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Una presa «descomunal» en Tayikistán y el papel de Suiza

Presa de Rogun 2024
Imagen de la construcción de la presa de Rogun, del 28 de noviembre de 2024. AFP

Tayikistán, señalado por ser gobernado de forma autoritaria, está construyendo la presa más alta del mundo con la ayuda de un préstamo del Banco Mundial. Sus detractores denuncian que el proceso no se ha llevado a cabo de manera totalmente transparente. Un aspecto especialmente delicado es que Tayikistán forma parte del grupo de voto del Banco Mundial liderado por Suiza.

Con sus 335 metros de altura previstos una vez concluida, la presa de Rogún, en Tayikistán, se convertiría en la central hidroeléctrica más alta del mundo. El proyecto ha sido presentado por el Gobierno como un símboloEnlace externo nacional. El presidente tayiko, Emomali Rahmon, en el poder desde hace décadas, ha descrito la construcción de la presa de Rogún como una cuestión de «vida o muerte». Según la promesaEnlace externo oficial, la presa resolverá la crisis eléctrica del país, especialmente durante los fríos meses de invierno.

Este megaproyecto, cuyo coste estimado asciende a 6.290 millones de dólares, cuenta con financiación internacional, encabezada por el Banco Mundial. Se trata de un hecho llamativo: aunque durante el siglo pasado el Banco Mundial financió innumerables proyectos hidroeléctricos, parece haber experimentado un cambio de enfoque. Entre 2014 y 2024 apenas financió un gran proyecto de estas características. La razón es que las presas también presentan importantes inconvenientes: su construcción suele prolongarse durante décadas y, además, pueden tener consecuencias para el medio ambiente y las comunidades locales al alterar el curso natural de los ríos.

Proyecto controvertido

En el Banco Mundial, Tayikistán forma parte del grupo de voto conocido como «Helvetistan», liderado por Suiza. Este grupo fue creado en 1992, cuando Suiza se incorporó al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial tras el final de la Guerra Fría. Lo formó junto con varios países de Europa del Este y Asia Central que habían pertenecido al bloque soviético. Los intereses de estos países son representados en el Consejo Ejecutivo del Banco Mundial por la directora ejecutiva suiza. Este órgano es el encargado de decidir sobre la financiación de proyectos concretos, como el de la presa de Rogún en Tayikistán.

¿Qué es exactamente el llamado grupo helvetistan y cuál es su función? Descúbrelo en nuestro vídeo explicativo:

En 2024, el Banco Mundial decidió conceder a este país de régimen autoritario un préstamoEnlace externo inicial de 350 millones de dólares para la construcción de la presa de Rogún. El objetivo es que diez millones de personas tengan un mejor acceso a la electricidad. En la financiación también participan otros bancos de desarrollo e instituciones internacionales, entre ellos el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y la Unión Europea.

Consultada por Swissinfo, la Secretaría de Estado de Economía de Suiza (SECO) señaló que Suiza reconoce el gran potencial del proyecto de Rogún «y su importancia estratégica para la seguridad energética y la integración regionales».

Obras de construcción en 2016
Obras de construcción de la presa de Rogun en 2016. Si se lleva a cabo tal y como está previsto, sería la central hidroeléctrica más alta del mundo. CreativeCommons/Sosh

A pesar de estas expectativas, el proyecto de la presa lleva años siendo objeto de controversia.

Al menos 40.000 personas tendrían que ser reasentadas como consecuencia de su construcción. Ya en 2014, la oenegé Human Rights WatchEnlace externo documentó violaciones de derechos humanos relacionadas con los reasentamientos efectuados hasta ese momento.

Por su parte, organizaciones ecologistas advierten de que la construcción de la presa de Rogún podría poner en peligro la reserva natural de Tigrovaya BalkaEnlace externo, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Según estas organizaciones, el proyecto también representa una amenaza para la biodiversidad, en particular para algunas poblaciones de peces rarasEnlace externo del río Amu Daria.

Además, la región presenta una elevada actividad sísmicaEnlace externo. Muy cerca de la presa se localizó en 1949 el epicentro de un terremoto que provocó un gigantesco deslizamiento de tierra y sepultó dos aldeas.

Según voces opositoras, el proyecto de Rogún no es la única opción posible. Argumentan que la presa podría construirse con una altura menor, lo que reduciría drásticamente el número de personas que tendrían que ser desplazadas. Asimismo, señalan que la energía eólica y la solar son cada vez más competitivas en costes frente a la hidroeléctrica, especialmente teniendo en cuenta que la presa de Rogún no entraría en funcionamiento antes de 2033 como mínimo.

