
Portugal cumple 20 años en el euro estancado en su convergencia con Europa
Lisboa, 30 dic (EFE).- Los portugueses cambiaron hace 20 años los escudos por euros, una moneda que la amplia mayoría considera que ha tenido efectos positivos para Portugal, aunque no ha conseguido hacer despegar la convergencia del país con Europa, que se ha mantenido estancada.
El Banco de Portugal (BdP) ya alertaba en un informe a finales de 2019, a poco de estallar la pandemia, que desde 1995 la convergencia de la economía portuguesa con la Unión Europea se ha estancado y que el PIB per cápita relativo se situaba en 2018 «todavía lejos» del nivel registrado en 1995.
En estos dos años ese indicador siguió empeorando y se situó en 2020 en el 74,6 % de la media europea, cuarto por la cola en la zona euro.
Para impulsar esa convergencia, Portugal tiene como desafíos aumentar el capital humano, promover condiciones que permitan un incremento sostenido de la inversión y mejorar el marco institucional y de funcionamiento de los mercados, según el regulador bancario.
EL 72 % LO CONSIDERA POSITIVO
Pese al estancamiento, el 72 % de los portugueses cree que la adopción del euro fue «buena» para el país, un porcentaje que supera la media de la eurozona (69 %), según el Eurobarómetro divulgado este mes.
Los comienzos no fueron fáciles y la entrada en circulación del euro hizo que, con el redondeo, de un día para otro el precio de algunas pequeñas compras se disparase, como ocurrió con un café, que pasó de 50 escudos (unos 25 céntimos) a 50 céntimos.
De hecho, casi cuatro años después, el 74 % de los portugueses opinaba que una de sus mayores desventajas era que provocó una subida de precios, según un Eurobarómetro de 2005.
Aun así, a la larga el euro ayudó a estabilizar la inflación en Portugal, donde apenas una década antes de adoptar la moneda única las subidas anuales de precios podían superar tasas del 10 %.
El peor momento para el euro en Portugal fue la dura crisis que llevó al rescate de la troika entre 2011 y 2014, con un severo programa de austeridad.
La popularidad de la moneda única cayó entonces hasta convertirse en la segunda más baja de la zona euro (sólo el 46 % pensaba que había sido bueno para el país) y llegó incluso a abrir un debate público sobre la posibilidad de salir del euro, que nunca fue más allá de las palabras. EFE
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