Tener un hijo, un lujo: ¿seguirá Estados Unidos el camino de Suiza?
Suiza registra uno de los descensos de la natalidad más pronunciados del mundo occidental. El cambio de valores se combina con un elevado coste de vida que lleva a cada vez más personas a replantearse la decisión de tener hijos. En Estados Unidos, la tendencia empieza a parecerse.
Levantarse después de una caída. La convicción de que nada puede doblegarles forma parte de la identidad estadounidense. Hasta hace poco, esa mentalidad de recuperación también se reflejaba en la demografía. En el pasado, las crisis llevaban a la población estadounidense a tener menos hijos, pero después la natalidad se recuperaba de forma sistemática.
Desde 2007, sin embargo, ya no es así. Tras la crisis financiera, el número de hijos por mujer en Estados Unidos ha caído de forma constante. En apenas dos décadas, la tasa de fecundidad pasó de 2,1 a 1,6 hijos por mujer, el nivel más bajo de la historia.
La Administración Trump tampoco ha pasado por alto esta tendencia. «Estados Unidos tiene pocos bebés», afirmó en mayo Mehmet Oz, director de la agencia federal de salud y antiguo médico televisivo. Así introdujo un nuevo término en el debate sobre la baja natalidad.
Durante mucho tiempo, Estados Unidos había presentado buenos datos en comparación con la media de la OCDE. Todavía en la década de 2000 alcanzaba los 2,1 hijos por mujer, la tasa necesaria para mantener estable la población. Ahora, sin embargo, se perfila una evolución similar a la experimentada por Suiza, que con 1,28 hijos por mujer se sitúa actualmente en el tercio inferior de los países de la OCDE.
Suiza y Estados Unidos comparten importantes características. Algunas son estructurales, como el federalismo; otras tienen que ver con su tradición política e intelectual, como el ideal de libertad individual frente al Estado. También en términos económicos ambos países están más cerca de lo que cabría pensar por su peso geopolítico.
Según el Fondo Monetario Internacional, Suiza ocupa el cuarto puesto mundial en renta per cápita y Estados Unidos, el octavo. Si se tiene en cuenta el poder adquisitivo, ambos retroceden: Suiza cae al octavo puesto y Estados Unidos, al undécimo. Y este efecto también repercute en el número de hijos. Menor poder adquisitivo significa ahorrar donde se puede, también a la hora de tener hijos.
Crisis del poder adquisitivo: dos países, un problema
En una clasificación reciente sobre el coste de vida en distintas ciudades del mundo, las seis primeras posiciones correspondieron a ciudades suizas, con Zúrich a la cabeza. Nueva York ocupó el séptimo puesto, San Francisco el décimo y Seattle el duodécimo. También Washington, San José, Boston y Charleston figuran entre las 20 ciudades más caras.
En ambos países, las personas con ingresos medios sufren una fuerte presión sobre sus bolsillos. En Suiza, la natalidad ha vuelto a caer en este contexto después de haberse estabilizado durante un tiempo.
A diferencia de lo ocurrido en la mayoría de las economías industriales occidentales, este último descenso no se debe simplemente al aumento del número de personas que no tienen hijos. Los nacimientos posteriores al primero también desempeñan un papel importante: las suizas tienen cada vez menos terceros hijos.
Los especialistas relacionan directamente este fenómeno con las condiciones de vida. Los costes de la vivienda y de los cuidados, así como la dificultad de compaginar la vida familiar y laboral, resultan inasumibles para muchas familias con tres hijos. No es de extrañar: en Suiza, los costes directos e indirectos de criar a un hijo hasta la mayoría de edad se estiman en alrededor de un millón de francosEnlace externo.
Cada vez menos terceros hijos, tanto en EE. UU. como en Suiza
En Estados Unidos se observa el mismo efecto, al menos en las grandes ciudades. Ya hace diez años, tener un tercer hijo en Manhattan era considerado el símbolo de estatus definitivo. Y si se analizan los datos desde 2007, los terceros hijos son también los que más han disminuido en Estados Unidos.
Hasta ahora, la disposición a tener un tercer hijo después del segundo —medida mediante la llamada tasa de progresión de paridad— se había mantenido relativamente estable en Estados Unidos. En parte, porque el coste de vida varía mucho más entre las distintas regiones del país. Pero la actual crisis del coste de vida podría hacer que se repita el patrón suizo.
Como señala Lyman Stone, del conservador Institute for Family Studies, actualmente la principal causa del descenso de la natalidad en Estados Unidos es la renuncia a tener el primer hijo. En Suiza, en cambio, esta disposición se ha mantenido relativamente estable en los últimos años, como muestran los gráficos comparativos.
