The Swiss voice in the world since 1935

Cómo convencer a los señores de la guerra de que no ataquen a la población civil

Alain Délétroz
Alain Délétroz, el director de la ONG L’Appel de Genève desde 2017, observa desde la primera línea cómo evolucionan los conflictos, en los que cada vez participan más grupos armados no estatales. Mark Henley

Su trabajo consiste en reunirse con los señores de la guerra y convencerles de que no ataquen a la población civil. Alain Délétroz continúa con esta misión desde la ONG L’Appel de Genève, mientras los propios Estados cada vez dan menos ejemplo.

Establecer contacto con los grupos armados más sanguinarios del planeta para sensibilizarlos sobre las normas de la guerra. Una tarea insólita para la que Alain Délétroz —con su metro noventa de estatura— tiene el físico adecuado. Detrás de su intensa mirada —que obliga a escuchar— se esconden un humanismo y una sensibilidad que, antes incluso que su amabilidad, delata su voz tranquila y serena. Natural del cantón del Valais, Délétroz no ha olvidado sus orígenes: nos recibe con un café y nos ofrece chocolate. Por supuesto, suizo.

Cuando le preguntamos qué le llevó, en 2017, a aceptar el puesto de director de L’Appel de Genève, responde: «Desde muy joven me ha atraído aquello que hace que el ser humano siga siendo humano, incluso en las peores situaciones». De hecho, lo que le impulsó a dedicarse a la ayuda humanitaria es esta «fe en la humanidad»; inquebrantable y heredada de su infancia en una «familia católica de Ayent». Su carrera en el sector de la ayuda humanitaria comenzó en 1994 como delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja en Moscú.

«Lo que más me ha impresionado en mis distintos puestos de trabajo, sobre todo durante mis primeros años como delegado joven, fue ver que esa chispa de humanidad puede encontrarse en el corazón de personas que han cometido los peores crímenes», explica. Y añade: «De hecho, en eso precisamente es en lo que trabaja L’Appel de Genève».

Al tratar de sensibilizar a los grupos armados sobre los Convenios de Ginebra, la ONG tenía como objetivo inicial cubrir un vacío en el sector humanitario. Un cuarto de siglo después, L’Appel de Genève se ha consolidado como actor imprescindible de la Ginebra internacional. También como uno de los actores más discretos, aunque Alain Délétroz acepta desvelar algo del misterio.

Una chispa de humanidad

En la actualidad L’Appel de Genève está en contacto con más de 200 grupos repartidos por el mundo. Acercarse a ellos y ganarse su confianza exige conocer muy bien el terreno. Razón por la que la organización lleva diez años desarrollando una red de delegaciones internacionales.

Según explica Alain Délétroz, ya no es la gente que trabaja en la sede de Ginebra la que baja de un avión para entablar el diálogo. Ese trabajo lo hacen quienes colaboran sobre el terreno con la organización. Délétroz se desplaza más tarde, cuando surge la oportunidad de reunirse con mandos de alto rango.

Entonces, ¿cómo consigue convencer a los jefes militares, los señores de la guerra, —con los que a priori no tiene nada en común— de que respeten un derecho internacional humanitario que les resulta ajeno? «El mero argumento jurídico por sí solo no basta para cambiar el comportamiento de los grupos armados que han cometido, a veces durante años, graves actos de violencia contra la población civil. Hay que encontrar otra cosa», aclara.

Esa «otra cosa» es precisamente «la chispa de humanidad» a la que Alain Délétroz se refiere desde el principio de nuestro encuentro. «Hay que intentar encontrar aquello que, en su código mental o en su ideología, permita establecer vínculos», precisa. Y añade: «no hay ninguna fórmula mágica».

Alain Délétroz
Mientras algunas de las mayores potencias pisotean el derecho internacional, a Alain Délétroz y sus equipos les resulta cada vez más difícil hacer comprender a los grupos armados la importancia de respetar los Convenios de Ginebra. Mark Henley

Es fácil imaginar que su dominio de idiomas —entre ellos el ruso y el quechua que aprendió en su juventud de la mano de indígenas peruanos— es una gran ventaja. También desempeña un papel importante su fe profunda, que cultiva desde siempre y que alimentó especialmente durante una estancia de dos años en la congregación clerical misionera de los Espiritanos en París.

Como Alain Délétroz destaca, los aspectos culturales y religiosos ocupan un lugar importante en estos grupos que, invariablemente, persiguen «una causa».