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Amplio respaldo a la presa de Rogún

«Ya hace 15 años los observadores internacionales coincidían en que este proyecto era una locura», afirma Filippo Menga, investigador de la Universidad de Bérgamo y autor de varios estudios sobre la presa de Rogún y el nacionalismo en Tayikistán. «Por eso cabe preguntarse —añade— por qué el Banco Mundial y la Unión Europea siguen apoyándolo».

Según escribió Menga en un artículoEnlace externo publicado en 2015, la presa tiene también una gran importancia simbólica para el presidente Emomali Rahmon. Una muestra de ello es que el Gobierno insistió en que la presa alcanzara una altura de 335 metros, aunque algunas voces expertas internacionales consideraban que la altura óptima debía situarse aproximadamente 50 metros por debajo.

Misericordioso
Compromiso personal: el presidente Emomali Rakhmon en la ceremonia de inauguración de las obras de la central hidroeléctrica de Rogun, situada en el río Vakhsh, a unos 100 kilómetros de la capital, Dushanbe. AFP

Menga observa que hoy existe un auténtico entusiasmo por la presa de Rogún a escala internacional: «Hoy, numerosas instituciones y gobiernos quieren construir esta presa a toda costa. El discurso ha cambiado». Atribuye este cambio a «años de incansable labor diplomática por parte del Gobierno tayiko».

Detrás del compromiso del Banco Mundial con la presa, algunas personas ven también consideraciones geopolíticas: los países occidentales estarían intentando reforzar su influencia en Asia Central mediante su apoyo al proyecto. RusiaEnlace externo, por ejemplo, no participa en la financiación de la presa, mientras que sí lo hace la Unión Europea, que ha comprometido más fondos para este proyecto que para cualquier otro proyecto hidroeléctrico. «Es razonable suponer que parte de la motivación del Banco Mundial era mantener a Rusia al margen», afirmó el profesor de Historia Artemy Kalinovsky, de la Universidad Temple de Estados Unidos, en declaraciones a EuractivEnlace externo.

Por su parte, Fritz Brugger, del instituto NADEL de la ETH de Zúrich, señala que las consideraciones políticas siempre desempeñan un papel en las decisiones de financiación: «El Banco Mundial es un poderoso instrumento para invertir en proyectos considerados deseables». Según Brugger, no puede descartarse que este tipo de consideraciones también haya influido en el caso de la presa de Rogún.

La construcción de la presa fue iniciada por la Unión Soviética en 1959. Tras su desintegración, las obras quedaron paralizadas. No fue hasta 2008 cuando el Gobierno tayiko reanudó la construcción. En la actualidad, la presa está completada en aproximadamente un 30 %Enlace externo.

Restos de 2006
En esta fotografía de febrero de 2006 se ven los restos de una fábrica de hormigón. Se trata de un proyecto que en su origen era soviético y que ahora se financiará con fondos internacionales. Keystone

¿Quién puede presentar una queja?

Tras la decisión adoptada en febrero de 2025 de financiar este controvertido proyecto, el Banco Mundial también pasó a estar en el punto de mira de las críticas. Dos personas de Uzbekistán y Turkmenistán presentaron una quejaEnlace externo ante el Inspection Panel, el mecanismo independiente de reclamaciones del Banco Mundial. Este órgano tiene la tarea de examinar las denuncias y formular una recomendación al Consejo Ejecutivo del Banco Mundial.

Las personas denunciantes argumentaron que la evaluación ambiental y social realizada por el Banco Mundial sobre la presa de Rogún era incompleta. Según sostienen, los datos utilizados estaban desactualizados y el análisis omitía cuestiones fundamentales. Entre ellas, que la reducción del caudal provocada por la presa tendría consecuencias irreversibles para un ecosistema ya de por sí frágil aguas abajo. Además, afirmaron que la presa podría tener efectos devastadores sobre especies amenazadas y sobre las comunidades locales.

Asimismo, señalaron que el Banco Mundial no había garantizado que el proyecto incorporara medidas eficaces de protección ambiental y social. «Por las razones expuestas, creemos que la documentación actual del proyecto no cumple los requisitos del Banco Mundial y que la institución no está haciendo lo suficiente para garantizar que los cumpla», se afirma en la queja. Las personas denunciantes añadieron que ya habían advertido repetidamente de estas deficiencias antes de que se aprobara la financiación, sin que la dirección del Banco respondiera de manera sustancial a sus preocupaciones.

La dirección del Banco Mundial rechazó la validez de la quejaEnlace externo. Argumentó que las dos personas denunciantes no procedían de Tayikistán, sino de Uzbekistán y Turkmenistán, y que, por tanto, las reclamaciones debían ser presentadas por personas del país beneficiario de la financiación.

