actuales entre los cantones y el Gobierno nacional perduran.

Hasta la fecha, se han resuelto todas las controversias sobre aplicación incoherente o violación de un reglamento nacional del COVID-19 por parte de una autoridad cantonal o municipal. Pero no existe la garantía de que no vuelvan a surgir discrepancias.

Aquí es donde entra en juego otra característica de la política suiza: el consenso y el compromiso, aunque con cierto grado de posiciones políticas durante la búsqueda de una solución aceptable. Hay que permitir que cada parte salve su honor.

Que el ministro del Interior Berset apelara a la buena voluntad, al pragmatismo y a la unidad no ha sido una coincidencia.

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