«Si se pone en duda, se acabó. Evidentemente, cuando llego a ciertos conflictos, como ciudadano, me cuesta convencerme de que su causa sea justa», confiesa. Pero la neutralidad humanitaria le permite dejar de lado las consideraciones políticas. «No se discuten las razones por las que lucha la gente, sino la forma en la que lo hace y su responsabilidad para con la población civil», añade con solemnidad.

Así, a veces se producen interacciones que, para alguien que observa desde fuera, podrían resultar sorprendentes o, incluso, chocantes. «Hace poco estuve hablando por teléfono sobre un tema delicado con un comandante al que precisamente no podría calificarse de afable. Al final de nuestra conversación, me dijo: “Usted y yo compartimos los mismos valores”», comenta Alain Délétroz con una risa avergonzada. Pero hablar con todo el mundo es precisamente su trabajo.

Cuando evoca sus numerosos viajes a zonas de guerra, que le han llevado a la República Democrática del Congo recientemente y le llevarán a Ucrania y a Oriente Próximo en breve, el director evita nombrar a sus interlocutores. Pero eso no le impide adoptar una franqueza bastante poco habitual en el —por lo general— discreto mundo de la Ginebra internacional.

Erosión del derecho humanitario

La misión de L’Appel de Genève tal vez nunca haya sido tan difícil como lo es ahora. Porque, ¿cómo convencer a los grupos armados de que respeten los Convenios de Ginebra cuando los propios Estados que los adoptaron no lo hacen?

«Ni un solo ejército nacional en combate se comporta correctamente», constata Alain Délétroz con amargura. Lamenta «una erosión generalizada del derecho internacional humanitario» desde Ucrania hasta Gaza, pasando por Sudán.

«Desde los bombardeos israelíes sobre Gaza, varios comandantes de grupos armados de Oriente Próximo nos han dicho muy claramente: no nos hablen más de los Convenios de Ginebra. Si un horror así puede ocurrir ante nuestros ojos sin que nadie se inmute, ¿por qué deberíamos respetar esas normas?», confiesa Alain Délétroz.

Sus equipos se ven obligados, entonces, a recurrir a otras fuentes, como los códigos de conducta de otras milicias o los textos religiosos que establecen normas similares.

«Al contrario de lo que podría pensarse, la gran mayoría de los grupos quiere continuar el diálogo», se apresura a precisar Alain Délétroz. Reconoce, no obstante, que el diálogo no puede establecerse con ciertos grupos, en particular los yihadistas, que lo rechazan.

Alain Délétroz observa también desde su despacho —con vistas a la plaza de las Naciones— cómo evolucionan los conflictos. «El mayor cambio de los últimos diez años es el espacio que los grupos armados controlan en el mapa mundial», afirma. Un espacio que se ha ampliado considerablemente y ahora abarca a más de 200 millones de personas. Algunas milicias se han convertido en «autoridades de facto» y administran territorios enteros.

Esta evolución también ha transformado el trabajo de su organización, que tiene un presupuesto anual de unos 20 millones de francos. «Al principio, trabajábamos principalmente en el comportamiento de los combatientes. Ahora también ofrecemos formación para la gestión y la protección de la población civil».

Alain Délétroz
L’Appel de Genève es una de las pocas ONG de la Ginebra internacional que no ha sufrido de lleno la crisis financiera provocada por la retirada masiva de Estados Unidos y otros países occidentales de la ayuda humanitaria. Mark Henley

Mantener la esperanza

Tras casi diez años en el cargo, le preguntamos si tiene algún remordimiento. Alain Délétroz reflexiona un instante. «Cuando vi las imágenes del 7 de octubre, pensé que habíamos cometido un error al no entablar un diálogo con Hamás. Porque ninguno de los grupos con los que trabajamos mata a civiles a golpes con herramientas de jardinería», dice. L’Appel de Genève nunca se había acercado al movimiento palestino, porque en Oriente Próximo ya estaban presentes muchos actores humanitarios; y la organización había optado por centrar sus esfuerzos en otros conflictos, especialmente en África.

A pesar de la erosión del derecho internacional, el deterioro de la situación de seguridad y la crisis que azota al sector humanitario, este hombre —padre de dos hijos y tres hijas—, a sus 62 años, se niega a sucumbir al pesimismo.

«Lo que me motiva es ver cómo personas que antes cometían crímenes cambian de comportamiento, establecen normas para sus tropas y sancionan las infracciones. Eso es lo que nos da fuerzas para seguir».

Artículo editado por Samuel Jaberg y adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.

Mostrar más

Los preferidos del público

Los más discutidos

En cumplimiento de los estándares JTI

Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI

Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.

Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.

SWI swissinfo.ch - sucursal de la Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR

SWI swissinfo.ch - sucursal de la Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR