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Líbano: la sed del campo

Olivos arrancados por las Fuerzas de Defensa de Israel en el sur del Líbano
Olivos arrancados de raíz en el pueblo de Blida, en el sur del Líbano, el 20 de octubre de 2025. El ejército israelí (IDF) ha devastado la zona con tanques Merkava y excavadoras. AFP

Guerras, colapso económico y la escasez de lluvias llevan años asfixiando a la agricultura libanesa. En este contexto, los proyectos hídricos —como los que promueve Suiza— se enfrentan a enormes desafíos.

Casi una quinta parte de la población libanesa sufre inseguridad alimentaria aguda. Son más de 1,2 millones de personas, según la escala IPCEnlace externo elaborada, entre otros organismos, por la ONU. La principal causa es la guerra entre Hezbolá e Israel, un conflicto que ha provocado el desplazamiento interno de cerca de un millón de personas y la huida de cientos de miles más hacia Siria.

Estos desplazamientos masivos afectan a un país que desde hace tiempo depende de las importaciones alimentarias y cuya agricultura ha quedado gravemente debilitada durante la última década. Desde 2019, Líbano encadena crisis tras crisis: convulsiones políticas y financieras, una pandemia, la explosión del puerto, dos guerras con Israel y cadenas de suministro interrumpidas. Además, las posibles consecuencias del bloqueo del estrecho de Ormuz apenas empiezan a hacerse visibles. A ello se suma un nuevo problema: esta primavera las lluvias han sido inferiores a la media en toda la región.

Ahmad Hussain Katlib, agricultor de 65 años, vive en el distrito de Akkar, al norte de Líbano, una de las principales zonas agrícolas del país. Sus campos e invernaderos están en Arqa, una localidad por la que cruza un pequeño río del mismo nombre. Y precisamente ese río se ha convertido en una de sus mayores preocupaciones.

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«La situación del agua es muy mala», resumía Katlib durante una visita a finales de 2025. El año anterior había llovido menos de lo habitual y los años precedentes tampoco fueron especialmente favorables. «Por suerte tengo un pozo; no todo el mundo dispone de uno. Pero las aguas subterráneas, evidentemente, no son infinitas», explica el productor de hortalizas.

En pueblos como Arqa, el reparto del agua suele estar en manos de un shawish designado por el municipio. Cuando el agua escasea, no tardan en aparecer rumores de corrupción o mala gestión. «Pero este año ni siquiera ha llovido lo suficiente como para que pudiera engañarnos», bromeaba Katlib, a medio camino entre el humor y la frustración.

La guerra pasa factura al campo

La desconfianza refleja otro de los problemas estructurales de Líbano: la fragilidad de un Estado profundamente dividido desde el punto de vista político. Mientras algunos consideran que la nueva guerra supone un peligro para la cohesión nacional, otros confían precisamente en que provoque el efecto contrario.

Agricultor en el Líbano
El agricultor Ahmad Hussain Katlib en su invernadero. Giannis Mavris / SWI swissinfo.ch

«Líbano tiene una valiosa oportunidad para transformar su sector hídrico», afirma Nora Ourabah Haddad, representante en el país de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). «Para ello es necesario conectar distintos elementos. Es importante fortalecer las instituciones y hacer cumplir la normativa. También lo son las inversiones en infraestructuras e innovación, así como la integración de los sistemas de agua, energía y alimentación». Haddad considera que todavía existen vías hacia un desarrollo sostenible.

Katlib no ha sufrido de forma directa las consecuencias de la guerra, librada principalmente en el sur y el este del país. Aun así, confía en beneficiarse de un proyecto actualmente en preparación: una infraestructura de canalización pensada para garantizar un suministro de agua seguro y estable a la población que vive a lo largo del pequeño río.

El proyecto será ejecutado por la FAO y cofinanciado por Suiza. Para la representante de la organización en Líbano, llega en un momento decisivo: «Tenemos que mejorar hoy la vida de las personas y, al mismo tiempo, proteger los recursos para las generaciones futuras».

La diplomacia del agua suiza

La distribución del agua puede convertirse, en ocasiones, en fuente de conflictos. La diplomacia hídrica suiza es un enfoque que busca promover la paz mediante herramientas diplomáticas y cooperación internacional.

Además, Suiza trabaja para reforzar la seguridad hídrica con el objetivo de alcanzar las metasEnlace externo de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de la ONU. En un Líbano castigado por las crisis, también pretende contribuir a la estabilidad del país.

Además del proyecto de canalización mencionado, Suiza desarrolla otras iniciativas en territorio libanés, como el apoyo institucional a autoridades locales en el valle de la Bekaa en materia de gestión del agua, o la cofinanciación de proyectos promovidos por organizaciones locales dirigidos principalmente a personas refugiadas y en situación de pobreza.

Sin embargo, durante la primavera de 2026 la situación en Líbano ha vuelto a deteriorarse, y resulta difícil prever cómo se pueden llevar a cabo este tipo de proyectos a medio plazo.

La Embajada de Suiza en Beirut informó de que, como medida de emergencia, ya había aumentado a finales de marzo su aportación financiera a un proyecto hídrico de Unicef destinado a proporcionar agua potable a personas desplazadas dentro del país.

La estabilidad es un elemento esencial para proyectos plurianuales que implican a múltiples actores. Sin embargo, el actual alto el fuego entre Líbano e Israel, vulnerado de forma recurrente, complica enormemente cualquier planificación.

A ello se añade otro factor: la agricultura libanesa depende de personas trabajadoras temporeras, la mayoría procedentes de Siria. En los últimos meses, cada vez más se han visto obligadas a abandonar el país bajo la presión del Gobierno libanés.

>> Más información sobre por qué cada vez más personas refugiadas de Siria están dejando Líbano para regresar a su país:

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La ayuda sigue disminuyendo

Incluso antes del actual alto el fuego, en abril de 2026, el Ministerio de Agricultura libanés publicó datos según los cuales el 22 % de toda la superficie agrícola del país había sufrido daños a causa de la guerra. A ello se suma la reducción del ganado, especialmente en el sur y el este del país. No existen cifras más recientes.

En marzo, Suiza destinó 7,5 millones de francos a ayuda humanitaria para Líbano, Siria e Irán. La FAO estima que solo para Líbano necesitará en 2026 unos 19 millones de dólares (14,8 millones de francos suizos) en ayuda de emergencia. Todo ello en un contexto en el que el presupuesto de la organización se ha reducido en los últimos años. El golpe más reciente llegó en enero de 2026, cuando Estados Unidos suspendió su contribución de 300 millones de dólares (235 millones de francos suizos), equivalente al 14 % del presupuesto total.

Editado por Benjamin von Wyl. Adaptado del alemán por Carla Wolff.

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