‘Tremdina’, el síndrome del final del Ramadán recorre Marruecos
Mar Marín
Rabat, 16 mar (EFE).- Ojeras, palidez, cansancio, sueño, irritabilidad, mal humor, impaciencia… Tras casi un mes de ayuno diurno y trasnochadas, son muchos los musulmanes que acusan la ‘tremdina’, como se conoce en Marruecos el síndrome del final del ramadán, que culminará esta semana con tres días de celebración.
El inminente final del ramadán se palpa ya en el ambiente. Muchos cafés y comercios cerrados durante semanas se apresuran a hacer limpieza para abrir de nuevo en unos días.
Aún no está claro si será el jueves 19 si los ojeadores consiguen ver la creciente lunar, o el viernes 20, pero el ramadán toca a su fin y Marruecos vive una mezcla de cansancio, mal humor e impaciencia colectiva con una incipiente euforia por lo que se viene.
«Déjalo, es la tremdina»
La frase se escucha con insistencia al caer la tarde en cualquier ciudad marroquí y se refiere a la irritabilidad causada por el ayuno y la falta de sueño.
Descansar en la noche se complica. El ayuno entre el amanecer y el atardecer se rompe con el iftar -un copioso desayuno o cena, según se mire-; después, unas horas para recuperar la vida social, descansar, y de nuevo, antes de la salida del sol, la primera comida del día, el suhur.
El ritmo altera el descanso. Se duerme menos, se trabaja con poca fuerza y surgen los problemas de concentración.
Las reservas de energía cambian, la glucosa baja y sube. Y el estado de ánimo también. La falta de cafeína hace mella después de un mes y, para los fumadores -en radamán está prohibido fumar en espacios públicos- el ‘mono’ de nicotina es evidente.
Aumentan las discusiones en la calle, el tráfico se colapsa en las horas previas al iftar y se multiplican también los bocinazos, los atascos y los accidentes.
Hay prisa por llegar a casa y romper el ayuno. Después del iftar, las ciudades recuperan el ritmo. Las calles se llenan hasta bien entrada la noche y las terrazas de los cafés abiertos lucen abarrotadas.
Hay también satisfacción entre los fieles tras un periodo de limpieza espiritual, de rezos, reflexión y de convivencia familiar.
La noche del Destino
La primera de las celebraciones de la semana llega este lunes: Laylat al Qadr (Noche del Destino), que coincide con la noche del 26 al 27 del mes sagrado y se considera el momento más importante para los musulmanes porque marca el inicio de la revelación del Corán al profeta Mahoma.
En esta noche, que el Corán describe como «mejor que mil meses», las mezquitas se llenan, los rezos pueden durar toda la madrugada y el rey Mohamed VI -en su calidad de comendador de los creyentes- encabeza una velada religiosa.
La jornada también tiene carácter festivo, y aunque no es una obligación religiosa, es costumbre vestir a los niños con ropa tradicional, hacer fotos con decoración especial o enseñar a los más pequeños cómo practicar su primer ayuno.
Entre el espíritu y el bolsillo
Es tiempo de pensar en las comidas de ruptura del ramadán, en las compras y en los preparativos del Eid-al Firt, la fiesta que marca el final del mes de ayuno, el mes sagrado, y que llegará entre viernes y sábado.
Estrenar ropa, organizar banquetes y visitar familiares y amigos tras un mes de ayuno puede traer algún problema si no se controlan los excesos. Los médicos advierten de que la repentina vuelta a la normalidad puede alterar el sistema digestivo.
Aunque este año, incluso con el estómago lleno, los marroquíes tienen motivos para estar de mal humor. La gasolina ha subido impulsada por el aumento del crudo provocado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y también han subido, sensiblemente, los alimentos arrastrados por la demanda de estas fiestas.
La cesta de la compra se ha encarecido entre un 15 y un 30% y, aunque resulte paradójico en tiempo de ayuno, el consumo de alimentos ha crecido casi un 20% durante el mes.
«Lo peor no es que los precios suban ahora, lo peor es que no sabemos si van a bajar», se quejaba una clienta en una pescadería del centro del Rabat que vende el calamar a 150 dirham el kilo (unos 15 euros) y la sardina a 40 dh (4 euros) en un país donde el salario mínimo se sitúa en unos 350 euros al mes. EFE
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