Cómo vivir entre dos países con hijos
Hay personas de nacionalidad suiza que optan ahora por un estilo de vida híbrido, repartiendo su tiempo de trabajo entre Suiza y el extranjero. Aunque vivir y trabajar en varios países a la vez conlleva numerosos retos, la situación puede complicarse aún más cuando se tienen hijos, sobre todo cuando están en edad escolar.
«Hasta los tres años, la situación era fácil de gestionar», recuerda Karin*, que vive entre Suiza y Escandinavia con su hijo Mario*. «Pero cuando empezó el colegio, la falta de amigos con los que jugar y los trámites que había que hacer con el colegio complicaron las cosas».
Su testimonio resume la complejidad de vivir a caballo entre dos países cuando hay niños de por medio.
Sentimiento de seguridad
Es igual de esencial proporcionar seguridad emocional a las niñas y a los niños tanto en estancias de unos meses como cuando se emigra de forma permanente. «Hay que comunicarse de forma abierta y honesta sobre los pasos que se van a dar, tomarse en serio las preocupaciones del niño y hablar de sus sentimientos», señala la doctora Regula Neuenschwander, profesora del Instituto de Psicología de la Universidad de Berna.
Un consejo que Karin ha aplicado con su hijo y que parece funcionar: «Cuando se acerca un acontecimiento concreto, hablo con Mario de lo que va a pasar, de lo que podemos esperar con ilusión… así todo se vuelve mucho menos espectacular y él lo acepta como algo normal».
La capacidad para adaptarse a nuevas situaciones también depende de la personalidad del niño, recuerda la profesora. Y, sobre todo, los padres deben servir de modelo, mostrándose flexibles o resilientes ante diversas situaciones.
Mantener un vínculo
Los rituales también influyen en el bienestar del niño. Karin, por ejemplo, observó que tener sus juguetes de su hogar en Suiza permitía a Mario sentirse «como en casa» cuando estaban en el otro país.
Según Regula Neuenschwander, hay que encontrar un equilibrio entre la cultura de origen y la cultura de acogida y mantenerlas presentes en la medida de lo posible a lo largo de todo el año. Esta continuidad tranquiliza a la infancia en este tipo de situaciones.
Ofrecer una vida social
Una de las grandes dificultades de vivir entre dos países radica en poder ofrecer una vida social a la infancia afectada.
Como autónoma, Karin nunca pudo llevar a su hijo a la guardería, ya que esta no abría en los horarios en los que ella lo necesitaba. Encontró la solución de contratar los servicios de diferentes cuidadoras infantiles durante sus estancias en Escandinavia para estimular el desarrollo del niño.
Los padres pueden contribuir en gran medida a la vida social de sus primogénitos ayudándoles a aprender el idioma del segundo país, para que puedan comunicarse y entablar relaciones allí.
Pasar unos meses al año en el extranjero con niños requiere organización, pero las dificultades se intensifican en cuanto alcanzan la edad de escolarización.
En la mayoría de los cantones suizos, la escolarización es obligatoria a partir de los 4 años. Sin embargo, debido al federalismo, la escolarización es competencia cantonal. Por lo tanto, es imprescindible informarse ante las autoridades competentes de tu cantón de residencia. No obstante, se aplican algunas normas generales.
Exención escolar
En caso de una ausencia inferior a tres meses (90 días), los estudiantes deben obtener una exención por parte de su centro educativo. Es posible renovar dicha solicitud cada año, pero la decisión corresponde a la dirección de cada centro. Por lo tanto, no existe uniformidad en esta materia, ni siquiera dentro de un mismo cantón.
Para los dos años de educación infantil (es decir, los dos primeros años de escolarización obligatoria), Karin solicitó una exención de menos de tres meses en el colegio de su hijo. «La primera vez, la dirección se mostró muy abierta y comprensiva. Al año siguiente, tuve que dar más explicaciones», indica esta vecina de Berna.
Cuando se acepta la solicitud de exención, «aconsejamos a los padres que se pongan en contacto con el colegio de su hijo para acordar el trabajo que deberá realizar durante la ausencia», precisa Stève Blaesi, jefe de la sección de oferta ordinaria de la enseñanza obligatoria francófona en la Dirección de Educación Pública y Cultura del cantón de Berna.
En caso de una ausencia superior a tres meses, la mayoría de los cantones consideran «que el lugar de residencia del niño ya no es el municipio suizo y, por lo tanto, deja de existir la obligación de escolarizarlo en el cantón», afirma Stève Blaesi.
Es posible solicitar puntualmente exenciones más prolongadas, pero, en el cantón de Vaud, por ejemplo, no suele concederse una exención de larga duración durante dos cursos escolares consecutivos.
«Consideramos que redunda en beneficio del alumno ofrecerle un proyecto educativo integral, lo cual no es posible si cursa sus estudios en dos países con dos sistemas educativos diferentes», escribe Laurène Weguener, responsable de comunicación del Departamento de Educación y Formación Profesional.
Cuando se deniega una solicitud de permiso, los padres tienen la posibilidad de presentar un recurso ante la autoridad cantonal competente.
Educación en el hogar
La educación en el hogar puede constituir una alternativa, pero debe ser una opción a largo plazo y no ofrecerse de forma puntual. Además, el cantón debe validarla y las condiciones varían considerablemente de un cantón a otro.
Ninguno de los cantones de Berna, Vaud o Zúrich reconoce los programas de enseñanza a distancia, pero los tres señalan que los padres son libres de utilizarlos en el marco de una educación privada o durante permisos de larga duración.
¿A la escuela en dos países?
El cantón de Vaud, por ejemplo, «anima a los padres a escolarizar a sus hijos en el lugar de residencia. Esto constituye un factor favorable para la concesión de un permiso», según el Departamento de Educación y Formación Profesional de Vaud.
Cuando la distancia cultural no es demasiado grande, Regula Neuenschwander aconseja, en la medida de lo posible, intentar integrarse en la comunidad local, ya que «esto también permite proporcionar al niño la estabilidad que necesita». En el caso de Karin, sin embargo, esto no era factible, ya que ni ella ni su hijo dominan el idioma de su segundo país.
Además, parece que los colegios privados aceptan más fácilmente la escolarización alterna que los públicos.
Prioridad para el niño
Para Karin, siempre tuvo claro que dejaría de pasar varios meses seguidos en Escandinavia en cuanto su hijo tuviera la edad de empezar 1.º de primaria (el equivalente a 3H o 3P en la Romandía).
«Da igual si paso menos tiempo en el extranjero, la educación y la vida social de mi hijo son lo primero», afirma, quien ahora se alegra de la tranquilidad y la estabilidad que este cambio va a aportar.
Editado por Pauline Turuban y adaptado al español por Patricia Islas
*Nombres completos conocidos por la redacción
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.