Sanae Takaichi, una «dama de hierro» al frente de Japón
Con posiciones nacionalistas, una reputación de adicta al trabajo y una imagen rompedora como exbatería de «heavy metal», Sanae Takaichi, la primera mujer en gobernar Japón, se ha ganado a los electores nipones, especialmente los más jóvenes.
En octubre, Takaichi se convirtió en la primera mujer al frente del archipiélago japonés, aunque sus posturas ultranacionalistas y su ideología conservadora distan mucho de las habituales reivindicaciones feministas.
Su popularidad quedó confirmada el domingo en las urnas con una victoria aplastante del Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha nacionalista), que dirige desde octubre y que debería alcanzar una amplia mayoría absoluta en la Cámara Baja del Parlamento.
Con este éxito, podrá poner en marcha su ambicioso programa para reforzar a las fuerzas armadas y adoptar medidas adicionales de apoyo a la economía.
Hace cuatro meses, Takaichi había heredado un partido en graves dificultades, sin mayoría absoluta y con votantes desencantados por una inflación persistente, un escándalo de financiación y el ascenso del partido populista antiinmigración Sanseito.
– Crítica de Pekín –
Fiel a su reputación de ultraconservadora, la primera ministra adoptó de entrada un tono firme contra la inmigración y no dudó en buscar la confrontación con China.
En noviembre, ante el Parlamento, sugirió que Japón podría intervenir militarmente si China lanzara algún día un ataque contra Taiwán, isla sobre la que Pekín reivindica su soberanía.
China respondió a esas declaraciones con restricciones a la exportación de productos con un posible uso militar o de tierras raras cruciales para el desarrollo de vehículos eléctricos o misiles.
No fue el primer choque de Takaichi con China. Como ministra de Seguridad Económica criticó el creciente poder militar de Pekín en la región y abogó por fortalecer la cooperación en seguridad entre Taipéi y Tokio.
También era una visitante habitual del santuario Yasukuni, que honra a 2,5 millones de caídos, entre ellos criminales de guerra, y que otros países asiáticos consideran un símbolo de las atrocidades imperialistas de Japón en la Segunda Guerra Mundial y los años previos.
– Heavy metal y Margaret Thatcher –
Antaño batería en una banda universitaria de «heavy metal», el mes pasado demostró sus habilidades musicales cuando interpretó dos canciones de K-pop con el presidente surcoreano Lee Jae Myung.
Las imágenes de Takaichi sonriente tocando enérgicamente la batería junto a Lee provocaron elogios generalizados en internet. Algunos se mostraron tan sorprendidos que se preguntaron si el clip había sido generado con IA.
Como su mentor, el asesinado ex primer ministro Shinzo Abe, no tardó en cortejar a Trump, colmándolo de elogios y regalos que iban desde una bolsa y un putter de golf hasta carne de res estadounidense.
Y aunque se ha declarado admiradora de la primera ministra británica Margaret Thatcher, conocida como la «Dama de Hierro», hasta ahora no ha mostrado mucho afán en aprovechar su género para atraer apoyos.
De hecho, sus opiniones sobre la cuestión la sitúan en el ala derecha de su partido, ya de por sí conservador.
Se opone, por ejemplo, a modificar una ley del siglo XIX que exige a las parejas casadas compartir el mismo apellido, una norma que abrumadoramente se traduce en que las mujeres adopten el apellido de su marido.
Se ha casado dos veces con el mismo hombre, un exparlamentario de su formación. Takaichi adoptó su apellido durante el primer matrimonio. En el segundo, él adoptó el de ella.
Aunque prometió mejorar el equilibrio de género en el gobierno hasta niveles «nórdicos», cuando asumió solo nombró a dos mujeres entre los 19 miembros de su gabinete.
En economía, Takaichi apoya una relajación monetaria agresiva y un gran gasto fiscal en línea con las políticas de su mentor Shinzo Abe para frenar la persistente inflación.
Cuando asumió el liderazgo de su partido, Takaichi formuló una promesa: «trabajaré, trabajaré, trabajaré, trabajaré y trabajaré».
Y lo ha hecho. En noviembre dijo que duerme solo entre dos y cuatro horas cada noche después del revuelo provocado porque convocó una reunión de su personal a las 3 de la madrugada.
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