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Del narcisismo a la empatía o cómo la guerra y el matrimonio cambiaron la obra de Schiele

Antonio Sánchez Solís

Viena, 28 mar (EFE).- El estallido en 1914 de la I Guerra Mundial transformó Europa y al pintor Egon Schiele, que abandonó su narcisista búsqueda del yo y desarrolló una empatía y una humanidad que transformaron radicalmente su obra, tal y como explica una exposición que se inaugura este viernes en Viena.

«Era muy egocéntrico, narcisista», explica a EFE Kerstin Jesse, una de las comisarias de la exposición ‘Tiempos cambiantes. Los últimos años de Egon Schiele’, en la que el Museo Leopold analiza el cambio de la obra del pintor desde 1914 hasta su muerte en 1918.

«La fase a partir de 1910 fue la más productiva. Hizo muchos autorretratos, está buscando su identidad en él mismo. Tenía menos consideración por los demás y eso se modifica en sus últimos años debido a cambios privados», señala Jesse.

Guerra, rupturas y bodas

El estallido de la guerra y la boda de su hermana, y primera modelo, en 1914; la ruptura con su amante Wally Neuzil; y su matrimonio en 1915, se combinan para explicar los cambios de estilo y temática en las pinturas de Schiele.

Sus cuadros alegóricos se vuelven más cercanos, al tiempo que sus retratos se hacen más empáticos y buscan entrar en el alma del modelo. En lo técnico, las líneas se vuelven más armoniosas y más suaves, y las pinceladas cortas sustituyen a las grandes superficies de color.

A lo largo de 130 obras, la exposición cuenta y analiza esa transformación y plantea qué habría sido de su obra si la muerte no la hubiera interrumpido cuando, con 28 años, estaba ya en esa fase de madurez creativa.

El cambio que supuso su matrimonio con Edith tras la dolorosa ruptura con Wally, una pareja que encajaba mucho mejor con sus ideas y estilo de vida, impactó enormemente en su trabajo.

Pese a la intimidad física entre los dos, la relación matrimonial estuvo marcada por la distancia emocional.

En obras como ‘Pareja sentada’, de 1915, se muestra una distancia que puede identificarse como la representación de un titiritero y su marioneta, que el Museo Leopold interpreta como una asunción por parte de Schiele de que el matrimonio implica una renuncia a parte de su propia identidad.

Poco después de la boda, Schiele tuvo que incorporarse a filas y dejó a Edith en un hotel de Praga.

La esposa de Schiele volcó su soledad y sensación de desamparo en un diario, un ‘libro de consuelo’ que se exhibe por primera vez en este museo.

Empatía hacia su esposa

Las necesidades emocionales de Edith hicieron que Schiele se relacionara con las personas a un mayor nivel de intimidad, algo que se manifiesta claramente en sus retratos de esa época.

«Edith le enseñó a ser un gran retratista», señala Jane Kallir, la otra comisaria de la exposición, quien dice que el pintor comenzó a «entrar en los otros» y a mostrar mucha más empatía.

«Su relación no fue magnífica, pero fue buena para su arte», asegura.

Esa cercanía y humanidad se ve claramente en los retratos de soldados y prisioneros de guerra que realizó durante su servicio de armas, y que adquieren un carácter casi documental, con una minuciosa atención a los detalles y a rasgos faciales individuales.

Tanto, asegura Kallir, que uno puede ver en esos cuadros si a Schiele le caía bien o mal su modelo.

Cuando el pintor regresa de la guerra a Viena en 1917, y retoma su trabajo en el estudio, las figuras femeninas que ahora pinta tienen ya poco que ver con las de siete años antes.

Los cuerpos adquieren tres dimensiones, las curvas se marcan más, el estilo es más orgánico y menos brusco y angular.

La cumbre de su carrera

Como si, explica el Leopold, estos desnudos sirvieran más a un interés voyerista que a una forma de explorar la sexualidad.

Es a partir de 1917 cuando Schiele decide asumir un papel más relevante en la escena artística austríaca.

Aunque su ambicioso proyecto ‘Kunsthalle’, un centro de promoción de artistas jóvenes, fracasa por falta de medios económicos, tiene éxito en otras iniciativas.

Vende mucho, su colaboración es muy solicitada en muestras y, tras la muerte de Gustav Klimt en febrero de 1918, se convierte en la figura más prominente de la Secesión de Viena y crea el cartel para la 48ª retrospectiva de este movimiento modernista.

En ese momento cumbre, con sólo 28 años, Schiele muere el 31 de octubre, tres días después que Edith, que estaba embarazada de seis meses, debido a la pandemia de gripe. EFE

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