Décimo aniversario de los atentados de Londres en pleno luto por Túnez
Reino Unido rendirá homenaje el martes a los 52 muertos en los atentados contra el transporte público de Londres en 2005, con la matanza de 30 británicos en Túnez todavía fresca.
En los diez años transcurridos entre los dos atentados, Gran Bretaña ha reforzado la legislación antiterrorista e intensificado su preparación para emergencias, pero el número de británicos que viaja a Siria e Irak para unirse a los yihadistas se ha multiplicado.
Las cosas han cambiado también en el frente islamista. Los cuatro suicidas del 7 de julio de 2005 se dijeron inspirados por Al Qaeda, mientras que la masacre de Túnez del 26 de junio, en la que murieron 38 turistas, 30 de ellos británicos, fue reivindicada por un grupo del que nada se sabía hace 10 años, el Estado Islámico.
El martes se depositará una corona de flores ante el monumento de Hyde Park a las 52 víctimas, antes de un servicio religioso en la catedral de Saint Paul al que acudirán las familias de las víctimas y los supervivientes.
El país observará un minuto de silencio a las 10H30 GMT, después de haber hecho el mismo gesto el viernes en honor de los muertos de Túnez.
El cabecilla de los ataques del 7 de julio, Mohamed Sidique Khan, padre de un niño e hijo de inmigrantes de Pakistán, estaba enojado con la política exterior británica en Irak y dijo que quería vengar las muertes de sus hermanos musulmanes. El vídeo que Khan dejó antes de inmolarse fue ampliamente difundido y dejó una cicatriz en la conciencia nacional, con muchos británicos sorprendidos de escuchar consignas yihadistas en boca de un joven con acento del condado de Yorkshire.
John Tulloch, un británico-australiano que estaba en el metro de Khan, recuerda los momentos después de la explosión, «la oscuridad, el humo, los vidrios por todas partes». Había «gente horriblemente herida a mi lado, un joven muerto con las piernas abiertas a mis pies», explicó a la AFP.
Tulloch sigue con el dolor físico de la metralla que acabó en su cabeza, pero más dolorosas son las imágenes que forman «un tapiz aterrador en la memoria». Para superar el trauma, comenzó a escribir sobre los ataques y la guerra contra el terrorismo y aprendió a convivir con la idea de que escapó por poco a la muerte.
– Evitar un nuevo día sangriento –
Una vez superada la conmoción inicial, Londres empezó a prepararse para minimizar los riesgos de unos nuevos atentados. El 7 de julio «cambió todo el panorama para la estrategia antiterrorista de Reino Unido», dijo Hugo Rosemont, del Centro de estudios de defensa del King’s College de Londres.
El énfasis se ha puesto no sólo en la lucha contra la radicalización, sino también en mejorar la eficacia de los servicios de emergencia, que fueron criticados por sus retrasos en el 2005. «Hemos aprendido mucho», dijo Jason Killens, director de operaciones del Servicio de ambulancias de Londres.
Pero la amenaza ha evolucionado y existe el riesgo de que surjan imitadores de ataques yihadistas como el de Túnez en los países occidentales, dijo Rosemont. En la mente de todos está lo ocurrido en París con la revista Charlie Hebdo. «Hay preocupación en Reino Unido por las personas que puedan sentirse inspiradas por actos similares, o por las actividades y propaganda de ISIS», dijo, utilizando otro nombre para el grupo Estado Islámico.
El gobierno del primer ministro, el conservador David Cameron, aprobó este año una nueva ley contraterrorista y de seguridad que incluye medidas para impedir los viajes de los yihadistas británicos.
También tiene la intención de reforzar su arsenal legislativo con una nueva ley que obligaría a los operadores de telefonía móvil y proveedores de internet a entregar datos sobre sus clientes a la policía. Pero esta ley despierta preocupación por el creciente poder de los servicios secretos, después de todas las revelaciones sobre las intromisiones de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Gus Hosein, director ejecutivo de Privacy International, afirmó: «este es un gobierno que necesita freno y no ser recompensado con el poder de entrometerse más en nuestras vidas».