Prometeo resiste sobre la chatarra industrial del Teatro Griego de Siracusa
Gonzalo Sánchez
Siracusa (Italia), 11 may (EFE).- Prometeo fue castigado por los dioses por robar el fuego y entregárselo a los hombres pero, muchos siglos después, aquel dono vital acabó fraguando un progreso desatado y una crisis climática. Ahora, el titán expía su afrenta en el Teatro Griego de Siracusa (sur de Italia), convertido en un vertedero industrial para el aclamado estreno de la tragedia de Esquilo.
Al caer la tarde, en el centro de este teatro excavado en la roca de Sicilia hace más de veinticinco siglos, un hombre aparece como un «ecce homo», encadenado y martirizado, ante las cerca de 5.000 almas que le escuchan atónitas desde las gradas.
El nombre de ese reo vociferante es Prometeo, el gigante que en la mitología griega cometió la osadía de robar el fuego a los dioses para dárselo a la humanidad, una traición por la que el inmisericorde Zeus lo encadenó a una roca en el mismísimo fin del mundo.
El Teatro Griego de Siracusa ha apostado por abrir hoy jueves su temporada con «Prometeo encadenado», escrito en el siglo V a.C por el padre de las tragedias, Esquilo, presumiblemente para conformar una trilogía que perdió sus últimas dos partes en las sombras del tiempo.
EL VERTEDERO COMO UN «HADES» MODERNO
Pero en esta nueva versión, dirigida por el italiano Leo Muscato, el sacrilegio no se paga en la cumbre de una montaña, sino sobre los restos de un mundo devorado por la industria, oxidado, sucio y seco.
La elección es certera ya que la obra de Esquilo, como todo clásico griego, esconde una reflexión contemporánea: el drama de una humanidad siempre subyugada al progreso tecnológico, desde el fuego a la actual y voraz producción en cadena, por ejemplo, en un intento -vano- de negar su debilidad.
Así, Prometeo en Siracusa aparece atado en lo alto de un silo oxidado, rodeado de basura industrial, tuberías que gotean porquería, una noria de la que emana una plasta negruzca, suelos que arden y una vía de tren castrada de principio a fin, como si el tan preconizado progreso, de tanto usarlo, hubiera quedado en una vía muerta.
Zeus lo ha confinado en ese horrible lugar pero el héroe sacrílego no reniega de sus actos, ni siquiera ante el consejo bienintencionado de un coro de ninfas oceánicas, de las forman parte la actriz española María Pilar Pérez Aspa y la argentina Laila Fernández.
«Esquilo nos dice que el hombre lleva muchos años intentando hacer que la tecnología cambie su destino pero (…) esta es más débil que la necesidad humana de tener algo. Y nos damos cuenta ahora que vamos hacia una catástrofe universal», explica a EFE la zaragozana.
Porque, agrega, «el destino también de autodestrucción que tiene el hombre hay veces que es más fuerte» que su ansia de supervivencia.
LA TEMPORADA DE SIRACUSA
El Instituto Nacional de Drama Antiguo (INDA) ha preparado un gran programa de clásicos para su temporada estival y al aire libre que se prolongará en esta ciudad siciliana hasta comienzos de julio.
Este impactante «Prometeo Encadenado», aclamado por el público en su primer paseo, podrá verse en doce noches hasta el 4 de junio, mientras que paralelamente también se ofrecerá hasta el 24 de ese mes «Medea», la tragedia de Eurípides sobre la vengativa esposa de Jasón.
Desde el 9 de junio, el ambiente cambiará en el Teatro Griego porque será el momento de la comedia «La Paz» de Aristófanes.
Por último, el programa se clausurará con cuatro noches, entre el 29 de junio y el 2 de julio, con una versión de las aventuras de Ulises extraída de la «Odisea» de Homero.
UNA JOYA ARQUEOLÓGICA
El teatro de Siracusa, enclavado en un yacimiento Patrimonio de la Humanidad, es uno de los mayores ejemplos de arquitectura teatral del Occidente helénico, pues esta ciudad a orillas del Mediterráneo fue fundada por colonos de Corinto en el 734 a.C.
Casi totalmente excavado en la roca y rodeado de naturaleza, fue utilizado para obras teatrales pero también a modo de parlamento en las asambleas populares de la ciudad.
Adaptado para espectáculos circenses en época romana, cayó en el abandono e incluso en el siglo XVI fue usado de cantera para las fortificaciones que aún coronan la ciudad. Las excavaciones para su recuperación empezaron a finales del XVII y no terminarían hasta bien entrada la pasada centuria.
En todo caso, más de dos milenios después, este imponente ágora sigue sirviendo para lo que fue pensado: representar aquellos textos que ahondan en la moral humana para retratar nuestras contradicciones más profundas, casi inmutables por más que pase el tiempo (y a pesar de los augurios de los dioses o de los científicos). EFE
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