Ciudades inteligentes y vigilancia: por qué las democracias no deben perder el control
El dominio de la tecnología urbana por parte de empresas privadas hace que la vigilancia sea posible incluso en sistemas democráticos como Suiza, según advierte la experta en vigilancia digital Jasmin Dall’Agnola. Por ese motivo, la ciudadanía y los gobiernos no deben bajar la guardia.
Imagine vivir en una ciudad en la que controlan cada parte de su vida: cámaras en cada esquina, seguimiento de su actividad en Internet e incluso escrutinio de sus movimientos financieros mediante un sistema de crédito social. ¿Cuál es el primer lugar que se le viene a la mente?
Para mucha gente, la respuesta sale casi sola: China, Rusia o Corea del Norte. En 2022, durante el trabajo de campo que hice en países de Asia Central, en concreto Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y UzbekistánEnlace externo, pude vivir en mis propias carnes ese tipo de vigilancia. Me seguían en espacios públicos, monitorizaban mi actividad online, e incluso llegó un momento en el que tuve que resetear mi iPhone 13 porque sospechaba que tenía un spyware.
Sin embargo, hoy en día la vigilanciaEnlace externo ya no es algo solo de regímenes autoritarios: opera a través de plataformas, aplicaciones, sistemas en la nube, sensores y circuitos de cámaras que, en conjunto, forman lo que denominamos “ciudades inteligentes”. Las dinámicas que viví en Asia Central también existen en las sociedades democráticas, solo que aquí adquieren formas diferentes y, a menudo, son empresas privadas las que las aplican directamente, o quienes colaboran en su aplicación.
Mostrar más
La promesa de las ciudades inteligentes suizas abre el debate sobre la privacidad
Suiza, considerada un referente en valores democráticos y protección de la privacidad, tampoco escapa al avance de estos sistemas de vigilancia. Si bien el marco jurídico del país parece sólido sobre el papelEnlace externo, en la práctica sigue teniendo importantes lagunas. Las leyes de protección de datosEnlace externo favorecen a las empresas privadasEnlace externo, los mecanismosEnlace externo de control y aplicación son limitados y muchas de las tecnologías emergentes apenas están reguladas, como es el caso de los sistemas de inteligencia artificialEnlace externo (IA).
El poder de las grandes tecnológicas sobre los datos
Empresas como GoogleEnlace externo, Meta y los principales proveedores de telecomunicaciones recopilan enormes cantidades de datos personales que se utilizan para anuncios, pero también para manipulación política y vigilancia. El escándalo de Cambridge Analytica fue un ejemplo de cómo los datos personales que se extraen de las redes sociales pueden usarse para intentar manipular unas elecciones. Leyes como la US CLOUD Act, que regula el acceso del gobierno de Estados Unidos a datos almacenados por empresas tecnológicas, permiten a las autoridades de este país solicitar datos a proveedores estadounidenses de servicios en la nube, como Microsoft o Google, aunque esos datos se encuentren almacenados en otros países, incluida SuizaEnlace externo.
Las grandes tecnológicas y sus consejeros delegados poseen un enorme poder sobre los datos y el discurso público, sin tener apenas responsabilidad ante las instituciones democráticas. Esta concentración de poder no solo aumenta la preocupación sobre la vigilancia, sino que afecta directamente a cómo se toman las decisiones democráticas y quién influye sobre ellas.
Por este motivo, tanto Suiza como otros países democráticos se enfrentan a un reto estructural más profundo, como es la dependencia tecnológica. La mayor parte de la infraestructura digital que hay detrás de las ciudades inteligentes suizas, los servicios en la nube, las plataformas de softwareEnlace externo y las herramientas de IA, está controlada por un número muy pequeño de multinacionales tecnológicas, con sede sobre todo en Estados UnidosEnlace externo o ChinaEnlace externo. Por ejemplo, a pesar de los posibles riesgos para la ciberseguridad y de los esfuerzos por desarrollar una «nube suiza» soberana, el gobierno federalEnlace externo externalizó en 2022 parte de sus principales servicios en la nube a proveedores extranjeros, entre ellos Amazon, Microsoft y Alibaba.
