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Una mujer entra en una Agencia de Empleo en Helsinki el 10 de enero de 2017

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Por una hora de trabajo Juha Järvinen se enfrentaba a un papeleo interminable y perdía parte del subsidio por desempleo. La renta básica universal a prueba en Finlandia le ha cambiado la vida.

El programa piloto comenzó el 1 de enero, con una duración de dos años y 2.000 participantes parados con subsidios bajos. En caso de éxito podría generalizarse, aunque todavía no se ha fijado el montante ni las modalidades.

Järvinen tiene 37 años y es padre de seis hijos. Cobrará 560 euros mensuales sin condiciones, además de los subsidios familiares (800 euros) y de su salario en el caso de que encuentre un empleo.

La seguridad social garantiza que ninguno de los participantes salga perdiendo.

- Incitar la búsqueda de empleo -

Juha Järvinen está convencido de que la garantía de un ingreso mínimo -al que se añadiría lo que perciba por un empleo si lo consigue- cambiará su situación. "Hace cinco años, mi empresa quebró y desde entonces lo único que quiero es recuperarme" pero "las pequeñas sumas que gano me las descuentan" de los subsidios por desempleo, explica.

Él lo vive como una "humillación". Este habitante de Kurikka (oeste) se desanimó y acabó rechazando los trabajos precarios o los empleos con contrato temporal que le proponían. Con ellos no ganaría más que con la retribución por desempleo.

La familia vive prácticamente del salario de su mujer, auxiliar de enfermería. Finlandia se rige por un modelo de Estado providencia, uno de los más generosos del mundo, pero el coste de la vida es muy elevado.

La renta básica universal suscita consenso entre los políticos, que lo ven como una manera de incitar a los desempleados a encontrar trabajo.

La población, por el contrario, no lo tiene tan claro. La mayoría de los votantes de izquierda le dan el visto bueno e incluso les parece insuficiente, pero los de la derecha alertan del riesgo, según ellos, de que los beneficiarios se estanquen en la inactividad.

Para la Confederación sindical SAK, el peligro es "subvencionar" el empleo mal pagado, exonerando a las empresas de ofrecer contratos a tiempo completo bien remunerados, porque el Estado provee parte de las necesidades de la persona.

"No apoyamos un mercado laboral sin salarios decentes, en el que la seguridad social paga parcialmente a los trabajadores. En la práctica esto equivale a una ayuda para las empresas", lamenta su presidente Jarkko Eloranta.

Finlandia, un país de la zona euro, intenta reactivar la economía después de tres años de recesión (2012-2014). Su tasa de paro es relativamente alta (8,7%) y la de larga duración también (uno de cada tres desempleados no ha encontrado trabajo al cabo de un año).

El gobierno proausteridad del centrista Juha Sipilä promueve la renta básica universal como medio de estímulo del empleo, pero sus detractores opinan que en realidad el gobierno podría aprovecharlo para reducir las ayudas sociales.

La renta básica universal consiste en una remuneración para todos, sin condición de patrimonio ni de trabajo, acumulable con el salario.

Lo defienden distintas corrientes ideológicas, pero con intereses dispares. Para la izquierda es un vector de inclusión social e incluso de cambio de paradigma con respecto al "trabajo alienante"; para los liberales, un medio de fusionar las ayudas sociales que, según ellos, fomentan la holgazanería.

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AFP