Centroamérica despide su verano con el estallido amarillo y rosa de los guayacanes
Redacción Centroamérica, 5 mar (EFE).- Centroamérica despide su verano con un espectáculo natural a través del estallido de las flores amarillas de los guayacanes y rosas de los robles de sabana, unos árboles con gran impacto social en la región que florecen durante estos meses para dar paso a la época lluviosa, pero sin escapar de los estragos de la crisis climática.
Desde Guatemala hasta Panamá, tanto el ‘Handroanthus chrysanthus’ (guayacán amarillo) como el ‘Handroanthus roseus’ (roble de sabana) rompen el característico paisaje verde de la región con sus llamativos colores, que solo pueden verse durante unas pocas semanas al año.
La floración de ambos árboles de la familia ‘Bignoniaceae’ sucede a la vez, durante los últimos coletazos de la época seca, que va desde noviembre hasta abril aproximadamente, preparando el terreno para el ciclo de lluvias que inicia en mayo.
«Son dos especies que embellecen el cierre de la temporada seca», explica a EFE Omar López, el director de ciencia del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global, bajo un tupido guayacán amarillo en el edificio de la Administración del Canal de Panamá.
El guayacán amarillo: una epifanía en la sequía
El guayacán amarillo, también conocido como cortés amarillo, crece en bosques de secos a húmedos y de elevación baja a media, según una guía del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés).
«Tiene la característica de ser tolerante a la sequía. Entonces, cuando viene la sequía, para evitar el estrés hídrico, en diciembre comienza a botar sus hojas. Luego se queda sin hojas por un tiempo y, cuando viene la temporada de lluvias, tira su floración», explica el experto panameño.
Aunque se desarrolla en otros países como México, Colombia o Ecuador, el ‘Handroanthus chrysanthus’ habita con frecuencia en el Corredor Seco de Centroamérica, un área paralela al Pacífico de unos 150.000 kilómetros que atraviesa desde Panamá hasta Guatemala caracterizada por el clima seco, agravado por la crisis climática.
Pero en urbes como Ciudad de Panamá adorna las avenidas, parques y jardines particulares, creciendo en cualquier espacio de esa húmeda capital centroamericana. Sus flores «campanuladas» -un tubo que se ensancha como una campana o farolillo- crean alfombras florales sobre las aceras.
Al ser una especie «caducifolia» (hoja caduca que se cae al empezar la estación desfavorable), «todos» los guayacanes amarillos florecen «sincrónicamente» al concluir la temporada seca porque las lluvias hacen de «interruptor de su reproducción y luego florece», recuerda López.
El guayacán rosa: una inspiración para la poesía
En cambio, el guayacán rosa (Panamá), roble de sabana (nombre en Costa Rica) o macuelizo (como se conoce en Honduras) tiene una distribución más reducida, especialmente en áreas más húmedas de hasta 1.200 metros de altitud) de Centroamérica.
Casi a similitud que su «primo hermano», el ‘Handroanthus roseus’ decora las áreas urbanas y bosques secundarios de Centroamérica al elevarse hasta los 40 metros de altura con sus claras flores rosas de forma acampanillada.
«Es un paisaje completo cuando empiezan a florecer, (…) pintan el escenario de colores en una temporada seca donde muchos creerían que los árboles están muertos, pero solo son caducifolios», relata a EFE la bióloga hondureña Rosely Vallecillo.
Bajo el nombre de maquilishuat, está considerado el árbol nacional de El Salvador desde el 26 de junio de 1939 por decreto ley, mientras que en Honduras y Nicaragua da nombre a los municipios de Macuelizo, fundados en 1794 y 1815, respectivamente, y bautizados así por la abundancia de ese árbol de flores rosadas.
Su característica belleza ha sido inspiración para la literatura salvadoreña, plasmada en versos como los de los poetas Orlando Fresedo al citar «el frescor con sus esponjas de maquilíshuat / lava los ventanales matutinos» y Mercedes Durand al referirse en Vengo del viento a «la aurora vegetal del maquilíshuat».
Se cree que el sobrenombre de macuelizo tiene origen indígena, ya que en la extinta lengua matagalpa significa «cinco flores», según una página oficial del Instituto Nicaragüense de Turismo.
Entre la ebanistería y la crisis climática
Sin embargo, todos los árboles del género ‘Handroanthus’ fueron incluidos en 2023 en el Apéndice II de la lista de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) para endurecer las regulaciones para la comercialización de manera lícita y sostenible.
Debido a que ambos árboles también son usados para la carpintería y ebanistería al ser una madera «preciada» tanto por su «dureza» como por su «lento crecimiento», detalla Omar López. En concreto, son utilizados para la fabricación de muebles, artesanías y herramientas, así como para la captura de carbono y reforestación.
Tampoco estos árboles escapan de los embates de la crisis climática pues, como explica López, las inusuales lluvias dentro de la época seca alteran su «patrón de floración común», haciendo que los Handroanthus estallen sus flores varias veces durante la etapa más cálida del año en Centroamérica. EFE
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