Pese a las adversidades, Suiza fortalece la medicina de género
La medicina de género pelea diariamente para ganar una plaza por derecho propio. Se enfrenta a desafíos como la falta de financiación y la resistencia política. Pero nada consigue detener a un grupo de profesionales de la salud que está impulsando en Suiza los avances en este ámbito.
Cuando Carolin Lerchenmüller se convirtió en la primera profesora titular de medicina de género en Suiza en 2024, hizo una confesión a Swissinfo: no quería convertirse en un ícono en este ámbito. Su verdadera misión es lograr que la medicina de género sea una «disciplina universitaria por derecho propio».
La cardióloga alemana, que trabaja para la Universidad de Zúrich, confirmó esta convicción durante el primer Simposio Suizo de Medicina de Género celebrado en Berna. «Inicialmente se necesitan figuras pioneras, pero para mantenerse en el tiempo, la medicina de género no puede depender de ninguna persona, debe institucionalizarse», dice Carolin Lerchenmüller.
La medicina de género es una nueva rama que reconoce que la salud y la enfermedad están influenciadas también por el sexo y el género de las personas. El objetivo que se ha fijado es incorporar nuevos aspectos biológicos y socioculturales en las investigaciones de la práctica médica y también en la enseñanza.
El sexo se refiere exclusivamente a las características biológicas de las personas, como los cromosomas, las hormonas o la anatomía, ya que son elementos que influyen en el desarrollo de las enfermedades y en la forma en que los cuerpos metabolizan los medicamentos.
El género está relacionado con la identidad, así como con los roles sociales y culturales de las personas, que impactan directamente aspectos como que decidan -o no- buscar atención médica, la forma en la que son percibidos o comunicados los síntomas que experimentan, y también evalúa el impacto que tiene en una persona el tipo de estrés al que se ve sometida en la vida cotidiana.
Fuente: UZH
Se han registrado muchos avances en este ámbito, dice Carolin Lerchenmüller a Swissinfo. Por ejemplo, ahora existe la Sociedad Suiza de la Medicina de Género (Swiss Society for Gender Health), una asociación especializada en la materia. Hay también un programa nacional de investigación de medicina de género y un documento preliminar con directrices para que la cardiología comience a considerar el sexo y género de las personas al realizar los diagnósticos.
Pero a escala mundial, la medicina de género aun enfrenta vientos adversos, comenta Lerchenmüller. Desde que el presidente estadounidense Donald Trump asumió el cargo ha encabezado una serie de ataques contra la diversidad y la inclusión en las empresas y en el ámbito de la investigación. Las agencias de salud y los organismos científicos han visto recortada la financiación de cientos de proyectos y han censurado páginas web y recomendaciones sobre diversidad de género. Ante la presión que reciben, las empresas farmacéuticas han frenado sus políticas de diversidad, equidad e inclusión.
Carolin Lerchenmüller no se ha visto afectada de forma directa, pero «cuando el principal financiador público del mundo realiza recortes masivos, esto siempre será un problema para todas las partes involucradas», advierte.
Pese a ello, la científica se mantiene optimista porque es numeroso el grupo de personas que desean avanzar en materia de medicina de género. Según Carolin Lerchenmüller, cada vez más especialistas de Estados Unidos muestran interés por colaborar con sus contrapartes europeas. «Suiza gana visibilidad en este ámbito después de una década de esfuerzos continuos para convencer a las figuras de liderazgo de que hay que tomar en serio esta práctica».
Un punto de inflexión importante lo marcó el primer Simposio Suizo de Medicina de Género, celebrado en Berna el 20 y 21 de octubre del 2025. Alrededor de 280 personas del ámbito académico, la industria y el sector público participaron en el encuentro. Un 12 % provenían del extranjero.
Tarea compleja
La medicina de género avanza en Suiza, pero todavía tiene un largo camino por recorrer. Independientemente de los obstáculos políticos que impone Estados Unidos, los fondos son limitados en general.
A finales del 2023, el Fondo Nacional Suizo (FNS) puso en marcha un primer programa llamado «Medicina, salud y género», el proyecto recibió 11 millones de francos suizos, que fueron tomados del presupuesto anual global de 1.000 millones de francos suizos que tiene disponibles este fondo. Se recibieron 140 propuestas de un total de 389 personas investigadoras, pero por falta de recursos solo pudieron elegirse 19 proyectos.
«El número de propuestas presentadas evidencia el interés y la capacidad que hay en Suiza para estudiar este tema», expresó Carolin Lerchenmüller ante la audiencia asistente al simposio. «Solo necesitamos más fondos para hacer más».
Disponer de un presupuesto de 11 millones de francos para un periodo de cinco años es irrisorio. Solo como referencia comparativa, el zoológico de Zúrich recibió 57 millones de francos suizos en dos años para atender las necesidades de su parque de elefantes. «Es ridículo asignar esta cantidad para un tema tan complejo y crucial», denuncia Antonella Santucionne Chadha, médica y neurocientífica fundadora de la Fundación para el Cerebro de la Mujer (Women’s Brain Foundation), con sede en Basilea. «Tenemos una deuda de un siglo de investigación con las mujeres».
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El desarrollo de fármacos debe tener en cuenta el sexo y el género
Pese a las limitantes, este programa nacional supone un avance para Suiza, que ha sido un país rezagado en materia de medicina de género. Algunas universidades suizas ofrecen cursos sobre esta disciplina desde hace más de 20 años, pero Suiza carecía de centros y cátedras universitarias dedicadas a este campo hasta hace pocos años. Han sido creados primero en Estados Unidos, Alemania y Suecia, por ejemplo.
La explicación
Para Carolin Lerchenmüller, el principal reto es todavía lograr que se comprenda lo que es la medicina de género. «El término género puede ser percibido por algunas personas como algo que genera división, y a menudo es porque no entienden plenamente su significado en el contexto médico», explica.
Para especialistas en cirugía como Guido Beldi, del Hospital Universitario de Berna, hay razones de orden práctico, e incluso vital, que exigen considerar el sexo y el género cuando se realizan, por ejemplo, trasplantes de hígado.
La reacción hormonal es distinta: en los hombres, la adrenalina se libera más rápidamente, protegiéndoles en caso de un descenso en la tensión arterial durante una cirugía. En cambio, la mujeres secretan cortisol -la hormona del estrés- durante lapsos más largos, lo que favorece la curación y lo que podría explicar por qué suelen recuperarse más rápidamente tras una operación quirúrgica.
Pero las diferencias van más allá de las meras consideraciones anatómicas. Guido Beldi recordó durante el simposio que las mujeres suelen ser enviadas a cirugía más tarde que los hombres y se les ofrecen con menos frecuencia las técnicas quirúrgicas más avanzadas de la ciencia. «El sexo de los pacientes determina la forma en que reaccionan a la intervención. Y el género explica en qué momento y de qué manera se atenderá a la persona», continua Guido Beldi.
Tener en cuenta los factores biológicos y sociales permite ofrecer una atención personalizada y adaptada realmente a las necesidades de la gente. Todavía hay muchas preguntas por responder en el ámbito de la medicina de género, especialmente con respecto a cómo evoluciona en función de la edad, un tema en donde hay muchos estudios por realizar, añade Guido Beldi.
La comunidad médica suiza pionera en este campo es consciente de que la medicina de género es un tema políticamente delicado. Pero confía en que el simposio realizado en 2025 se convierta en una cita anual y abierta también a líderes de la política y la economía, y no sólo de la ciencia médica.
«En Suiza, hablar de género supone el riesgo de provocar tensiones, especialmente teniendo en cuenta el clima que hay en Estados Unidos», destaca Carole Clair, médica de Unisanté en Lausana y presidenta del comité directivo del programa nacional de investigación Medicina, Salud y Género. «Pero tenemos que despolarizar este debate», puntualiza.
Texte revisado y verificado por Virginie Mangin, adaptado al español por Andrea Ornelas y revisado por Patricia Islas
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