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Dublín y la UE rechazan la vuelta de la frontera con el Úlster tras el Brexit

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk (dcha), con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, en Dublín este 1 de diciembre de 2017 afp_tickers
Este contenido fue publicado el 01 diciembre 2017 - 12:46
(AFP)

La Unión Europea no aceptará la reinstauración de los controles fronterizos con la provincia británica de Irlanda del Norte tras el Brexit, afirmó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dando su apoyo total a Dublín.

"Si la oferta británica es inaceptable para Irlanda, también será inaceptable para la Unión Europea", dijo Tusk, en una visita a Dublín para reunirse con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar.

Varadkar, por su parte, afirmó que está preparado para "ser firme junto a nuestros aliados si la oferta británica no es satisfactoria", aunque reconoció que ha habido "progresos" en el tema.

Dublín y Bruselas temen que la reinstauración de la frontera traiga ecos de los peores años del conflicto norirlandés -con militares y policías a ambos lados- y que perjudique a la economía de la zona fronteriza, cuya mejora en los últimos años es uno de los factores de pacificación en el conflicto entre católicos republicanos y protestantes unionistas.

Al mismo tiempo, y añadiendo confusión, Londres dice que tampoco quiere una frontera dura, sino una "sin fricciones", pero no precisa cómo reconciliar eso con su pretensión de abandonar el mercado único.

El encuentro entre Tusk y Varadkar se produjo a dos semanas de la cumbre europea del 14 y el 15 de diciembre donde se decidirá si se avanza a la segunda fase de las negociaciones de divorcio con el Reino Unido, la que tanto anhela Londres, la de la futura relación comercial.

La UE ya ha avisado de que no se avanzará si no está satisfecha en tres temas: el futuro de los europeos en el Reino Unido, el montante de la factura de divorcio y la frontera con Irlanda del Norte.

"La frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte ya no es un símbolo de división, es un símbolo de cooperación. Y no podemos permitir que el Brexit destruya este logro" de los acuerdos de paz de 1998, dijo Tusk.

Irlanda, por su parte, reiteró que quiere garantías de que Londres no reinstaurará la frontera y que no permitirá que las negociaciones de divorcio UE-Reino Unido avancen si no las consigue.

"No podemos permitir" que el Brexit "separe a las comunidades", dijo el ministro de Exteriores irlandés, Simon Coveney.

Coveney dijo que quieren "garantías" de Londres o no permitirán que las negociaciones del Brexit avancen hacia la discusión de la futura relación comercial, la parte que más interesa a los británicos.

"No se nos puede pedir que demos un salto al vacío", añadió.

- Puestos fronterizos, inevitables -

Dublín quiere además que el norte británico de la isla mantenga el mismo marco regulador que el sur irlandés, lo que significaría de facto que el Úlster se mantendría en los espacios económicos europeos a diferencia del resto del país.

"Si Irlanda del Norte abandona la UE, como hará siendo parte del Reino Unido, el gobierno británico tiene la obligación de asegurar que protege y mantiene los avances logrados en los últimos 20 años", dijo Coveney.

La provincia británica de Irlanda del Norte, también conocida como Úlster, vivió 30 años un conflicto sangriento entre leales a Dublín y a Londres que dejó más de 3.000 muertos y concluyó con los Acuerdos de Paz de Viernes Santo, en 1998.

Este viernes, el comité parlamentario británico que supervisa el Brexit aseguró que va a ser difícil no reinstaurar los controles fronterizos.

"No vemos de que modo sería posible reconciliar la ausencia de frontera con la política del gobierno (británico) de dejar el mercado único y la unión aduanera", aseguró el comité.

Además, estimó que algunas ideas esbozadas por el gobierno británico, como la de instalar tecnología para que los controles fronterizos sean prácticamente invisibles, "no se probaron nunca" y entran en el terreno de la especulación.

No todos los miembros del comité apoyaron las conclusiones, de las que se desmarcaron algunos diputados conservadores pro-Brexit, que en la campaña del referéndum de junio de 2016 aseguraban que la salida de la UE no debería tener mayores costes y que ahora amenaza con encallarse en el tema irlandés.

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