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A un kilómetro del Ejército israelí, un pueblo libanés reconstruye su rutina aún con miedo

Rosa Soto y Ali Ghandoura

Kafra (Líbano), 11 jul (EFE).- A apenas un kilómetro de las tropas israelíes que ocupan parte del sur del Líbano, los habitantes de Kafra conviven con el zumbido de los drones y la incertidumbre de no saber si la frágil calma durará unas horas o volverá a romperse, mientras intentan retomar en lo posible su vida normal.

En este pequeño municipio del sur libanés, muy próximo a la línea de contacto con las fuerzas israelíes, la rutina se reconstruye entre casas semidestruidas, campos abandonados y avisos a los residentes a través de esas aeronaves no tripuladas.

«A veces emiten sonidos como el llanto de niños; otras, advertencias para que nadie acoja en sus casas a miembros de Hizbulá», explica a EFE uno de los pocos vecinos que han regresado al pueblo en las últimas semanas, quien define estas acciones como «tortura».

El regreso, marcado por el miedo

Qasem Hamdan, de 41 años y padre de cinco hijos, regresó hace apenas un mes a una vivienda destruida en torno a un 50 % y, aunque asegura a EFE que están felices, reconoce que convive con el temor permanente.

«Seguimos viviendo con miedo, sobre todo por los niños. Mientras dormimos, escuchamos los drones que sobrevuelan constantemente la zona y la aviación rompe la barrera del sonido. Es como si la guerra no hubiera terminado», explica.

Durante su desplazamiento, Hamdan alquiló una vivienda en Koura, en el norte del país, por 1.200 dólares mensuales, donde permaneció tres meses, aunque acabó pagando cuatro, además de los suministros.

Ahora duerme únicamente en dos habitaciones que ha logrado acondicionar en su casa, con las ventanas cubiertas con plástico porque los marcos quedaron destrozados, los depósitos de agua perforados por la metralla y con una electricidad que solo ha regresado recientemente gracias al suministro privado.

La actividad agrícola que sustentaba a su familia tampoco sobrevivió a la guerra, ya que sus diez invernaderos y unos 20 Km2 de terreno cultivado quedaron completamente secos durante los meses de ausencia: «Las pérdidas económicas son enormes, pero aun así no son nada comparadas con la pérdida de vidas humanas», afirma.

La incertidumbre se intensificó durante la reciente escalada de tensión entre Irán y Estados Unidos, por la que, según Hamdan, muchas familias volvieron a preparar las maletas, convencidas de que tendrían que huir de nuevo.

«La gente sigue viviendo con las maletas preparadas dentro del coche; yo soy uno de ellos. Cualquier noticia sobre un enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos hace que la gente piense que aquí también habrá represalias», dice.

Una economía paralizada

Los comercios también permanecen prácticamente paralizados. «Si alguien dice que vendió algo, está mintiendo. No hay ventas, no hay trabajo, aquí no hay vida», afirma Hasan Mohammad Fadel, de 27 años, casado y con una hija.

Este joven pasa el día en Kafra, pero continúa durmiendo junto a su familia en Siddiqin, donde el alquiler resulta más asequible que en Beirut y se sienten algo más seguros.

Pero las explosiones procedentes de la cercana Hadatha, asegura, impiden descansar por las noches. «La gente está agotada porque apenas puede dormir».

Su propia casa permanece inaccesible en Hadatha, localidad que continúa dentro de la zona ocupada por el Ejército israelí y donde antes de la guerra disponía de un taller de aluminio, una granja y un edificio de cuatro plantas destinado al alquiler.

Pocas expectativas de una retirada israelí

Pese a que algunos residentes esperan una solución diplomática, pocos creen que Israel vaya a retirarse a corto plazo, como Hamdan, quien considera que solo la presión hará posible una retirada, mientras que Fadel admite que lo ve «muy difícil» y asegura que su mayor deseo es que las tropas no sigan avanzando.

Entre quienes observan con escepticismo cualquier negociación figura también otro vecino de Kafra que recuerda haber vivido la invasión israelí de 1978, cuatro años antes de la creación de Hizbulá.

A su juicio, atribuir el conflicto exclusivamente a la existencia del grupo chií ignora décadas de enfrentamientos anteriores: «Israel nos atacó antes de que existiera Hizbulá. Yo era un niño cuando tuvimos que huir en 1978», recuerda.

Según este hombre, Israel «incumple sistemáticamente los acuerdos» y sostiene que el conflicto actual responde a una disputa por el territorio más que a una confrontación contra una comunidad concreta.

En Kafra, mientras tanto, la vida continúa suspendida entre la reconstrucción y el miedo y los vecinos bajan hasta localidades como Siddiqin o Qana para comprar alimentos, muchos siguen sin trabajo y las maletas permanecen preparadas por si el próximo estallido vuelve a obligarlos a abandonar sus hogares. EFE

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(foto)(vídeo)

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