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«Un acuerdo económico es muy posible» entre Cuba y EEUU, afirma el experto LeoGrande

Juan Palop

La Habana, 20 mar (EFE).- Un acuerdo de carácter económico entre Washington y La Habana es «muy posible», considera en entrevista a EFE el profesor universitario estadounidense William LeoGrande, experto en las relaciones -y negociaciones previas- entre EE.UU. y Cuba.

No obstante, si Estados Unidos intenta incluir en la agenda de negociación reformas de carácter político, la Administración del presidente Donald Trump podría estar arriesgándose a que el Gobierno cubano se cierre en banda y se bloquee cualquier posibilidad de pacto.

«Un acuerdo económico es muy posible. Pero si (el secretario de Estado de EE.UU., Marco) Rubio demanda concesiones políticas, entonces la reacción instintiva del Gobierno cubano será decir que no», apunta este profesor en la Universidad Americana de Washington.

A su juicio, si la Administración de Trump opta por un acuerdo de apertura económica, «los cubanos aceptarán» porque la crisis es muy grave en la isla y el Gobierno ha sido incapaz en los últimos 15 años de reformarla, en parte por las resistencias internas.

Además, en la decisión final del lado cubano es «crítico» el papel del expresidente Raúl Castro, quien ejerce aún una importante influencia en La Habana pese a no tener un cargo formal.

Si Castro argumenta que se trata de una transición hacia un socialismo de mercado, como la de China y Vietnam, y que además el cambio va a contribuir a acabar con la presión de EE.UU., la dirigencia cubana le seguirá y apoyará el entendimiento con Washington.

Pero el acuerdo, subraya LeoGrande, no puede leerse en La Habana como una rendición de la soberanía nacional.

Derrocamiento

El diálogo bilateral -reconocido sólo oficialmente la semana pasada por La Habana- se ha visto ensombrecido en los últimos días, precisamente por la sensibilidad nacional cubana.

Trump habló de «tomar» la isla y Rubio tachó de insuficientes los cambios económicos anunciados por el Gobierno cubano, permitiendo a sus ciudadanos en el exterior invertir en empresas privadas y proyectos de infraestructuras. Añadió que eran necesarias «nuevas personas».

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, criticó de seguido que EE.UU. amenazase «casi a diario con derrocar» a su Gobierno y pretendiese «adueñarse del país» mientras le aplica el «castigo colectivo» de sanciones como el bloqueo petrolero.

El experto, coautor del libro ‘Diplomacia encubierta con Cuba: Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana’, destaca sin embargo las «señales» que se han hechos ambas partes en las semanas previas.

En este ámbito encuadra tanto el anuncio de la excarcelación de 51 presos -que La Habana vinculó a contactos con El Vaticano- y la decisión de permitir que los cubanos en el exterior puedan invertir en las pequeñas y medianas empresas privadas de la isla.

Son «interesantes» señales de «buena voluntad»: «Todo eso son ramas de olivo a Estados Unidos y lo que sería interesante es que Estados Unidos pudiese responder de alguna forma (…) eso sería una muy buena señal», destaca.

LeoGrande cree que Washington aspira a repetir en Cuba el «modelo venezolano» de tres fases: estabilización, recuperación y transición. «Pienso que podemos esperar el mismo mantra en cualquier acuerdo con Cuba», afirma.

Sin embargo, replicar en la isla esta fórmula es complicado, prosigue, porque la poderosa diáspora en Miami va a exigir una transición política profunda y porque en Cuba «no hay oposición para tomar el mando», pues -a diferencia de la venezolana- le faltan liderazgos, estructura, financiación y articulación interna.

Este profesor universitario señala en consecuencia que Washington se está adentrando en un «juego peligroso» al «emplear la presión económica para forzar al Gobierno cubano a rendirse», contando con que La Habana acepte un acuerdo en sus términos antes de que «la economía colapse».

Este escenario sería «un desastre» para EE.UU., argumenta LeoGrande, porque se dispararían los flujos migratorios hacia su territorio y se podrían abrir nuevas rutas para el narcotráfico y el crimen organizado a través de la isla.

El nieto de Raúl

LeoGrande estima que fue el Gobierno de EE.UU. quien eligió para iniciar los contactos a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.

El experto considera que Rodríguez Castro acudió «seguro» de seguido a su abuelo y que éste convocó entonces a media docena de los dirigentes del Partido Comunista de Cuba (PCC), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Gobierno.

«Seguramente dijeron: vamos a explorar qué tienen en mente los estadounidenses. Querrían explorar si había oportunidad de una negociación y cómo podría ser la agenda», considera.

Esta fórmula no es tan novedosa en las relaciones entre Washington y La Habana, explica. LeoGrande recuerda que el acercamiento con el expresidente de EE.UU. Barack Obama fue similar y que el expresidente Fidel Castro también recurrió para contactos a vías informales con «personas del Ministerio del Interior de su estricta confianza».

Además, destaca, Rodríguez Castro «no es una mala persona para el diálogo» porque es muy cercano a Raúl Castro, trabaja en el Ministerio del Interior y, además está vinculado al conglomerado empresarial del ejército, Gaesa. EFE

jpm/lnm

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