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Un collar del perro de Lord Byron busca comprador por 50.000 euros

Imane Rachidi

Maastricht (Países Bajos), 12 mar (EFE).- Un viejo collar de perro de latón, abollado por el tiempo y arañado por las peleas, es uno de los objetos más modestos y a la vez valiosos de la feria de arte TEFAF que empezó este jueves en Maastricht: perteneció a Boatswain, el perro favorito del poeta británico Lord Byron y «el único amor» de su vida.

Es un objeto insólito pero cargado de historia: el collar no solo pertenece a la literatura inglesa, sino que refleja la profunda relación entre Byron (1788-1824) y su compañero canino.

La pieza, grabada con la inscripción «Rt. Hon. Lord Byron», se exhibe en la galería del marchante Tobias Desmet, como una de las piezas que buscan dueño en la feria de arte, y su actual propietario espera venderla por más de 50.000 euros.

«Es un objeto muy simple, pero abre la puerta al mundo de la literatura inglesa; es un fragmento de la vida de uno de los mayores poetas románticos y de su afecto más sincero», explicó Desmet en declaraciones a EFE.

Boatswain murió a causa de la rabia, tras ser mordido por otro perro, pero la devoción del poeta por su mascota trascendió la muerte.

Byron lo sostuvo en sus brazos en sus últimos momentos y, en su honor, levantó un monumento en la Abadía de Newstead (Inglaterra), su residencia familiar, donde escribió un poema en su memoria y lo describió como «el único amor» de su vida.

El sepulcro del perro es incluso más grande que la tumba del propio poeta, un recordatorio de que Boatswain era el compañero, confidente y símbolo del amor incondicional que inspiró la leyenda de Byron.

«El poema que escribió para Boatswain está considerado una de las odas más bellas dedicadas a un perro», señaló Desmet. «Y al mismo tiempo es una crítica a la humanidad, porque compara las virtudes del animal con los defectos de los seres humanos», añadió.

Un perro y un oso en casa

El collar presenta marcas que, según la documentación histórica que acompaña a la pieza, fueron causadas por los enfrentamientos entre Boatswain y otro inusual habitante de la casa del poeta: un oso.

El aristócrata Byron, conocido por su carácter excéntrico, llegó incluso a tener un oso como mascota en su época de estudiante en Cambridge.

Más allá de su apariencia modesta, la pieza cuenta con una procedencia completamente documentada desde principios del siglo XIX.

Entre los documentos que acompañan al collar figura una carta escrita por la viuda del guardabosques de Byron, que certifica su autenticidad y cuenta que solo Boatswain era capaz de enfrentarse al oso del poeta.

El objeto fue vendido a distintos propietarios pasando por una subasta en Inglaterra en 1903 y otra en 1976, hasta llegar finalmente a manos de Desmet hace algunos años.

El marchante explica que adquirió el collar por fascinación personal y lo mantuvo en su colección privada antes de decidir exhibirlo en TEFAF.

«En cierto modo es una reliquia. Representa a uno de los primeros grandes personajes famosos de Europa. Byron era carismático y tenía un enorme magnetismo», afirma el galerista.

Según Desmet, el poeta despertaba una auténtica devoción entre sus admiradores, que coleccionaban retratos, libros, bustos o incluso mechones de su pelo.

La presencia del collar en la feria, dominada por obras de gran valor artístico como pinturas de Picasso, Goya, Velázquez o Monet, puede parecer inusual, pero el galerista cree que encaja con el espíritu del coleccionismo.

«Lord Byron habría sido un gran cliente de nuestra galería. Era un aristócrata que viajaba por Europa y coleccionaba arte durante esos largos viajes que los nobles hacían en el siglo XIX», comenta.

Desmet confía en que la pieza despierte el interés de algún coleccionista apasionado por la literatura, o incluso de una institución cultural.

Hoy, más de dos siglos después, la memoria de Boatswain sigue viva en esta pequeña pieza de latón, que ofrece al público la oportunidad de tocar con la mirada un vínculo único entre un hombre y su perro.

«Byron quería ser enterrado con el perro. Lo escribió en su testamento. Le pidieron tres veces que cambiara esa cláusula porque parecía un poco ridícula, pero amenazó con desheredar a quien intentara eliminarla», resume el galerista. EFE

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