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Donald Trump habla durante una rueda de prensa el pasado 23 de mayo en la ciudad cisjordana de Belén

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El mundo entero esperaba y luego del suspenso inicial el presidente estadounidense Donald Trump expresó el miércoles que anunciará su posición respecto del acuerdo de París sobre el clima este jueves a las 19H00 GMT.

"Anunciaré mi decisión sobre el Acuerdo de París el jueves a las 3:00 P.M (local). En el Rosedal de la Casa Blanca. DEVOLVAMOS LA GRANDEZA A ESTADOS UNIDOS", dijo el mandatario en la red Twitter, repitiendo una consigna de su campaña.

Trump había jugado al misterio y había señalado poco antes al ser bombardeado por preguntas sobre este tema en el Salón Oval de la Casa Blanca: "Lo sabrán muy pronto". "Estoy escuchando a un montón de gente, de ambas posiciones", agregó.

Previamente, mientras varios medios estadounidenses anunciaban que su intención era retirarse del acuerdo, Trump se había limitado a afirmar vía Twitter que daría a conocer su decisión "en los próximos días".

Concluido a finales de 2015 en la capital francesa por más de 190 países bajo los auspicios de la ONU, este acuerdo tiene por objetivo limitar el ascenso de la temperatura mundial reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero.

Una retirada estadounidense sería una verdadera deflagración, 18 meses después de lograrse este acuerdo histórico del que Pekín y Washington, bajo la presidencia de Barack Obama, fueron los arquitectos centrales.

La cuestión dividió profundamente a la cumbre del G7 que acaba de concluir en Sicilia, donde todos los participantes, a excepción del inquilino de la Casa Blanca, reafirmaron su compromiso con este acuerdo sin precedentes.

La ministra canadiense de Medio Ambiente, Catherine McKenna, pidió al gobierno estadounidense que no abandone el acuerdo de París.

"Estaremos en la mesa desempeñando nuestro papel porque creemos que es lo que hay que hacer y tiene sentido desde el punto de vista económico", dijo McKenna, haciendo alusión a una "gran oportunidad económica" en el desarrollo y el despliegue de las "tecnologías limpias".

Durante su campaña electoral, el hombre de negocios, que insistió en querer poner fin a la "guerra contra el carbón", prometió "anular" este acuerdo.

Pero tras su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero, emitió señales contradictorias, reflejo de las corrientes contrarias que atraviesa su gobierno sobre la cuestión del clima y sobre el papel de Estados Unidos en el mundo y su relación con el multilateralismo.

El director de la agencia estadounidense de protección del ambiente (EPA), Scott Pruitt, se pronunció abiertamente a favor de una salida del acuerdo, considerando que era "malo" para Estados Unidos.

Pero el mundo de los negocios se pronunció, en su gran mayoría, a favor de un mantenimiento en el acuerdo de París y una docena de grandes grupos como la petrolera ExxonMobil, el gigante agroquímico DuPont, Google, Intel o Microsoft, presionaron a Trump para que no deje de lado el acuerdo.

Los accionistas de ExxonMobil votaron por amplia mayoría el miércoles en favor de una propuesta tendiente a obligar a la empresa a evaluar el impacto financiero de las políticas sobre el clima sobre su actividad tras el acuerdo de París.

ExxonMobil había llamado a votar contra la propuesta, pero según los resultados definitivos de la asamblea, el 62,3% de los accionistas se pronunciaron a favor de esa resolución, inspirada por militantes ecologistas y presentada por el fondo de pensiones del estado de Nueva York.

- 'Incapacidad' de crecer -

Una solución puesta de relieve por algunos responsables del gobierno era mantenerse en el acuerdo, al mismo tiempo que se relanzaba un examen de los objetivos estadounidenses.

Esto habría permitido a Estados Unidos mantener una silla en la mesa de negociaciones mientras enviaba, internamente, la señal de una cierta ruptura con el gobierno demócrata de Obama.

Contrariamente a lo que indicaba el protocolo de Kioto (1997), el acuerdo concluido en París no fija objetivos obligatorios por país, sino que los compromisos nacionales son de carácter voluntario.

El objetivo de Estados Unidos, fijado por Obama, es reducir entre 26% y 28% sus emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2025 con respecto a los niveles de 2005.

Trump ha denunciado en repetidas ocasiones estos objetivos considerándolos demasiado elevados.

"Sabemos que los niveles a los que la administración precedente se comprometió serían muy incapacitantes para el crecimiento económico estadounidense", indicó Gary Cohn, consejero económico de Trump.

Según un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) de esta semana, el número de personas empleadas en este sector ha pasado de 7 millones en 2012 a 9,8 millones en 2016, cifra que de aquí a 2030 podría alcanzar los 24 millones, "compensando (así) las pérdidas de empleos en el sector de los combustibles fósiles".

Más allá de la cuestión económica, se encuentra la posición de Trump sobre el cambio climático, objeto de un vasto consenso científico.

Interrogado el martes sobre este tema, el portavoz de la presidencia estadounidense, Sean Spicer, se mostró muy evasivo.

¿El presidente cree en el impacto de las actividades humanas en el cambio climático, tema que es objeto de un amplio consenso científico?

"No puedo decirlo, no le he preguntado", respondió Spicer.

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