The Swiss voice in the world since 1935
Historias principales
Swiss democracy

¿Cómo terminan las autocracias y las dictaduras?

La gente rinde homenaje ante las estatuas de los difuntos líderes norcoreanos Kim Il Sung y Kim Jong Il.
En la dictadura de Corea del Norte, la gente visita las estatuas de los líderes norcoreanos fallecidos. Fotografía del 17 de diciembre de 2024. Kim Won Jin / Keystone

En países como Nepal y Bangladés se perciben aires de cambio democrático. Al mismo tiempo, Viktor Orbán ha sufrido una derrota en Hungría. ¿Es una señal de un cambio de rumbo y de un despertar democrático en otras partes del mundo? Buscamos respuestas junto a un investigador de protestas, una experta en dictaduras y un suizo-húngaro que vivió la insurrección popular de 1956.

Los jóvenes están haciendo caer gobiernos en nombre de la democracia. Y no hace diez o veinte años, sino en plena década de 2020, mientras líderes como Trump, Xi y Putin marcan el rumbo de la política mundial.

Prathit Singh, de la organización por la paz Interpeace, con sede en Ginebra, sigue de cerca estos movimientos en Nepal, Bangladés y Sri Lanka. También ha habido procesos similares en otros lugares, aunque sin el cambio esperado. «Mi interés se despertó cuando comenzó en Bangladés», cuenta el responsable de Juventud y Democracia de Interpeace. A su juicio, ya no se trata de un fenómeno regional, sino global. «Movimientos parecidos también surgieron en África Oriental y América Latina».

Para Singh, estas protestas son distintas de las anteriores movilizaciones prodemocráticas. Quienes estaban en el poder —como Sheikh Hasina en Bangladés— se presentaban a sí mismos y a sus gobiernos como democráticos. Los jóvenes manifestantes exigían algo muy concreto: que los gobernantes estuvieran a la altura de los principios que ellos mismos defendían.

>> ¿Cuándo deja un país de ser una democracia? Lea nuestro artículo sobre esta compleja cuestión:

Mostrar más
un manifestante empujando a un agente de policía

Mostrar más

¿Cuándo una democracia deja de ser democracia?

Este contenido fue publicado en Más allá de Suiza, la democracia está bajo presión. Sin embargo, como su deterioro suele ser gradual, no siempre está claro cuándo se termina —o si relamente termina—.

leer más ¿Cuándo una democracia deja de ser democracia?

Singh lo resume así: «Los movimientos juveniles comparten la misma frustración y el deseo de recuperar las instituciones». La ola de protestas en un país fue alimentando y estimulando movilizaciones en otros a través de las redes sociales. Sin embargo, los distintos movimientos apenas mantienen contacto directo entre sí, al menos por ahora.

Los movimientos democráticos pueden triunfar

Según Singh, las protestas siguieron un patrón parecido en todos los casos: las primeras movilizaciones exigían que el Gobierno rindiera cuentas. Pero la respuesta fue la represión.

Y esa represión desencadenó una reacción inmediata y mucho más amplia entre los jóvenes. Estos casos también comparten otro rasgo: en muchos de estos países, gran parte de la juventud tiene escasas perspectivas económicas. «Desde la Primavera Árabe no se habían visto movimientos de esta magnitud. Pero, a diferencia de entonces, muchos de los nuevos movimientos sí están teniendo éxito».

Tras las protestas, Bangladés eligió un Gobierno democrático. En Nepal fueron derrotados en las urnas quienes habían planteado imponer bloqueos de internet al estilo chino. Y recientemente, Viktor Orbán perdió en Hungría, después de haber transformado el país en una «democracia iliberal». Todo ello muestra que los movimientos democráticos aún pueden tener éxito hoy en día.

Desde hace más de dos décadas, el número de dictaduras no ha dejado de aumentar. En algunos lugares, gobiernos militares toman el poder tras golpes de Estado; en otros, las instituciones de países antes democráticos empiezan a erosionarse. Los investigadores hablan ya de una tercera ola de autocratización. Mientras algunos sitúan su inicio tras la crisis financiera de 2010; otras lo remontan a 1994.

Y, según el informe V-Dem 2026Enlace externo, el final de esa tendencia aún no se vislumbra. Actualmente, solo 18 países avanzan hacia una mayor democratización. En cambio, 44 —más que nunca— evolucionan en sentido contrario. Unos 3.400 millones de personas viven hoy en Estados que se vuelven cada vez más autocráticos.

