Alejandro Gil: de colaborador de Díaz-Canel a condenado por corrupción y espionaje en Cuba
La Habana, 23 ene (EFE).- El ex viceprimer ministro y exministro de Economía de Cuba Alejandro Gil, cuyas dos sentencias condenatorias, entre ellas cadena perpetua por espionaje, fueron declaradas firmes este viernes por el Tribunal Supremo, es el perfil político más destacado que cae en desgracia en el país en al menos 15 años.
En 2024, Gil pasó en poco más de un mes de responsable de la implementación de reformas económicas clave -además de estrecho colaborador del presidente, Miguel Díaz-Canel- a ser cesado, acusado de “errores graves” y detenido.
En noviembre pasado, un año y siete meses después de su defenestración, la Fiscalía General de la República lo acusó formalmente de once delitos, entre ellos varios económicos -como malversación, cohecho, evasión fiscal y lavado de activos-, pero también de espionaje.
El exministro fue finalmente juzgado ese mes en una doble vista y el 8 de diciembre el Tribunal Supremo Popular anunció las sentencias condenatorias en ambas causas.
¿Cuál fue su trayectoria?
Gil, ingeniero en explotación del transporte, hizo su carrera profesional previa en la empresa estatal cubana, tanto en la isla como en el extranjero, y en puestos intermedios del Ministerio de Finanzas y Precios.
En julio de 2018 fue nombrado ministro de Economía y Planificación como una de las caras nuevas que llegaron al Ejecutivo cuando el presidente, Miguel Díaz-Canel, accedió a la presidencia en sustitución de Raúl Castro (2008-2018).
Después asumió como uno de los viceprimeros ministros del país y accedió al Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal), convirtiéndose en una figura política de peso.
¿Cuáles fueron sus medidas clave?
Entre sus misiones principales estuvo la implementación de la gran reforma de 2021 (diseñada por otros desde 2010), que trató de poner fin al uso de una doble moneda en Cuba. La controvertida Tarea Ordenamiento resultó un fracaso que hundió el valor del peso y abrió las puertas a la dolarización en la isla.
También fue el encargado de aplicar las primeras medidas de ajuste para tratar de estabilizar la economía. Entre ellas destacó la polémica subida de los combustibles, con incrementos de hasta el 400 %.
En su haber se cuenta la apertura de ciertos ámbitos económicos al sector privado y la aparición de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que oxigenaron en cierta medida el comercio y la distribución en la isla, afectada por una aguda carestía. El crecimiento de estos actores se estancó tras la salida de Gil.
¿Cómo cayó en desgracia?
El 2 de febrero de 2024 se comunicó el cese de Gil sin grandes explicaciones, lo que entonces se interpretó mayoritariamente como una decisión política tras una serie de reveses en la aplicación de reformas económicas que estaban generando un amplio malestar social.
Apenas un mes después, el 7 de marzo, Diaz-Canel emitió un inusual comunicado en el que dijo que tras una “rigurosa investigación” se habían detectado “graves errores” en la conducta de Gil y que el exministro había reconocido “graves imputaciones”.
El Gobierno «nunca ha permitido ni permitirá jamás la proliferación de la corrupción, la simulación y la insensibilidad», aseguró entonces el presidente sin aportar detalles. Sólo ahora la fiscalía ha apuntado los delitos, aunque sin aclarar los hechos.
¿Cuál era su relación con Díaz-Canel?
El exministro era una persona muy cercana a Díaz-Canel, según analistas y observadores. Gil llegó al Gobierno de la mano del presidente y ambos encarnaron el mayor impulso en años en favor del sector privado (las empresas privadas estuvieron prohibidas entre 1969 y 2021).
El presidente fue el director de tesis de Gil y poco después de su cese -pero semanas antes de que él mismo anunciase la investigación judicial- lo felicitó públicamente por su cumpleaños en redes sociales.
La opacidad del oficialismo en torno a este caso ha generado múltiples especulaciones sobre posibles motivaciones políticas en la caída de Gil. La imputación por espionaje no ha hecho sino azuzarlas.
¿Hay precedentes de una caída política así?
Desde el triunfo de la revolución cubana en 1959 se han registrado un puñado de sonoras caídas en desgracia de altos cargos. Los nombres propios de esta escueta lista dan cuenta de la relevancia del caso de Gil desde una perspectiva histórica.
Ahí aparecen figuras como el comandante del ejército rebelde Huber Matos, acusado de sedición en 1959 y condenado a 20 años de cárcel; y el general de División Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989 por traición a la patria y tráfico de drogas tras un juicio sumario.
En años más recientes fueron defenestrados el jefe del Departamento Ideológico del PCC Carlos Aldana (1992), el canciller Roberto Robaina (1999), el secretario del Consejo de Ministros Carlos Lage (2009) y el también canciller Felipe Pérez Roque (2009). EFE
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