Las huellas del pasado emergen en Suiza
Suiza ocupa un lugar destacado en la icnología mundial, la ciencia que estudia las huellas fosilizadas de animales desaparecidos hace millones de años. Un libro repasa esta disciplina con motivo del 50.º aniversario de un descubrimiento clave en los Alpes del cantón del Valais.
En 1976, el geólogo francés Georges Bronner descubrió huellas fósiles en una pared rocosa de la región de Vieux-Emosson, en los Alpes del cantón del Valais, cerca de la frontera con Francia. Que este hallazgo se produjera precisamente aquel año no fue casualidad. Georges Bronner participaba en la organización de una exposición sobre la geología de la zona en el marco de la construcción de la presa de Emosson, inaugurada el 1 de octubre de 1976.
Además, aquel año estuvo marcado por un largo periodo de sequía, un fenómeno entonces inédito que quedó grabado en la memoria colectiva. En la montaña, aquella «sequía del siglo» provocó un retroceso de los neveros más acusado de lo habitual, lo que permitió observar rocas normalmente cubiertas por la nieve.
En su libro Un dinosaure dans la montagneEnlace externo (Un dinosaurio en la montaña), Pierre-Yves Frei reconstruye la historia de este descubrimiento. Colaborador del Museo de Historia Natural de Ginebra, periodista, autor y divulgador científico, emplea un método ya probado en obras anteriores, como Du pâté d’éléphant chez Calvin: partir de un hecho concreto para ofrecer una panorámica completa y multidisciplinar sobre un tema.
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En este caso, el descubrimiento de 1976 sirve para abordar, entre otros asuntos, la historia de la paleontología, la tectónica de placas o la clasificación de las especies.
Dinosaurios que no eran dinosaurios
El hallazgo, realizado por casualidad durante una excursión, es excepcional. Se trata de una losa de arenisca de 350 metros cuadrados cuya superficie conserva más de 800 huellas fósiles datadas en el periodo Triásico. «De la noche a la mañana, Émosson se convirtió en un faro de la icnología encaramado a 2.400 metros de altitud», señala Pierre-Yves Frei.
Las investigaciones realizadas en aquella época ofrecieron la imagen de animales —en su mayoría dinosaurios— desplazándose por una franja de arena junto al mar. Y los dinosaurios siempre despiertan fascinación. «Hace 200 millones de años, los dinosaurios pastaban en Vieux-Emosson», relataba entusiasmado en 1979 en el periódico local Le Nouvelliste. Muy pronto, los dinosaurios se convirtieron incluso en reclamo turístico de la regiónEnlace externo. «Playa, montaña, dinosaurios: una receta ideal para una historia destinada al éxito», subraya Pierre-Yves Frei.
Pero este bonito relato no convenció a todo el mundo. Por ejemplo, la ausencia de fósiles de conchas o microalgas en una zona supuestamente situada en la costa alimentó las dudas. Y esta vez no fue un cometa del espacio, sino la ciencia la que puso fin al mito de los dinosaurios del Valais.
En 2002, los equipos de paleontología llegaron a la conclusión de que las huellas halladas en el lugar no pertenecían a dinosaurios, sino a arcosaurios, reptiles del Triásico ancestros de los cocodrilos y de los propios dinosaurios. En cuanto a la playa marina, pasó a interpretarse como la ribera de un río de Pangea, el supercontinente único que aún existía a comienzos del Triásico.
Jurassic Park está en… el Jura
Suiza cuenta con otros yacimientos del Triásico. El Tesino alberga incluso uno de los depósitos más importantes del mundo de fósiles del Triásico medio en el Monte San GiorgioEnlace externo, inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este enclave tiene incluso su estrella local: el Ticinosuchus, un arcosaurio carnívoro emparentado con los antepasados de los cocodrilos. Pero tampoco allí hay rastro de dinosaurios.
Sin embargo, sí existen huellas de dinosaurios del Triásico en Suiza. Se han encontrado 200 en el Parque Nacional SuizoEnlace externo, al sur del cantón de los Grisones. No obstante, aquí también hay una pequeña decepción: los dinosaurios del Parque Nacional eran mucho menos imponentes que los de Jurassic Park. Descubiertas en 1961, estas huellas fueron datadas en unos 220 millones de años, una época en la que los dinosaurios aún eran relativamente modestos y poco diversificados. Se atribuyen a dinosaurios herbívoros primitivos de entre 5 y 8 metros de longitud.
Entonces, ¿no hay en Suiza huellas de esos enormes dinosaurios que hacen soñar a niños —y no tan niños—? Sí las hay, en el Jura, en el corazón de la cadena montañosa que dio nombre al Jurásico, la edad de oro de los dinosaurios. Como en Vieux-Emosson, fueron unas obras las que permitieron sacar a la luz estos vestigios.
A comienzos de los años 2000, la construcción de una autopista permitió descubrir huellas de dinosaurios preservadas desde el Jurásico superior. En aquella época, el futuro Jura se parecía un poco a las Bahamas, con pequeñas islas y grandes bancos de arena emergidos. Los equipos paleontólogos encontraron allí unas 14.000 huellas repartidas en 637 rastros, una densidad inusual a escala europea. El descubrimiento de esta auténtica «autopista de los dinosaurios»Enlace externo fue considerado inmediatamente excepcional por su magnitud y por la claridad de los rastros.
Y esa vez sí se trataba de dinosaurios «de verdad». Las superficies que quedaron a la luz durante las obras de la autopista mostraban huellas de saurópodos —grandes herbívoros cuadrúpedos— y de terópodos carnívoros. Algunas de esas huellas pertenecían a dinosaurios que podían alcanzar hasta 30 metros de longitud, lo que los convierte en los más grandes documentados en Suiza.
Más que simples huellas
El subsuelo suizo no ha proporcionado grandes fósiles como los encontrados en abundancia en Estados Unidos, Argentina o China. Por ahora, el mayor fósil óseo hallado es un plateosaurio de unos 8 metros encontrado en Frick, en el cantón de Argovia. Y es mucho más pequeño que los gigantes que dejaron sus huellas en el Jura.
Aunque tenga pocos fósiles, Suiza ocupa un lugar de privilegio en la icnología mundial. El territorio helvético cuenta con una densidad excepcional de yacimientos en una superficie relativamente reducida. Además, los yacimientos suizos conservan algunas de las huellas mejor preservadas de Europa y abarcan periodos geológicos clave para comprender la evolución de los vertebrados: el Triásico inferior (primeros arcosaurios), el Triásico superior (diversificación de los dinosaurios primitivos) y el Jurásico superior (apogeo de los grandes dinosaurios).
Evidentemente, las huellas resultan menos impresionantes que los grandes fósiles que son el orgullo de los museos. Sin embargo, para quien sabe observarlas, son mucho más que simples marcas en el suelo. La icnología muestra cómo vivían realmente los animales desaparecidos: sus huellas revelan su forma de andar, su velocidad, su tamaño y, a veces, incluso sus interacciones. Las pisadas capturan un instante de vida: un animal que camina, acelera, resbala o sigue a un grupo.
«La paleoicnología abre ventanas singulares al pasado, al comportamiento de animales muertos hace millones de años, mientras que el análisis de esqueletos fósiles suele ofrecer únicamente indicaciones anatómicas sobre un organismo», subraya Pierre-Yves Frei.
Texto revisado por Samuel Jaberg. Adaptado del francés por Carla Wolff.
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