Una gran multitud en una manifestación. En el centro se ve un megáfono, y a su lado hay personas con pancartas y banderas de Bangladés.
Jóvenes y estudiantes activistas se manifiestan el 14 de julio de 2024 en Daca, la capital de Bangladés. Kazi Salahuddin Razu / AFP

Muchos de los dirigentes que hoy concentran el poder tienen una edad avanzada. Y quienes observan con frustración la situación política pueden llegar a pensar que, tarde o temprano, la desaparición de los autócratas abrirá la puerta a una mayor democratización. Pero esa esperanza se basa en una falsa premisa. «La evidencia apunta en sentido contrario», explica la politóloga Erica Frantz, profesora de la Universidad Estatal de Míchigan. «En la gran mayoría de los casos, el régimen se mantiene cuando muere un líder autocrático», afirma.

Según Frantz, las posibilidades de cambio aumentan ligeramente cuando el poder está fuertemente concentrado en una sola persona. Aun así, incluso en esos casos, el sistema suele sobrevivir a la muerte de su líder.

La politóloga atribuye esta continuidad a que las élites de los regímenes autoritarios tienen incentivos para respaldar a un sucesor. Muchas de ellas han estado implicadas en «represión, corrupción y otras malas prácticas». El temor a posibles procesos judiciales o represalias en caso de un cambio político las lleva a defender el statu quo.

Cuanta menos violencia, mayores las posibilidades de éxito

En cualquier caso, combatir el fuego con fuego rara vez funciona. Así lo sugieren las investigaciones de Frantz: son pocos los golpes de Estado que terminan abriendo el camino hacia una democracia.

Los datos muestran que cuanto menos recurren a la violencia los movimientos democráticos o las revueltas populares, mayores son sus posibilidades de éxito. En ese sentido, ofrecer una salida al exilio a los líderes autocráticos también puede resultar una estrategia útil: si no sienten que les esperan la cárcel o la muerte, es más probable que renuncien a una represión violenta.

En términos generales, Frantz considera que la no violencia es un elemento esencial para la democracia. «La paz debe ser el camino hacia el poder para que una democracia pueda mantenerse sana a largo plazo». A su juicio, los datos lo demuestran con claridad.

En Nepal y Bangladés, las protestas de la generación Z respondieron con violencia a la represión ejercida por las fuerzas de seguridad. En Nepal, por ejemplo, fue incendiado el principal edificio gubernamental. Y aun así, los movimientos lograron sus objetivos. Sin embargo, Singh, que estudia estas movilizaciones juveniles, subraya que dentro de las propias protestas hubo grupos clave que se opusieron a esa escalada y rechazaron el recurso a la violencia.

«Los grupos de la generación Z, por ejemplo en Nepal, apostaron con fuerza por la no violencia. Es uno de los principios centrales de estos movimientos: los jóvenes actuaban como mediadores. No se trataba de que su generación tomara el poder, sino de hacer visibles y situar en el debate las demandas de la juventud», explica Singh. Además, considera un error interpretar estas protestas únicamente como un conflicto generacional.

Y recuerda, por ejemplo, que el movimiento de la generación Z en Nepal llegó a designar, a través de la plataforma Discord, a una mujer de 73 años como jefa interina del Gobierno.

>> Antes de las protestas, la política en Nepal estaba dominada por figuras que habían desempeñado un papel clave en el proceso de paz tras la guerra civil. Más información en el siguiente artículo:

Mostrar más

Cada vez más protestas, pero también más fracasos

Las redes sociales pueden ser una herramienta útil. Pero también hay motivos para dudar de que realmente favorezcan el cambio político. Según explica Frantz, las protestas aumentan en todo el mundo, pero cada vez fracasan con más frecuencia. «Creemos que eso podría estar relacionado con las redes sociales», señala. Aunque facilitan la movilización de personas, los movimientos nacidos en el entorno digital tienen «menos probabilidades» de construir organizaciones de base, algo fundamental para lograr cambios duraderos.

En términos más generales, Frantz considera que el «nuevo ecosistema mediático» ha contribuido al auge de los «partidos personalistas». Como ejemplo cita las formaciones construidas en torno al culto a la personalidad, como la de Nayib Bukele en El Salvador o la de Viktor Orbán en Hungría.

Para muchas personas, la jornada electoral en Hungría simboliza una esperanza de cambio democrático. Algunos incluso compararon lo ocurrido con el final de la Hungría comunista en 1989. Frantz reconoce ciertos paralelismos: «En ambos casos, un régimen autoritario perdió el poder a través de unas elecciones. Y cuando los regímenes autoritarios pierden unas elecciones, casi siempre acaba llegando la democracia».

