¡No hay un pescado más fresco!
El termómetro marca 30 grados bajo cero cuando Markus Schober desliza el anzuelo de su caña de pescar por un hueco abierto en la superficie gélida. No cabe duda, la pesca en hielo es un verdadero placer, menos para los peces que pican.
La capa ha sido perforada. La poblada barba blanca de Markus Schober muestra pequeñas espigas de hielo en los menos de diez segundos que emplea extrayendo el taladro de dos finas cuchillas. Acto seguido, libera el agujero de unos 20 centímetros de diámetro retirando con un cazo las partículas de hielo que comienzan a formarse en la superficie del agua. El artefacto es usado varias veces durante la jornada, la más fría de este invierno.
El lago, en la parte superior de Kandersteg, Oberland Bernés, se ubica en una depresión de aproximadamente 1.600 metros. Y dado que tres de sus cuatro costados están rodeados por montañas altas, el lugar llega a ser en invierno un polo gélido de la geografía suiza.
Frío que quema
El primer reto de Markus o Küsu (como suele presentarse) es quitarse los abrigados guantes para colocar con las manos al aire el cebo que va en el anzuelo sujeto al sedal de pesca. De una pequeña caja refrigerada azul saca los ganchos cuyo garfio inferior lleva el pescadito señuelo. Markus, aficionado a la pesca desde los doce años, prepara también otros cuatro anzuelos del aparejo. Luego regala a sus manos el calor de un bolsa caliente.
Cumplido el primer paso, desliza el sedal de la caña por el hueco hasta tocar una profundidad de entre diez a doce metros. Acto seguido procede al “llamado”, es decir, a movimientos suaves de la caña de pescar antes de que el peso instalado en la parte final del hilo vuelva a asentarse en el fondo. “De esa manera se crean olas para atraer a los peces”, nos explica el pescador de 50 años que durante el invierno va unas diez veces a lago Oeschinensee.
De pronto, Markus exclama: “Llama”, al sentir que sus manos enfundadas perciben un pez muy cerca de la carnada. Con un rápido movimiento saca la caña de pescar, pero ve que el pez no ha picado. Con tranquilidad estoica vuelve a lanzar la caña.
Falsa alarma
Tras un nuevo “llamado” llega el momento: ha picado uno. Pero su larga experiencia transmite a su articulación que es un pez pequeño. Efectivamente, es uno de apenas 20 centímetros que Markus jala cuidadosamente hasta la superficie. “No es grande”, comenta. El pequeño ejemplar no reúne los 22 centímetros establecidos como medida mínima. Se quita los guantes, mete la mano en el agujero, libera el pez del anzuelo y vuelve a dejarlo en el agua. De inmediato busca una toalla para secarse la mano.
“Si agarramos el pez con las manos secas lesionamos su capa de moco protector y lo exponemos a una infección”, señala Schober. Además, nunca se debe poner en la nieve a los peces que serán devueltos al agua. “Si la temperatura del agua es de cero a dos grados y la de la nieve 30 grados bajo cero, como la de hoy, el pez ardería y moriría en pocas horas, dice Markus al explicar la segunda regla imperativa.
La intensidad del frío, determinante
Si el pescador necesita pocos, pero enérgicos movimientos del brazo derecho para quebrar el hielo, no se debe únicamente a las dos cuchillas agudas. A pesar del frío siberiano, la verdadera capa de hielo no tiene más de 10 a 15 centímetros de espesor. Encima de ella hay 20 a 30 centímetros de nieve compacta semi derretida que a su vez está cubierta por 20 centímetros de nieve en polvo. La capa intermedia tiene ese grosor porque desde hace apenas unos días hace un frío intenso. Además, la nieve en polvo sirve de aislante a partir de arriba”, explica Markus, un apasionado coleccionista de aparejos de pesca históricos.
No es suficiente que el pescador en hielo sepa pescar, sino también conocer bien el hielo. Es un asunto de vida o muerte. A principios del año, un pescador quiso faenar cuando las temperaturas estaban todavía por encima de los habituales 20 a 25 grados bajo cero y la nieve semiderretida lo arrastró a las aguas frías del Oeschinensee.
“Estaba con la cabeza dentro del agua y gracias a la soga que uno de sus colegas llevaba consigo, pudo ser salvado“, relata Markus. A raíz de ese incidente y del alto riesgo de avalanchas, las autoridades prohibieron entonces por diez días el paso al lago. En su carrera de pescador en hielo, Markus solamente ha sacado “un zapato mojado“. Y para no arriesgar un enfriamiento del pie prefirió interrumpir la empresa.
Entretanto, Markus ha instalado un “suicida” en el segundo agujero: un anzuelo que coloca en la nieve. La posibilidad de que un pez pique sin “llamar” y haya que jalar la caña rápidamente es, en realidad, mínima. Pero incluso así, no es raro que un pez se cuelgue solo, añade.
Temperatura relativa
Luego de liberar un segundo pez demasiado pequeño, Markus tiene finalmente una “verdadera” presa. Aturde al pez dándole un golpe en la cabeza con el cuenco de medir. Luego usa la navaja para cortar las branquias.
“Cuando se corta la comunicación entre el corazón y las branquias y se produce la hemorragia consecuente, el pez puede ser considerado ‘muerto’ según las normas de la protección animal, señala el pescador.
El botín es registrado en la estadística de pesca que enviará a las autoridades cantonales correspondientes al finalizar la temporada. Si un pescador es descubierto en el control llevando en el saco más peces de los inscritos, corre el riesgo de pagar una multa onerosa. El monto de la misma puede ser de hasta 1.000 francos si los jueces encargados consideran que la infracción a las normas de pesca lo ameritan.
Con un solo pescado como botín, puede decirse que San Pedro no fue muy generoso con el pescador Markus en este gélido día. La naturaleza es asombrosa y hay días en los que ni un experimentado pescador logra engañarla. Con todo, el sol anuncia su presencia. Pasado el mediodía se asoma desde el Dolderhorn y eleva la temperatura hasta un agradable 20 grados bajo cero. Ahora siguen dos placeres: el acelerado descenso en trineo hasta Kandersteg y el pastel de avellana en el Restaurante Ermitage.
La pesca en invierno y verano se ha convertido en un importante atractivo turístico para Kandersteg.
Al comenzar la temporada, el 1 de enero, se reúnen unos 150 pescadores en hielo. Algunos de ellos vienen de Alemania e incluso de Rusia.
Deben contar con una licencia de pescador y registrar su pesca.
El botín de cada pescador no puede ser de más de seis peces nobles por día.
Cuentan que Adolf Ogi, ex ministro Defensa y Deportes participó cierta vez con niños de Kandersteg en una pesca sobre hielo.
Cuando se aprestaba a abrir el hueco, una voz le gritó: “¡No vale la pena, aquí no cogerás nada!” Intentó ir algo más lejos, pero la misma voz le impidió cruzar: “¡Ahí tampoco agarrarás nada!” A la tercera “¡No agarrarás nada!”.
Ogi, enervado, se dirigió a la voz: ¿Eres Dios padre para saber dónde están los peces? “No, respondió la voz, ¡soy el guardián de la pista de patinaje!”
Traducción, Juan Espinoza
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.