Falta de agua en plena reserva acuífera de Europa
Los albergues del Club Alpino Suizo luchan contra la carencia de agua potable. Esto se debe al derretimiento de los glaciares y a que los huéspedes son cada vez más exigentes en lo que a comodidades se refiere.
Agua limpia y fresca brota de una fuente rocosa. Esa es la imagen de ensueño de la que muchos responsables de estas cabañas en los Alpes suizos solo pueden soñar actualmente.
En pleno territorio montañoso helvético, reconocido por ser el reservorio natural de agua del continente europeo, hay carencia de agua pese a los glaciares, lagos y arroyos que contornean ese idílico paisaje.
Si bien estos albergues son modernos y ofrecen una remarcable oferta culinaria, los huéspedes a veces olvidan que en una de estas cabañas se pueden topar con limitaciones en el suministro de agua potable.
“El fenómeno afecta a las cabañas de todo el espacio alpino, pero cada caso es distinto y, por ende, tiene una solución distinta”, indica Andrea Hess, copresidenta de la Comisión Central de Cabañas, con 153 en su registro.
A este grupo pertenece también el geólogo Hans Rudolf Keuser, quien centra el problema en la reducción de los glaciares, relacionada con el cambio climático, y las necesidades que la vida moderna exige, con ducha y hasta lavavajillas. Además, en este tipo de albergues existe normalmente una infraestructura de abastecimiento acuífero más bien improvisada.
Víctima de su propio atractivo
Entre los albergues con mayor problema de suministro de agua se encuentra la Cabaña Lämmeren, en la zona de Wildstrubel, cerca de la zona turística de Adelboden (Alpes berneses), también próximo al valle del río Ródano.
Esa cabaña puede albergar a cien personas y, como es una de las más frecuentadas, se planifica su renovación. Para dar soluciones a su demanda de agua, Keuser sugiere que se establezca un conducto que conecte la cabaña a un sistema de represa en un arroyo de agua limpia, que se coloque un tanque para reservar el líquido y una pequeña turbina eléctrica, que también pueda responder a las necesidades energéticas de la infraestructura. Entre 100 mil y 120 mil francos cuesta esta solución, que respondería a las necesidades de los próximos 25 años. Y Keusen está convencido de que la relación entre costes y funcionalidad es óptima
Agua congelada en invierno
Debido a las temperaturas bajo cero grados en invierno, el agua congelada en las montañas no fluye hacia los conductos de agua potable de las cabañas, por lo que es necesario también instalar reservorios de hasta 300 metros cúbicos en los albergues para asegurar un aprovisionamiento durante esos meses.
El suministro de agua es un asunto relevante en la competencia, ya en sí dura, de obtener clientes de modo constante en estos lugares en plena naturaleza. En los últimos tiempos, estas bellas casitas de montaña reciben, sobre todo, visitantes de los albergues alpinos durante el día, es decir, que no pernoctan allí, pero consumen la oferta gastronómica, lo que permite mantener el negocio a flote. Para dar respuesta a esa demanda, el responsable de cada cabaña debe pensar no solo de modo ecológico, sino también económico, explica Andrea Hess.
Y sin olvidar el papel de los propios clientes en el asunto: es necesario sensibilizar a los huéspedes para ahorrar agua, y para ello, sugiere Hess, ellos deben saber del esfuerzo que significa llevar el agua limpia a las cabañas.
El geólogo Keusen calcula que cada huésped que pernocta en una de estas cabañas de montaña requiere de 20 a 50 litros de agua. El huésped de paso, 10 litros.
Para responder a esta demanda, Keusen estudia cada caso particular con evaluaciones geológicas y de la situación del albergue para encontrar una nueva fuente de agua y el método para dirigirla a la cabaña, de modo que permanezca limpia durante su trayecto.
Para albergues de gran capacidad sugiere la solución de una centralita eléctrica con una miniturbina, que pueda también cubrir sus necesidades de energía.
Las 153 cabañas del Club Alpino Suizo (CAS) registraron en 2011 336 mil pernoctaciones, 06% menos que en 2010.
Los ingresos totales de estos albergues fueron de 26,8 millones de francos: 19,4 millones por consumo de alimentos, bebidas y otros productos; y 7,4 millones por pernoctaciones.
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