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Comer pato en Ramadán, la tradición egipcia que se construyó con el canal de Suez

Carles Grau Sivera y Samar Ezzat

Port Said (Egipto), 17 feb (EFE).- «En el primer día de Ramadán es obligatorio comer pato», declaran orgullosos los vecinos de la ciudad nororiental egipcia de Port Said, fundada bajo dominio colonial en Egipto hace unos 170 años para construir el canal de Suez, cuya obra dejó tradiciones adaptadas de Europa que perduran hasta hoy.

En el concurrido mercado popular del barrio de Al Arab, el más antiguo de Port Said, miles de patos graznan mientras esperan su cita ineludible con la tradición en jaulas y corrales improvisados en medio de la calle, donde los vendedores incluso los lanzan al aire para que batan sus alas y así atraer a más clientes.

Se acerca el mes sagrado musulmán del ramadán y, con él, una de las tradiciones más arraigadas de esta ciudad, donde hace casi dos siglos vivieron muchos occidentales -principalmente franceses, británicos, italianos y griegos- que coordinaban las obras, gestionaban la vía marítima y que trajeron consigo sus propias costumbres.

Sentado frente a una pollería del mercado, Hasán Mashary, un cliente de 65 años, resume esta tradición exclusiva de Port Said de una forma simple: «Así como en Navidad se come pavo, en el primer día de Ramadán se come pato».

Una disputa culinaria entre barrios

En su fundación, Port Said se dividió en dos barrios: Al Arab (Los Árabes), donde residían los trabajadores egipcios; y Al Efrang (una transliteración al árabe del francés ‘Les Francs’), que fue erigido por la Compañía del Canal de Suez para albergar a la población de la Europa Occidental que administraba la vía marítima.

«Los vecinos de Port Said adoptaron la costumbre de los extranjeros, que celebraban el fin de año con un pavo, y de ahí surgió una competición entre los trabajadores de Al Efrang y los de Al Arab», cuenta a EFE Mohamed Sobh, un empleado del puerto de 38 años.

Al ver el poderío económico de los extranjeros y sus ostentosos banquetes, los vecinos de Al Arab no se quisieron quedar atrás y optaron por comer pato en las celebraciones más importantes, como el inicio del Ramadán, al ser «una de las aves más caras y de mayor calidad», asegura Sobh.

Además, el pato está bien integrado en la gastronomía egipcia desde hace miles de años y su consumo se remonta al Antiguo Egipto, cuando se empezó a cazar y criar aves migratorias que sobrevolaban las aguas del río Nilo.

«De ahí se ha ido heredando, generación tras generación, hasta que ahora, 170 años después, la gente sigue comiendo pato», apunta el empleado portuario desde el ferry que lleva desde Port Said a la isla de Port Fuad, un viaje intercontinental de apenas diez minutos que conecta África y Asia a través del canal de Suez.

Un estilo de cocina único

Mohamed Darwish, el dueño de una pollería del mercado de Al Arab de 55 años, explica a EFE que el consumo de pato en los días previos al Ramadán se dispara. Puede llegar a vender hasta 5.000 ejemplares en apenas dos semanas, aunque en esta temporada el precio también escala un 35 % y llega a las 170 libras egipcias el kilo, unos 3,6 dólares.

Este incremento está poniendo en apuros a los egipcios, en un momento de crisis económica, y ahora hay incluso gente que sustituye el pato con pollo, lamenta a EFE Om Lobna, la dueña de otra tienda de aves de corral que reivindica las raíces de su ciudad.

Asegura que es fundamental comer pato en el primer día de Ramadán y que, además, hay que prepararlo al estilo de Port Said: una receta que se conoce como ‘Batt bel Marta’ y que consiste en rellenar el ave con cebollas picadas y sazonadas con sal, pimienta y comino.

«Yo, personalmente, lo lavo bien y lo relleno con cebolla, pasas y frutos secos. Lo cocino primero al fuego y después al horno, y a veces lo relleno con trocitos de hígado y mollejas», revela Om Lobna.

Eslam Nagy, un residente de Al Arab de 49 años, tiene una treintena de patos en la azotea de su edificio y los cría con sus familiares porque afirma que este manjar «es algo fundamental» para iniciar la festividad más importante del islam, y que ningún habitante de Port Said puede escapar del ‘Batt bel Marta’.

«Te guste o no el pato, te lo tienes que comer», sentencia entre risas. EFE

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(foto)(vídeo)

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