Hoy en día, incluso los Estados autoritarios celebran elecciones de forma habitual. Frantz señala que la mayoría de los países se presentan a sí mismos como democráticos. «Hay pruebas sólidas de que, en la mayoría de los lugares del mundo, la ciudadanía prefiere un sistema democrático», explica. Por eso, para los líderes autocráticos tiene sentido simular una democracia: «La gran mayoría de las dictaduras celebran hoy elecciones periódicas y multipartidistas». Sin embargo, esas elecciones no son libres ni justas, y precisamente ahí reside una de las bases esenciales de cualquier democracia.

>> Descubra cómo ha evolucionado en todo el mundo, desde 1946, la democracia en su forma más básica:

Contenido externo

Frantz ve otro paralelismo entre las primeras elecciones libres en Hungría, en 1990, y la derrota electoral de Orbán en 2026: en ambos casos, probablemente se sigan sintiendo los efectos del «legado del régimen anterior». El daño causado en la sociedad húngara no será fácil de reparar.

¿Ausencia de cultura democrática en Hungría?

Así lo ve también Ödön Szabo. Aunque el suizo-húngaro reconoce que le gustaría ser más optimista. Los cambios democráticos en Hungría le han acompañado toda su vida. Hace 70 años, en la Hungría comunista de 1956, se llevó a cabo un levantamiento popular de carácter democrático. En lugar de la dictadura de partido único se formó un gobierno provisional con representantes de distintos sectores políticos. El país declaró en pocos días su neutralidad y su intención de abandonar el Pacto de Varsovia. Poco después, el ejército soviético entró en el país y aplastó la insurrección.

Szabo tenía entonces once años y huyó con su familia a Suiza. Unos 40 años más tarde, pronunció un discurso ante una asociación húngara en Suiza. «Dije que el comunismo y su aspiración a la hegemonía mundial estaban llegando a su fin. Un amigo de mi padre se acercó y me dijo: eres joven, eso nunca va a pasar. Y, unos años después, ocurrió».

Después de 1989 estuvo trabajando en Hungría y dirigió empresas allí. Según recuerda, en aquel entonces todo era blanco o negro. «Bajo un régimen comunista, la gente tiende a oscilar entre el pesimismo y el autoengaño: o estás a favor o estás en contra», señala.

Quienes se oponían al sistema lo hacían en silencio. Y, tras el fin del comunismo, no surgió realmente una cultura democrática, sino más bien un sistema capitalista. En consecuencia, durante los años noventa persistió la desconfianza hacia las instituciones estatales y la atención se centró sobre todo en el enriquecimiento personal.

>> Este mapa muestra la expansión mundial de la democracia liberal en su sentido más amplio durante los últimos 80 años:

Contenido externo

En los últimos años, Szabo dejó de viajar a Hungría. Le frustraba cada vez más la forma en que Orbán iba desmantelando la democracia en el país. Pero ¿qué vendrá después? Si la población húngara vuelve a experimentar que otra fuerza política llega al poder y domina las instituciones, Szabo teme que el desenlace no sea positivo.

«Lo decisivo es si se logra equilibrar las fuerzas políticas. Eso solo es posible si se mantienen de forma estable tres o cuatro partidos con una base real y si las finanzas de los partidos están sometidas a un control estatal transparente», señala, y pone como ideal la democracia suiza, con su integración de todas las corrientes en el gobierno. Solo así, afirma, puede consolidarse una conciencia democrática amplia.

Hungría comparte un rasgo con los movimientos democráticos en Asia, África y América Latina, observa Prathit Singh: tras la derrota de Orbán, quienes más celebraron aquella noche fue, sobre todo, la gente joven.

Editado por Reto Gysi von Wartburg. Adaptado del alemán por Carla Wolff.

¿Cómo valora el impacto de las redes sociales: favorecen o perjudican a la democracia? Entre y participe en el debate

Mostrar más

Debate
moderado por Benjamin von Wyl

¿Le preocupan los efectos de las redes sociales sobre la democracia?

En vez de las esperanzas de antaño, hoy predominan más bien indicios preocupantes.

17 Me gusta
23 Comentarios
Ver la discusión

En cumplimiento de los estándares JTI

Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI

Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.

Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.

SWI swissinfo.ch - sucursal de la Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR

SWI swissinfo.ch - sucursal de la Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR