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La promesa de las ciudades inteligentes suizas abre el debate sobre la privacidad

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Las tecnologías inteligentes se basan en la recopilación y el análisis de grandes volúmenes de datos, incluidos datos personales, gestionados a menudo de forma poco transparente, en opinión de la población. Keystone

Las ciudades suizas avanzan hacia el modelo de smart city: eficientes y orientadas a la ciudadanía. Sin embargo, dependen cada vez más de datos personales, tecnologías de inteligencia artificial poco reguladas y empresas privadas. ¿Quién controla realmente los sistemas urbanos y qué garantías existen para la población?

Aparcar en un instante, servicios públicos disponibles con un clic, tráfico optimizado en tiempo real: las ciudades suizas están invirtiendo en tecnologías digitales para ser más eficientes y habitables. Zúrich está considerada un modelo de innovación urbana y una de las ciudades inteligentes más avanzadas del mundoEnlace externo. «Queremos ser una ciudad sostenible, social y menos congestionada», afirma David Weber, responsable de Smart City de la ciudad de Zúrich.

No obstante, las tecnologías inteligentes se basan en la recopilación y el análisis de grandes volúmenes de datos, incluidos datos personales, gestionados a menudo de forma poco transparente, en opinión de la población. Muchos de estos sistemas dependen además de soluciones desarrolladas por proveedores privados, como las grandes empresas tecnológicas internacionales, especialmente para las infraestructuras en la nube.

«La dependencia de los gigantes tecnológicos es una realidad tanto en Zúrich como en otros lugares. Somos conscientes de ello y estamos trabajando para intentar reducirla», explica Weber.

Menos vigilancia en las sociedades democráticas

Debido a la creciente digitalización, a la ciudadanía le resulta cada vez más difícil saber cuántos datos se recopilan sobre ella y quién los recoge. En democracias como Suiza, donde hay una gran confianza en las instituciones, las personas tienden a mostrarse más despreocupadas con respecto a la recopilación de datos, según Jasmin Dall’Agnola, profesora de la Universidad de Zúrich especializada en smart cities, vigilancia y autoritarismo.

«En Suiza todavía existe la ingenuidad de pensar que, en una sociedad democrática, nuestros datos no se utilizarán en nuestra contra», afirma. Dall’Agnola subraya que las autoridades estadounidenses pueden acceder a los datos que están en posesión de empresas tecnológicas estadounidenses gracias a la U.S. Cloud Act (la ley de Estados Unidos sobre servicios en la nube), incluso si esos datos están almacenados en Suiza. «La ciudadanía podría pensar que la legislación suiza protege sus datos, cuando en realidad es posible acceder a ellos a través de otro sistema jurídico».

Con la creciente integración de la inteligencia artificial (IA) en los servicios públicos, desde la policía hasta los servicios sociales, resulta cada vez más difícil comprender cómo se toman las decisiones basadas en algoritmos y cómo cuestionarlas.

«El problema ya no es solo quién recopila los datos, sino quién controla los algoritmos en los que se basa la IA», añade Dall’Agnola.

>> Por qué residentes y gobiernos deben permanecer atentos ante el dominio de las empresas privadas en las tecnologías urbanas. La opinión de Jasmin Dall’Agnola.

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Ciudades convertidas en fábricas de datos

La economía suiza depende cada vez más de los datos. En 2024 había más de 73 millones de dispositivos digitales en circulación, con una media de 8,5 por persona, una de las más altas del mundo. Eso genera enormes flujos de información, especialmente en las áreas urbanas, y favorece la expansión de los centros de datos.

Las ciudades suizas participan activamente en esta transformación. Según la encuesta Swiss Smart CityEnlace externo, 124 centros urbanos han puesto en marcha proyectos «inteligentes», especialmente en los sectores de la sostenibilidad ambiental, la movilidad y la administración digital. Todos estos sectores dependen de la recopilación de grandes cantidades de datos, incluidos los potencialmente sensibles, como los procedentes de los sistemas de localización GPS de los vehículos.

Tecnologías como las cámaras y los sensores viales ya permiten mejorar la fluidez del tráfico y la seguridad de peatones y ciclistas, pero pueden evolucionar en sistemas más intrusivos.

«Resulta inquietante que las mismas tecnologías que localizan a una persona y hacen que el semáforo se ponga en verde puedan utilizarse para muchos otros fines», afirma Fran Meissner, investigadora de configuraciones sociales urbanas de la Universidad de Twente, en los Países Bajos.

Meissner advierte de que la acumulación de datos procedentes de estos sistemas podría permitir rastrear e identificar a las personas a partir de sus desplazamientos diarios, sin que estas lo sepan ni hayan dado su consentimiento. «Los recorridos que hacemos cada día son tan personales que pueden servir para identificarnos», explica.

Lo que es aún más preocupante, añade Meissner, es que las autoridades utilicen los patrones de movimiento para crear perfiles de riesgo basados en análisis realizados por IA, por ejemplo a partir de sistemas de videovigilancia (CCTV) que incorporan inteligencia artificial.

Varias ciudades suizas ya están poniendo en marcha sistemas digitales de gestión del tráfico desarrollados por empresas privadas. Ginebra, por ejemplo, utiliza herramientas de IAEnlace externo que monitorizan peatones, bicicletas y vehículos en los cruces mediante cámaras, para reducir los atascos.

Por su parte, Zúrich está desarrollando un modelo virtual o «gemelo digital» del tráfico urbano de la ciudad, haciendo uso para ello de grandes cantidades de datos para simular y optimizar la circulación. Según el medio especializado Inside ITEnlace externo, el sistema podría conectarse en el futuro a plataformas de navegación privadas como Google Maps, Waze o TomTom, lo que abre el debate sobre la posible integración de datos sobre la movilidad privada en las infraestructuras públicas.

Cámaras de CCTV con sensores de tráfico
Tecnologías como las cámaras de vigilancia y los sensores viales ya permiten mejorar la fluidez del tráfico, pero pueden evolucionar en sistemas más intrusivos. Keystone

Vigilancia y beneficio

Por lo tanto, la vigilancia urbana ya no es un escenario lejano, ni siquiera en las sociedades democráticas. «Las tecnologías de las ciudades inteligentes se basan, por definición, en la vigilancia, y eso debería generar siempre preocupación allí donde se utilicen», afirma Barbara Jenkins, profesora de Economía Política en la Wilfrid Laurier University de Canadá.

Jenkins destaca que estas tecnologías también generan unos beneficios significativos para algunas de las partes interesadas. Las administraciones locales salen ganando al automatizar muchos servicios públicos y consolidar una reputación de ciudad avanzada y tecnológica con el fin de atraer inversiones. Mientras tanto, las empresas se lucran vendiendo su hardware y software, y recopilando datos valiosos.

«Las empresas del sector de la IA son las que más beneficiadas salen. Ahora no solo venden sus herramientas, sino que también obtienen acceso a enormes cantidades de datos urbanos para desarrollar sus algoritmos», explica Jenkins.

Un ejemplo emblemático es el proyecto Sidewalk Toronto, impulsado por Sidewalk Labs, una empresa perteneciente a Alphabet Inc. (la empresa matriz de Google). El proyecto tenía como objetivo crear un barrio altamente digitalizado en Toronto, basado en la recopilación y el análisis masivo de datos urbanos. Sin embargo, el proyecto acabó cancelándose en 2020 después de recibir duras críticas por parte de las autoridades locales y de la sociedad civil tras una ola de reclamaciones relacionadas con la gestión de los datos, la privacidad y el papel dominante de Alphabet en la iniciativa.

Poder a las empresas

Según Jenkins, este tipo de proyectos puede desplazar el equilibrio de poder del Estado hacia las empresas privadas, especialmente en contextos poco regulados.

«Cuando la supervisión por parte de las autoridades municipales o regionales es mínima, las empresas están más que dispuestas a intervenir con políticas que responden a sus propios intereses», observa.

En Toronto, Alphabet había intentado influir no solo en el desarrollo tecnológico, sino también en las políticas regulatorias en ámbitos como el transporte, la vivienda y la gestión de los datos, mediante un plan de 1.524 páginasEnlace externo.

En ausencia de normas claras, surgen dudas sobre quién es propietario de los datos recopilados en los espacios públicos y sobre si las empresas pueden reclamar derechos sobre ellos. «¿Por qué las empresas privadas deberían reclamar la propiedad de los datos que proceden de espacios financiados con fondos públicos, como calles y aceras?», se pregunta Jenkins.

Las únicas responsables son las administraciones públicas

En Suiza, la protección de datos se rige tanto por normas federales como cantonales. Las autoridades públicas del cantón de Zúrich están obligadas a evaluar los riesgos que cada proyecto digital puede representar para la privacidad. Cuando los riesgos son elevados, como ocurre con el uso de nuevas tecnologías o sistemas que implican a un gran número de personas, se requiere una revisión previa por parte de la autoridad de protección de datos.

No obstante, Dominika Blonski, responsable cantonal de protección de datos, reconoce que la expansión de la IA complica cada vez más estas evaluaciones. «Resulta difícil comprender cómo los sistemas de IA procesan los datos y toman decisiones automatizadas», afirma, señalando también el riesgo de accesos no autorizados por parte de proveedores externos.

Al mismo tiempo, las autoridades no están obligadas a informar a la ciudadanía sobre los proyectos de innovación urbana ni sobre los socios privados implicados, incluso cuando se emplean datos personales para la elaboración de perfiles. Además, la autoridad de protección de datos no puede sancionar directamente a los proveedores privados.

«El organismo público sigue siendo responsable del tratamiento de los datos incluso cuando intervienen terceros», observa Blonski.

Transparencia limitada

Suiza continúa siendo un destino muy atractivo para las empresas tecnológicas. Zúrich acoge a numerosos gigantes del sector, entre ellos Google, Meta y Microsoft; aunque su papel en la innovación urbana dista de ser transparente.

«No está claro qué productos y servicios desarrollan aquí ni cuál es su papel en los proyectos de digitalización de la ciudad», afirma Dirk Helbing, profesor de ciencias sociales computacionales en el Instituto Tecnológico Federal de Zúrich.

La ciudad ofrece diversas herramientas de transparencia, como plataformas de datos abiertosEnlace externo, un listadoEnlace externo de cámaras de vigilancia públicas y un modelo 3DEnlace externo del entorno urbano. También gestiona una plataforma participativaEnlace externo en la que la ciudadanía puede votar sobre los proyectos locales. Sin embargo, no existe una visión pública completa sobre las tecnologías y las partes implicadas en los proyectos de smart city.

«Las diferentes aplicaciones y programas informáticos se gestionan de forma descentralizada en el seno de la administración», explica por correo electrónico David Weber, responsable de Smart City Zúrich.

En opinión de Helbing, la población debería estar mejor informada sobre cómo se gasta el dinero público, quién se beneficia de ello y qué hacen las empresas con los datos que acaban en sus servidores. «Existe una desconexión evidente entre el discurso de las ciudades sobre su inteligencia digital y el grado de información real de la ciudadanía. Hace falta mucha más transparencia».

Editado por Veronica De Vore. Adaptado del italiano por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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