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Vivir en la ruleta rusa: las ciudades ucranianas sufren el creciente terror de los drones

Rostyslav Averchuk

Leópolis (Ucrania) 4 abr (EFE).- «Ruleta rusa» es como la pintora de 24 años Daria Bakun describe los ataques con drones de Rusia contra Dnipró y otras ciudades, que se han intensificado a pesar de las conversaciones de alto el fuego y se han vuelto más destructivos debido a una nueva táctica.

«Nunca sabes lo que va a pasar cuando oyes sobrevolar tu casa, uno a uno, entre 10 y 20 aviones no tripulados», contó a EFE desde su ciudad, en el sureste de Ucrania, que ha sido atacada tres veces en los últimos ocho días.

Aunque los vecinos de Dnipró están acostumbrados a las frecuentes alarmas aéreas, las oleadas de drones rusos mantienen a Bakun en un estado de tensión constante, agravado por la tensión de tener que poner a salvo a su padre, gravemente enfermo, durante los ataques.

«Mientras nos escondemos en el vestíbulo del edificio, lejos de las ventanas, oímos cómo cambian de tono a medida que los drones aceleran antes de detonar tan cerca de nosotros. Es agotador», afirmó.

«Pensaba que estábamos a salvo porque no hay nada cerca que pudiera interesar a los rusos», contó también Ludmila Primenko, redactora publicitaria de 33 años.

Esa ilusión se hizo añicos la semana pasada cuando dos drones se estrellaron cerca de su bloque de apartamentos de 12 plantas, la onda explosiva reventó sus grandes ventanales y las pequeñas bombas salpicaron las paredes y mataron a dos personas que paseaban a un perro cerca.

Primenko, en su octavo mes de embarazo, aún se muestra optimista, feliz de que sus hijos de 7 y 4 años hayan salido ilesos.

Sin embargo, reconoció que la conmoción aún puede llegarle más tarde.

Un peligro creciente

Para Primenko y millones de ucranianos, la amenaza crece a medida que Rusia perfecciona sus tácticas.

Los analistas militares afirman que los drones -en su mayoría ‘Shaheds’ diseñados en Irán- atacan ahora ciudades como Dnipró, Járkov y Odesa en grupos de 20 ó 30 casi todas las noches con un método que los hace más difíciles de detener.

Los drones se aproximan a una ciudad a varios kilómetros de altura, tras lo cual descienden bruscamente y comienzan a dar vueltas junto a los tejados de las casas.

Esto los hace «casi invulnerables» a las defensas aéreas, ya que cualquier intento de derribarlos conlleva un enorme riesgo para los residentes en los edificios, escribe el bloguero militar ‘DroneBomber’.

Una vez que llegan todos los drones, que siguen elaboradas rutas desde sus lugares de lanzamiento en Rusia y Crimea, se elevan de nuevo, vuelan hacia su objetivo y caen verticalmente a gran velocidad, dando a las defensas antiaéreas, la mayoría de las cuales tienen un alcance muy limitado, muy pocos segundos para reaccionar.

En busca de soluciones

El analista Oleksandr Kovalenko compara estos ataques con «bombardeos de alfombra» por su impacto indiscriminado.

En un análisis para el Grupo de Resistencia Informativa, Kovalenko advirtió de que Rusia aumentará su terror sobre la población civil ucraniana en un intento de sembrar el pánico, mientras sea incapaz de romper la defensa en la línea del frente.

El mes pasado, Rusia lanzó la cifra récord de 4.196 aviones no tripulados, incluidos 1.344 sólo en la última semana, según la Fuerza Aérea de Ucrania.

Para contrarrestar la amenaza, Ucrania necesita más sistemas de defensa aérea de pequeño y medio alcance, como Gepard (Alemania) y Crotale (Francia) o los modernizados Strela y Osa de la era soviética, argumentó el experto.

Sin embargo, sus existencias se están agotando y la producción de nuevos sistemas es más lenta y costosa que la de los drones rusos, lo que significa que Ucrania también tiene que encontrar sus propias soluciones rápidamente.

Ucrania está estudiando el uso de drones para interceptar Shaheds y la producción de sus propios sistemas de defensa antiaérea, declaró la semana pasada el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.

Actuar con rapidez es importante, según Kovalenko, ya que Rusia puede duplicar pronto el número de drones que lanza cada noche.

No hay paz a la vista

Los vecinos creen que estos ataques indican que Rusia no tiene planes de parar.

«Es un chantaje. Aterrorizan a los civiles, intentan intimidarnos y desmoralizarnos para desestabilizar el país», aseguró Daria Bakun.

Sin embargo, duda de que funcione.

«Esas noches de terror sólo consiguen que la mayoría de los vecinos de Dnipró sientan aún más odio y desconfianza hacia Rusia, en lugar de inclinarse a aceptar sus ultimátums», subrayó Bakun. EFE

ra/smm/fpa

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