Problemas sanitarios y falta de agua, un año después del devastador terremoto de Birmania
Bangkok, 27 mar (EFE).- En precarios campos para desplazados internos, con escaso acceso a agua potable y saneamiento, cientos de miles de birmanos sufren todavía las consecuencias del terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el 28 de marzo del año pasado la región central del país y que dejó alrededor de 3.800 muertos.
El temblor, registrado alrededor del mediodía y a una profundidad de 10 kilómetros, afectó a 17 millones de personas, según datos de la ONU, con las ciudades de Mandalay -la segunda más poblada del país- y Sagaing, ambas cerca del epicentro, como las más damnificadas.
Onegés sobre el terreno, como World Vision y Plan Internacional, alertan que un año después del desastre la situación continúa siendo delicada, especialmente para mujeres y niños.
«Al cumplirse un año desde el terremoto, el camino hacia la recuperación está lejos de haber concluido», apunta en un comunicado Erwin Guillergan, director de la oenegé World Vision en Birmania.
Una crisis prolongada
El hacinamiento en los refugios temporales, con escasa privacidad y seguridad, ha contribuido a un aumento de la violencia y el empeoramiento de los servicios sanitarios, que ya eran limitados antes del sismo, según organizaciones humanitarias.
A ello se suman la pérdida de ingresos, el aumento del coste de vida y el deterioro de la seguridad alimentaria, en un país azotado desde el golpe militar de 2021 por un extenso conflicto armado interno que enfrenta al Ejército y a varias guerras opositoras.
«Después de ese día, todo se volvió más difícil. Los precios subieron y desaparecieron las oportunidades de trabajo. Ya no podía seguir con mi negocio de costura. No teníamos ingresos», explica Wai, madre de dos niñas, en un comunicado de Plan Internacional.
Nuevas amenazas
El país, donde antes del sismo más de un tercio de la población -o casi 20 millones de personas- ya dependía de la ayuda humanitaria, se enfrenta además a la subida en los precios de combustible provocada por la guerra en Oriente Medio, repercutiendo en un nuevo alza del coste de los productos básicos.
La junta militar birmana, aislada de la comunidad internacional y con Rusia y China como principales apoyos en el exterior, ya aplica restricciones al consumo de combustible. Mientras, sigue con su campaña de ataques aéreos contra los rebeldes.
Plan Internacional y World Vision, cuya ayuda ha llegado a más de 700.000 personas afectadas por el terremoto, inciden, por separado, en la necesidad de mantener el apoyo humanitario y la financiación para la proseguir con las tareas de recuperación del país.
Un terremoto veloz
Un grupo de científicos de la Universidad de California Los Ángeles (Estados Unidos) comprobó cómo el devastador terremoto produjo una de las rupturas más largas y rápidas jamás registradas en Tierra.
El trabajo, publicado en octubre, señala que el seísmo recorrió casi 500 kilómetros de la falla de Sagaing a velocidades sostenidas extremadamente altas, de hasta cinco kilómetros por segundo.
El equipo atribuye la velocidad extrema de la ruptura a varios factores geológicos: una geometría de falla recta y suave, la acumulación de tensión a largo plazo desde el último gran terremoto en 1839 y las propiedades de las rocas a lo largo de la interfaz de la falla.
A 1.200 kilómetros del epicentro
El fuerte terremoto llegó a sacudir Bangkok, a más de 1.200 kilómetros del epicentro, donde en el norte de la capital tailandesa colapsó un edificio en construcción que iba a albergar la futura sede de la Oficina de la Auditoría del Estado.
Al menos 89 trabajadores de la construcción perdieron la vida y otros siete fueron dados por desaparecidos, según el balance oficial definitivo; una quincena de personas implicadas en el proyecto fueron detenidas tras determinarse que la obra se derrumbó a raíz de fallos estructurales. EFE
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