Hace cinco años, logró huir de las garras de los yihadistas el grupo Estado Islámico (EI), que la habían convertido en esclava sexual. Hoy, Imán Abas, que acaba de cumplir la mayoría de edad, quiere que sean escuchadas las yazidíes que, como ella, han sufrido el infierno.

"Después de lo que he vivido, no me veo como una adolescente", afirma la joven a la AFP en el campo de Sharia, en el norte de Irak, donde sobrevive junto a otros miles de desplazados.

Ahí, se ha convertido en un ejemplo esta joven longuilínea, de pelo negro, procedente de la torturada minoría yazidí, y que era una desconocida antes de convertirse en el símbolo de los atrocidades del EI.

Iman acaba de regresar de India, donde ha recibido el prestigioso premio Madre Teresa, en nombre de la Dirección de Rescate de los Yazidíes.

Esta institución, para la que trabaja la joven, fue creada en el Kurdistán iraquí tras el horror sufrido en el verano boreal de 2014, cuando los yihadistas impusieron su ley en la zona, matando a hombres, transformando a los jóvenes en niños-soldados y a miles de mujeres en esclavas sexuales. La organización ya ha salvado a unas 5.000 yazidíes que estaban en manos del EI.

En Bombay, "he contado mi historia y las de otras supervivientes yazidíes, y algunos en la asamblea se pusieron a llorar", dice a la AFP Iman Abas, cuando este lunes es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Imán relató cómo, apenas con 13 años, fue secuestrada junto a su familia. Fue separada de ésta y luego vendida tres veces en los tristemente célebres mercados de esclavas del EI.

- Memorizar el Corán -

Su último "propietario", un médico iraquí de 40 años, le propuso un pacto: "Si aprendía de memoria 101 páginas del Corán, me liberaba", cuenta la joven yazidí, que habla el idioma de los kurdos, y que debió aprender esos versículos en árabe.

"Cada día, debía recitar el Corán ante él. Llegué a memorizar las 101 páginas en un mes y cuatro días", prosigue la joven, en la tienda donde vive con su familia.

Fiel a su promesa, el hombre firmó --ante uno de los muy severos tribunales del EI en Mosul, "capital" del grupo en Irak-- un documento certificando que ella era ahora "una mujer musulmana libre".

Imán pudo entonces reunirse con su familia de pastores, obligados por el EI a cuidar rebaños en Tell Afar, en el noroeste del país. Luego fueron todos puestos en libertad por la Dirección de Rescate de los Yazidíes y conducidos al campo de Sharia.

Aunque Irak proclamó la vitoria contra el EI en 2017 y el grupo yihadista perdió en marzo su último bastión en Siria, varios miles de yazidíes siguen desaparecidos.

Algunos, convertidos al islam, siguen viviendo con familias musulmanas, ya que tienen miedo o vergüenza de volver a sus hogares, según responsables yazidíes.

Iman Abas explica que una de sus tareas es persuadir a las yazidíes de que retornen a sus casas.

- "Más fuerte" -

La trayectoria de la joven recuerda a la de Nadia Murad, premio Nóbel de la paz que también huyó del EI y sigue defendiendo de forma incansable la causa de su pueblo yazidí en todo el mundo.

Más tarde, Iman querría ser abogada para defender los derechos de su comunidad, marginada por la sociedad iraquí, que la considera herética.

De momento, termina el bachillerato y aprende inglés, según explica, bajo la mirada atenta de sus padres, que la miran, orgullosos. Muchos yazidíes llaman para felicitarlos por tener en la familia una portavoz que haga conocer al mundo su tragedia.

Abdalá, el padre, reconoce que atrás queda la época en que vivía con vergüenza y escondía a su hija. "Al principio, cuando ella contaba su cautiverio, yo le deba la espalda porque era demasiado duro para mí mirarla de frente", confiesa.

Ahora, el orgulloso padre desearía que todas las supervivientes yazidíes pudieran hablar con la misma libertad que su hija.

Porque, según explica, "Imán es más feliz y más fuerte desde que ha contado su historia en público".

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