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Buteflika, el hombre de paz que se aferra al poder

Foto de Buteflika en un circuito electoral el 23 de noviembre de 2017 en Argel durante una consulta local afp_tickers

Elogiado durante mucho tiempo por haber restablecido la paz en Argelia tras una década de guerra civil, Abdelaziz Buteflika, de 82 años, aparece ahora como un hombre que se aferra al poder a pesar de su frágil salud.

Elegido en 1999, «Butef», como lo llaman de forma familiar sus compatriotas, oficializó el domingo su candidatura para un quinto mandato presidencial, que sería un récord para un jefe de Estado argelino.

Quien fuera el ministro de Relaciones Exteriores más joven del mundo con 26 años, hoy es un hombre silencioso hundido en una silla de ruedas desde el accidente cerebrovascular que sufrió en 2013, que requirió una larga hospitalización en París.

Un impactante contraste con el inicio de su mandato, en 1999, cuando se presentaba como un orador locuaz y dirigente hiperactivo que recorría su país y el mundo.

«Yo soy Argelia entera, soy la encarnación del pueblo argelino», dijo a su llegada al poder.

Nacido el 2 de marzo de 1937 en Uchda (Marruecos) en el seno de una familia originaria de Tlemcen, en el oeste argelino, Buteflika se adhirió en 1956, con 19 años, al Frente de Liberación Nacional (FLN) que luchaba contra Francia, entonces la potencia colonial.

Con la independencia del país, en 1962, se convirtió con apenas 25 años en ministro de Deportes y Turismo bajo la presidencia de Ahmed Ben Bella, un año antes de heredar la cartera de diplomacia, que mantuvo hasta 1979.

En junio de 1965, apoyó el golpe de Estado de Huari Boumédiène, entonces ministro de Defensa, quien depuso a Ben Bella y asumió la jefatura del Estado. Buteflika se posicionó como delfín de Boumédiène, pero a su muerte, en 1978, el ejército lo apartó de la sucesión, y después se alejó progresivamente de la escena política.

– Artífice de la reconciliación –

Tras un exilio en Dubái y Ginebra, Buteflika, impuesto por el ejército, se presentó como candidato a las elecciones presidenciales de abril de 1999, en las que ganó como único aspirante tras la retirada de sus seis adversarios ante eventuales fraudes.

Con Argelia en plena guerra civil contra la guerrilla islamista -un conflicto que dejó oficialmente unos 200.000 muertos en 10 años- el nuevo presidente buscó restablecer la paz.

En septiembre de 1999, logró un ‘sí’ masivo en el referéndum sobre la ley de «concordia civil», que amnistiaba a los islamistas armados que no cometieron crímenes de sangre ni violaciones y depusieran las armas, lo que provocó la rendición de miles de islamistas.

Acusado por sus detractores de no ser más que una marioneta del ejército, Buteflika mostró desde su elección su independencia respecto a esta poderosa institución.

Fue reelegido en primera vuelta tanto en 2004 (con 85% de los votos) como en 2009 (90%), tras una revisión de la Constitución que eliminaba el límite de dos mandatos presidenciales.

En 2011, mientras la «Primavera árabe» acababa con varios dirigentes de la región, Buteflika compró la paz social gracias al maná del petróleo.

«Debería haber dejado sus funciones al término de su segundo mandato, tras haber logrado la reconciliación nacional y conquistado el corazón de gran parte de la población», considera el politólogo Rachid Tlemçani.

– Frágil salud –

Las dudas sobre su capacidad para gobernar aumentaban a medida que su salud se deterioraba. Fue hospitalizado de urgencia en París a finales de 2005 debido a una hemorragia gástrica, y después, en 2013, por un accidente cerebrovascular que le dejó importantes secuelas.

Durante su hospitalización de 80 días en París, la oposición llamó en vano al Consejo Constitucional a aplicar el procedimiento de destitución.

Contra todo pronóstico, en 2014 encadenó un cuarto mandato.

Desde entonces, el jefe de Estado, con su habitual traje de tres piezas y corbata, apenas aparecía en público.

No obstante, durante esa época reforzó aún más sus poderes, al disolver a inicios de 2016 el todo poderoso Departamento de Inteligencia y Seguridad y despedir a su jefe, el intocable general Mohamed Médiène.

Su cuarto mandato estuvo marcado también por la caída de los precios del petróleo, lo que puso en evidencia la fuerte dependencia de la economía argelina de los hidrocarburos.

Su reinado quedó manchado por importantes escándalos de corrupción, y por la sangrienta represión de manifestantes en la región de Kabilia en la primavera (boreal) de 2001.

Para Myriam Ait Audia, profesora de Ciencias Políticas, «Buteflika no logró convertir Argelia en un país moderno, dotado de verdaderas instituciones».

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