La suiza que revolucionó el baño en los ríos de Boston
Originaria de Berna, Renata von Tscharner llevó a Estados Unidos la tradición suiza del baño fluvial. Hace más de 25 años fundó la Conservación del Río Charles (Charles River Conservancy) y dedicó casi dos décadas a lograr que los habitantes de Boston y Cambridge pudieran volver a nadar en su río.
Cada vez que Renata von Tscharner vuelve a Suiza, retoma una costumbre de la que nunca prescinde: bañarse en el Aar o en el Rin. Para esta mujer de 78 años, sumergirse en las aguas de esos ríos forma parte de su identidad, tanto como las montañas o el dialecto suizo. «Siempre me ha encantado nadar en el Aar y en el Rin», afirma. Es una experiencia que la ha acompañado durante toda su vida.
Hoy vive en Cambridge, cerca de Boston, en Estados Unidos. Allí, bañarse en los ríos está muy restringido, tanto por la calidad del agua como por motivos legales. Pero esa limitación, lejos de desalentarla, reforzó su vínculo con los cursos de agua y terminó convirtiéndose en el motor de su vida profesional.
De Lützelflüh a Boston
Renata von Tscharner nació en 1948 en Lützelflüh, en Emmental (cantón de Berna). Como su padre era pastor, la familia se mudó varias veces: primero a Basilea y luego al cantón de Argovia. Estudió Arquitectura y Urbanismo en el Instituto Tecnológico Federal de Zúrich (ETH Zürich) y, a finales de la década de 1970, emigró primero a Inglaterra y después a Estados Unidos.
Allí trabajó como urbanista y consultora en numerosas ciudades estadounidenses. En 2000 fundó la Conservación del Río Charles CRCEnlace externo (Charles River Conservancy CRC), una organización sin fines de lucro dedicada a la recuperación y puesta en valor del río Charles y sus riberas entre Boston y Cambridge.
Al principio, el trabajo se centró en los parques, los espacios públicos y el desarrollo urbano. Pero desde el comienzo, la activista suiza tenía otro objetivo: «Quería que la gente volviera a bañarse en el río en Boston».
Un río solo para contemplar
Durante décadas, el río Charles (que separa Boston de Cambridge) sufrió una grave contaminación. Incluso hoy, las lluvias intensas pueden deteriorar la calidad del agua.
«El problema siempre tiene que ver con la calidad del agua», explica la conservacionista bernesa. Antes de cada jornada de baño en el río es necesario demostrar que el agua está lo suficientemente limpia. Según señala, los requisitos son incluso más estrictos que los exigidos para las aguas del Sena durante los Juegos Olímpicos de París.
A esto se suma que la corriente del río Charles es mucho más lenta que la del Aar. Para describir esa diferencia, ella recurre a una comparación que delata sus raíces suizas: «El Aar es como el esquí alpino, mientras que el río Charles se parece más al esquí de fondo».
En junio de 1950, The Boston Globe advertía que el río Charles estaba «demasiado contaminado para nadar justo cuando comienza el calor».
Ese mismo año, las autoridades locales (la Comisión Metropolitana del Estado de Massachusetts (Metropolitan District Commission, MDC) comenzaron a prohibir oficialmente el baño recreativo y las playas ribereñas fueron cerrando de forma definitiva. El río permaneció cerrado a esa actividad durante más de medio siglo.
La recuperación comenzó en 1995, cuando la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (United States Environmental Protection Agency, EPA) puso en marcha la ‘Iniciativa del Río Charles’, un programa de saneamiento que mejoró progresivamente la calidad del agua.
En ese contexto, Renata von Tscharner fundó en 2000 la Conservación del Río Charles (Charles River Conservancy CRC).
Durante casi dos décadas, la CRC movilizó miles de voluntarios, impulsó mejoras en las riberas y promovió el regreso de la tradición del baño fluvial, inspirada en la cultura urbana suiza.