Menos interés por tener hijos: EE. UU. incluso supera a Suiza
Las personas sin hijos pueden dividirse en dos grupos: quienes querían tenerlos pero finalmente no los han tenido y quienes no quieren tener hijos por decisión propia.
La política estadounidense se centra en el primer grupo. Así, el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., lamentó recientemente el descenso de la concentración media de espermatozoides.
Aunque la infertilidad biológica está aumentando realmente en Estados Unidos, las personas que deciden voluntariamente no tener hijos representan un factor demográfico mucho más importante.
Un análisis del Pew Research Center, un centro de estudios independiente con sede en Washington, muestra la magnitud del fenómeno. Entre 2002 y 2023, el porcentaje de mujeres de entre 20 y 30 años que no quieren tener hijos pasó del 7% al 23%. Entre las mujeres de 20 a 24 años, la proporción alcanza incluso el 34%. Entre los hombres se registran cifras similares.
La falta de interés por tener hijos tiene múltiples causas. Los demógrafos señalan un cambio general de valores, el aumento del coste de vida, el deterioro de las perspectivas profesionales de quienes tienen hijos —especialmente la llamada «penalización por maternidad»—, pero también factores como la crisis de soledad o la influencia de las redes sociales en el estilo de vida y las expectativas personales.
A ello se suma, como en Suiza, que muchas personas tienen menos hijos de los que habían deseado inicialmente. Esta denominada brecha de fecundidad se está ampliando, según señala el Institute for Family Studies en un artículoEnlace externo. Aunque la tasa de fecundidad estadounidense ha caído por debajo de 1,6 hijos por mujer, la mayoría de las mujeres sigue esperando tener dos hijos. De media, las mujeres encuestadas desearían incluso tener 2,4 hijos.
La economista de Princeton Ilyana Kuziemko demostró en un estudioEnlace externo que las mujeres subestiman sistemáticamente, antes de tener su primer hijo, las dificultades para conciliar familia y carrera profesional. Eso ocurre especialmente entre las mujeres con estudios universitarios.
Además, las madres con estudios superiores tienen de media su primer hijo a una edad más avanzada y, por tanto, disponen de menos tiempo para hacer realidad su deseo de tener hijos. Una separación o una crisis personal, como perder el empleo, puede trastocar así sus planes familiares.
La edad de las madres: la última ventaja de EE. UU.
Como ocurre en todos los países occidentales, la edad de las madres en el momento de tener su primer hijo también ha aumentado en Estados Unidos. Sin embargo, sigue siendo relativamente baja. Esa es la principal diferencia con Suiza, donde las mujeres tienen su primer hijo a una edad media de 31,3 años (2023), una de las más altas del mundo.
En Estados Unidos, las madres tenían una media de 27,5 años al dar a luz por primera vez en 2023, según un informeEnlace externo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). La edad es mucho menor en las zonas rurales, donde se sitúa en 24,8 años, que en las grandes áreas metropolitanas, con 28,5 años. La misma diferencia se observa —también en Suiza y otros países occidentales— entre las mujeres con estudios universitarios y aquellas sin educación terciaria.
Entre las razones de esta menor edad media de las madres en Estados Unidos están, sobre todo, los sistemas de valores y la influencia de las organizaciones religiosas, especialmente en el llamado «cinturón bíblico» protestante y conservador. Su influencia también se refleja en la relativa estabilidad de las familias numerosas con cuatro hijos o más.
En cambio, los embarazos adolescentes han disminuido. Desde su máximo a principios de la década de 1990, su número ha caído un 80%Enlace externo.
Gracias a la edad relativamente baja de las madres, Estados Unidos dispone de cierto margen para amortiguar los efectos de la actual crisis del coste de vida. Las parejas que solo retrasan la decisión de tener hijos por motivos económicos todavía tienen, al menos de media, tiempo para hacerlo.
Aun así, si Estados Unidos no consigue hacer frente pronto a la crisis del coste de vida, las tendencias actuales podrían acentuarse. En particular, la renuncia a tener más hijos después del primero podría cobrar mayor importancia.
Con una proporción considerable de hombres y mujeres jóvenes que, de todos modos, no quieren tener hijos, Estados Unidos corre el riesgo de seguir el mismo camino que Suiza y caer por debajo de 1,4 hijos por mujer. Los demógrafos consideran esta cifra un umbral crítico para una sociedad.
Artículo adaptado al español por Carla Wolff.
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