Además, el Banco sostuvo que las preocupaciones planteadas ya habían sido estudiadas en profundidad y que los posibles riesgos seguirían siendo supervisados durante la ejecución del proyecto. También señaló que el Gobierno tayiko se había comprometido a mantener los volúmenes de agua acordados con los países vecinos. Según el Banco Mundial, sus normas y procedimientos se habían aplicado «de forma correcta y rigurosa».

Sin embargo, el propio Panel de Inspección no comparte el argumento de que las personas denunciantes carezcan de legitimación para presentar la queja, según se desprende de su respuestaEnlace externo. «Se refieren a posibles consecuencias del proyecto en Tayikistán sobre el volumen de agua aguas abajo en Uzbekistán y Turkmenistán», señala el panel. De acuerdo con la práctica seguida en casos anteriores, las denuncias procedentes de otros países son admisibles cuando quienes las presentan pueden verse directamente afectados por un proyecto.

El panel recuerda asimismo que el Consejo Ejecutivo ya ha aceptado en el pasado reclamaciones de personas que no procedían del país donde se ejecutaba el proyecto, como ocurrió en el caso de la central hidroeléctrica de Yacyretá, entre Paraguay y Argentina.

Según el Panel, sin una investigación exhaustiva de los procesos de diligencia debida (due diligence) y de seguimiento del proyecto, no es posible determinar de forma concluyente si el Banco Mundial ha cumplido sus propias normas. Por ello, recomienda abrir una investigación al respecto.

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Decisión que plantea interrogantes

Sin embargo, en una reunión celebrada en noviembre de 2025, el Consejo Ejecutivo decidió rechazar la recomendación de abrir una investigación. «Normalmente, cuando el Panel de Inspección recomienda una investigación, el Consejo la acepta sin objeciones», afirma Eugene Simonov, asesor de las personas denunciantes y coordinador de la red de ONG Coalición Internacional Ríos sin Fronteras.

Pero en este caso no ocurrió así. ¿Por qué decidió el Consejo Ejecutivo no seguir la recomendación del panel, si en casos similares el Banco Mundial había considerado admisibles denuncias presentadas por personas de fuera de los países beneficiarios? ¿Qué motiva al Banco Mundial a respaldar un proyecto que parece generar tanta controversia? ¿Y qué papel desempeña Suiza en todo ello?

Fritz Brugger, del Instituto NADEL de la ETH de Zúrich, señala que la responsabilidad de Suiza, al menos desde el punto de vista jurídico, no es mayor que la de los demás miembros del Consejo Ejecutivo. Sin embargo, su papel como líder del grupo de voto «Helvetistan» puede dar lugar a conflictos de intereses. «Tiene que coordinar su posición con los demás miembros del grupo», explica Brugger. En cierta medida, los integrantes dependen unos de otros para obtener el apoyo de los demás Estados en otras votaciones.

En relación con la reclamación, la Secretaría de Estado de Economía de Suiza (SECO) indicó que ha tomado nota de las críticas formuladas.

Lo que parece claro es que Tayikistán tenía un gran interés en evitar una nueva investigación sobre el proyecto de Rogún. Sin embargo, qué ocurrió exactamente a puerta cerrada en el Consejo Ejecutivo y dentro del grupo Helvetistan, y si Tayikistán intentó influir en la decisión a su favor dentro del grupo, sigue siendo una incógnita.

Dado que las votaciones del Consejo Ejecutivo son confidenciales, el SECO no se pronuncia sobre cómo votó Suiza en este asunto. «Suiza y su grupo de voto en el Banco Mundial conceden una gran importancia a los mecanismos independientes de rendición de cuentas de la institución. Por ello, también han analizado detenidamente la reclamación sobre Rogún y la recomendación del Panel de inspección a la que usted se refiere». Según el organismo, con la decisión del Consejo Ejecutivo de rechazar una investigación, el procedimiento ha quedado cerrado.

Otras voces cuestionan más ampliamente la gestión de las reclamaciones en el Banco Mundial. Una especialista que desea permanecer en el anonimato sostiene que el hecho de que el Consejo deba aprobar la apertura de una investigación limita la independencia del Panel de inspección. En comparación, añade, el Banco Africano de Desarrollo modificó precisamente este criterioEnlace externo en 2021, de modo que la decisión de iniciar una investigación recae ahora exclusivamente en el órgano encargado de tramitar las reclamaciones.

Para Filippo Menga, la decisión de financiar la presa de Rogún podría acabar perjudicando la credibilidad del Banco Mundial.

Artículo editado por Benjamin von Wyl y adaptado al español por Patricia Islas.

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