Ese trabajo culminó en 2013 con el primer City SplashEnlace externo, un baño comunitario legal en el río Charles después de más de 50 años, convertido desde entonces en símbolo de la recuperación ambiental y del espacio público.
El temor a las acciones legales
Mientras que bañarse en los ríos es una práctica común en muchas regiones de Suiza, durante mucho tiempo se consideró impensable en Boston. Precisamente eso es lo que Renata von Tscharner quiso cambiar.
Junto con la ‘Conservación del Río Charles’, organizó jornadas de baño abiertas al público, trabajó para mejorar la calidad del agua y desarrolló proyectos a largo plazo destinados a reincorporar el río a la vida de la ciudad. Entre ellos figuran humedales flotantes diseñados para purificar el agua de forma natural.
Además de la calidad del agua, tuvo que enfrentarse a otro obstáculo: la legislación estadounidense en materia de responsabilidad civil. Allí, las autoridades y las organizaciones suelen temer las demandas judiciales cuando una persona resulta herida durante una actividad recreativa. «Demandar a la gente es algo muy habitual», explica. A su juicio, en ese país existe una fuerte tendencia a buscar responsables, mientras que en Suiza prevalece, en cierta medida, el principio de la responsabilidad individual.
Este marco jurídico también influye en la organización de las actividades de baño en el río. Por eso, durante los eventos que se celebran en el río Charles se aplican estrictas medidas de seguridad. Los participantes deben acreditar que saben nadar, solo pueden entrar al agua acompañados por otra persona y permanecen bajo la vigilancia de numerosos socorristas.
A pesar de estas medidas de precaución, la arquitecta no es partidaria de las prohibiciones generales. En la Confederación también se producen regularmente accidentes durante la natación fluvial. «Me alegra que en Suiza la gente siga bañándose en los ríos y no se limite a prohibir», argumenta.
El pasado 18 de julio volvió a celebrarse la City SplashEnlace externo, una gran jornada de baño en el río Charles, evento al que no pudo asistir por encontrarse camino a Europa.
Un vínculo intacto con su país de origen
Renata von Tscharner vive en Estados Unidos desde hace casi cinco décadas. Allí nacieron sus tres hijos y hoy tiene siete nietos.
Sin embargo, su vínculo con la Confederación sigue siendo muy estrecho. Sus hijos hablan suizo-alemán, la familia pasa temporadas en Europa con regularidad y ella visita Suiza varias veces al año.
¿Qué es lo que más echa de menos? «Cierto rigor propio de las instituciones», responde. En el actual contexto político estadounidense, observa con preocupación hasta qué punto pueden ser frágiles las instituciones.
Al mismo tiempo, aprecia el optimismo y la disposición a asumir riesgos que caracterizan a sus ciudadanos. «Cuando surge una idea, aquí uno se pregunta: “¿Por qué no?”, en lugar de pensar: “Eso no va a funcionar”», explica.
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Quizá sea precisamente esa actitud la que explique su éxito. Cuando, hace más de veinte años, planteó que la gente podía volver a bañarse en el río Charles, muchos consideraban que la idea era irrealizable.
Renata von Tscharner dejó la dirección de la CRC en 2018, a los 70 años. Lo hizo por decisión propia, según explica. Había visto demasiadas veces cómo a los fundadores les costaba desprenderse de las organizaciones que habían creado.
Hoy en día, dedica tiempo a sus nietos, toca el acordeón y está comprometida con la conservación de las ruinas medievales de Neu-Schauenburg,Enlace externo en la región de Basilea, que han pertenecido a su familia durante generaciones.
Su legado no es un puente ni un edificio. Es la idea de que un río puede ser mucho más que un simple escenario: puede convertirse en un espacio público que la población descubra y disfrute.
Artículo editado por Balz Rigendinger; y adaptado al español por Norma Domínguez. Revisado por Carla Wolff.
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