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La joven paquistaní premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai en Irak, el 11 de julio de 2017

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La joven paquistaní premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai criticó este lunes a su homóloga Aung San Suu Kyi, líder de facto de Birmania, por su gestión del drama de la minoría musulmana rohinyá en el país, sumándose así a las numerosas protestas internacionales.

"Cada vez que veo las noticias, se me rompe el corazón ante el sufrimiento de los musulmanes rohinyás de Birmania", escribió la paquistaní de 20 años en Twitter, donde tiene cerca de 850.000 seguidores.

"En los últimos años he condenado en repetidas ocasiones el trato vergonzoso del que son objeto. Sigo esperando que mi compañera laureada Aung San Suu Kyi haga lo mismo", tuiteó Malala, que está a punto de iniciar sus estudios universitarios en Oxford como lo hizo la líder birmana hace décadas.

Decenas de miles de miembros de la minoría musulmana huyeron del estado de Rakáin, en el oeste de Birmania, después de que el ejército birmano lanzara una operación tras un ataque de los rebeldes del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA, por sus siglas en inglés) contra una treintena de comisarías de policía.

Pero, a pesar de un balance de al menos 400 muertos, Aung San Suu Kyi eludió hablar del tema, mientras su servicio de prensa difundía en los últimos diez días fotos de soldados muertos y comentarios críticos con los medios internacionales, acusados de no designar sistemáticamente a los atacantes rohinyás como "terroristas".

El ARSA afirma por su parte que lucha por los derechos que se les niega a los rohinyás.

Este lunes, la líder birmana se entrevistó con la ministra de Exteriores indonesia, Retno Marsudi, enviada para intentar presionar a Birmania.

Sólo se difundieron unas fotos del encuentro, sin ninguna mención a las decenas de miles de refugiados ni a la violencia atribuida al ejército.

"La violencia y esa crisis humanitaria deben cesar de inmediato", declaró el domingo el presidente indonesio Joko Widodo, al anunciar el encuentro entre Aung San Suu Kyi y Marsudi.

- Crisis regional -

Los dirigentes de los países musulmanes de la región, con Indonesia al frente, están preocupados por el creciente descontento entre su población.

El ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, aseguró que "una acción internacional es crucial para evitar una limpieza étnica".

En Pakistán, el ministerio de Exteriores pidió a Birmania que investigue las acusaciones sobre las atrocidades cometidas contra la minoría rohinyá, considerada por la ONU como una de las más perseguidas del mundo.

"Estamos muy preocupados ante el creciente número de muertos y de musulmanes rohinyás obligados a desplazarse", declaró Islamabad, mientras que los talibanes afganos denunciaron un "genocidio".

"La terrible situación de nuestros hermanos y hermanas rohinyás debe mejorar por el bien de Birmania y de toda la región", dijo por su parte el primer ministro malasio Najib Razak.

Antes de Malala y los responsables de los países musulmanes de la región, varias voces de la comunidad internacional habían intentado en vano que Aung San Suu Kyi rompiera su silencio.

El 24 de agosto, la víspera del comienzo de los combates, una comisión internacional dirigida por el exsecretario general de la ONU, Kofi Annan, instó a Birmania a concederle más derechos a los rohinyás por temor a que estos "se radicalizaran".

A finales de noviembre, el papa Francisco, ardiente defensor de la causa rohinyá, viajará a Birmania y se reunirá con la líder del país asiático.

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AFP