Mayor vigilancia sobre la infraestructura urbana
En este sentido, el problema no es sólo la vigilancia, sino la soberanía de datos. Si las instituciones públicas suizas dependen de una infraestructura sobre la que no tienen pleno control, su capacidad para gobernar los datos y proteger a su ciudadanía se ve limitada. La respuesta a este reto hace que surja una pregunta más profunda sobre cómo recuperar el control sobre la tecnología de la que dependen cada vez más nuestras ciudades inteligentes.
Una forma de abordar esta problemática es reforzar la capacidad tecnológica nacional. Tanto en EuropaEnlace externo como en otras regiones, los gobiernos y las empresas están haciendo cada vez más esfuerzos para recuperar el control sobre la infraestructura de las ciudades inteligentes, hoy dominada por las grandes multinacionales tecnológicas.
En Suiza, este proceso ya se manifiesta de diversas formas. Por ejemplo, AlpineAIEnlace externo desarrolla sistemas de inteligencia artificial seguros para entornos sensibles, como las administraciones públicas y los hospitales. La plataforma suiza de mensajería ThreemaEnlace externo ofrece una comunicación cifrada de extremo a extremo, no monetiza los datos de los usuarios e incluso permite que organizaciones como el Ejército SuizoEnlace externo desplieguen el sistema en su propia infraestructura. En el ámbito del hardware, la empresa suiza SyntharaEnlace externo desarrolla chips de bajo consumo energéticos basados en arquitecturas de código abierto, ayudando así a reducir la dependencia de proveedores extranjeros.
Estos ejemplos muestran que la respuesta al creciente poder de las grandes tecnológicas y a la amenaza de la vigilancia no es sólo una cuestión de regulación, sino también de innovación: hay que construir una infraestructura alternativa más segura, transparente y mejor alineada con los principios democráticos.
Acción individual
La vigilancia en ciudades inteligentes no sólo viene impuesta desde arriba por parte del Estado o las empresas tecnológicas, sino que también se reproduce a través de nuestros propios hábitos digitales. De hecho, ni siquiera las normativas más sólidas ni la infraestructura localizada pueden resolver por completo el problema de la vigilancia en las ciudades inteligentes si no cambiamos también nuestras prácticas cotidianas de intercambio de datos.
Como ciudadanía, no somos meros sujetos pasivos de este control, sino que participamos activamente en él. Compartimos información personal en las redes sociales, monitorizamos nuestros cuerpos a través de apps de fitness, dispositivos de control de la fertilidad y otros wearables, y a diario intercambiamos datos por comodidad.
Eso no significa que tengamos que renunciar a un estilo de vida digital e inteligente, pero sí que lo hagamos con más conciencia. Las pequeñas decisiones importan: leer las políticas de datos cuando toque, rechazar cookies, ajustar los parámetros de privacidad o elegir servicios de pago que no dependan completamente de la extracción de datos. Son gestos pequeños pero muy importantes, ya que ayudan a definir hasta qué punto la vigilancia se normaliza o se cuestiona en las ciudades inteligentes.
La tecnología de las ciudades inteligentes puede ofrecer muchos beneficios que van desde unos servicios públicos más eficientes hasta una mejor planificación urbana. Sin embargo, su uso debe ir acompañado de unas salvaguardas muy concretas. Las democracias deben garantizar la transparencia en la recopilación y el tratamiento de los datos, aplicar normativas sólidas de protección de datos y exigir responsabilidades tanto a las instituciones públicas como a las empresas privadas. Sin ello, los riesgos de la vigilancia acaban normalizándose, no por la imposición directa, sino por la comodidad con la que se integran en la vida cotidiana, desplazando así el poder fuera del control democrático y lo coloca en manos de partes actoras que no rinden cuentas ante la ciudadanía.
Si seguimos pensando en la vigilancia como algo que ocurre en otros lugares, corremos el riesgo de no ver cómo está evolucionando silenciosamente en nuestro propio entorno. En las ciudades inteligentes la vigilancia está avanzando, y las democracias deben asegurarse de no perder el control sobre ella.
Editado por Gabe Bullard. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.