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Las mujeres, en primera línea de las manifestaciones en Tailandia

Chonticha 'Lookkate' Jangrew (C) es un rostro familiar en las manifestaciones y suele ser la única habilitada para negociar con la policía afp_tickers
Este contenido fue publicado el 22 diciembre 2020 - 08:13
(AFP)

Denuncias de violencia sexual y doméstica, despenalización del aborto o legalización de la prostitución, son algunas de las reivindicaciones de las mujeres que están en la primera línea de las manifestaciones en Tailandia.

La AFP se ha reunido con tres de ellas. En el frente de la batalla, luchan por la libertad de expresión femenina, insólito en el reino, donde pese a que las tailandesas disfrutan de poder económico, siguen excluidas de las instituciones que dirigen el país.

- Negociadora jefa -

"Cortamos las alambradas, nos acercamos al Parlamento. No daremos marcha atrás". Chonthicha Jangrew, llamada "Lookkate" (uva), coordina las acciones de choque de los manifestantes y es la única habilitada para negociar con las fuerzas del orden.

La joven de 27 años, estudiante y militante de los derechos humanos desde el golpe de Estado de 2014, ha sido inculpada en 13 ocasiones en menos de cinco meses y se enfrenta a largos años de cárcel por "sedición".

También es blanco de los ultramonárquicos: "Recibo amenazas de muerte, insultos de carácter sexual", pero "tenemos que hacer lo mismo que los hombres si queremos igualdad".

Como la mayoría de los manifestantes, reclama la dimisión del primer ministro y reformar la monarquía y la Constitución.

También aboga por una mayor representación de las mujeres en los puestos de decisión del país. Estas carecen de voz en el ejército o la monarquía, ocupan el 14% de los escaños del Parlamento y el 10% de los puestos en el Ejecutivo.

Esta activista, cuyo padre es militar, ha crecido en un entorno conservador. "He necesitado emanciparme. No escondo mis opiniones a mi familia. Las acepta pero me tienen miedo", dice.

- ¿Carrera rota? -

"Me han cancelado una parte de los contratos" dice Inthira Charoenpura, "Sai" (arena), estrella de la pantalla pequeña y grande desde su adolescencia en Tailandia. Desde que se puso del lado de los manifestantes ha sido marginada en su profesión.

"En el show business, nadie osa hablar de política por miedo a que su carrera quede destruida".

Seguida por 450.000 admiradores en las redes sociales, la actriz de 40 años es la única cara conocida que ha reconocido que apoya financieramente las protestas y se arriesga a ser inculpada por crimen de "lesa majestad".

Con las donaciones que recaba distribuye comida, cascos, máscaras de gas y patos inflables, utilizados como escudo para protegerse de la policía.

"Los manifestantes son muy valientes. En nuestro país, los movimientos de protesta se saldan a menudo con muertos", dice en referencia a la represión de las Camisas Rojas en 2010 (90 víctimas).

Todavía no habla de victoria para las mujeres sino de "cambio irreversible". "La palabra se empieza a liberar", una necesidad en un país en el que la violencia doméstica es objeto de preocupación de la ONU. "Este combate es más importante que el cine que corre por mis venas", dice Sai, hija de un director de cine y de una productora.

- Aborto -

En 2013, Chumaporn Taengkliang, conocida como "Dao" (estrella), trajo clandestinamente de China, escondidas en su cuerpo, 10.000 pastillas abortivas, difíciles de encontrar entonces en Tailandia.

Siete años más tarde, convertida en una de las líderes del movimiento prodemocracia, arenga a la masa, encima de una pequeña tarima, y pide que se despenalice el aborto.

La interrupción del embarazo es legal en el reino en ciertos casos (riesgo para la salud de la madre o violación) pero una mujer puede ser perseguida en justicia y ser condenada a tres años de cárcel.

"Es un arcaísmo", dice Dao, de 34 años, que se congratula de que el gobierno se inclina por la descriminalizar aunque "haya que ir más lejos todavía".

La activista aboga por legalizar la prostitución y osa criticar la vida tumultuosa del rey que se ha procurado una concubina oficial, un hecho sin precedentes desde el fin de la monarquía absoluta en 1932.

Nacida en una familia conservadora del sur del país en la "que su padre pegaba a su madre", asegura que desde los 12 años sabía que "tenía que luchar contra todo esto".

Lanza un llamado a los otros líderes prodemocracia, muchos hombres: "Déjennos que se nos oiga más. Nunca más permaneceremos en segunda fila, siempre estaremos en la primera".

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