¿Verdadero o falso?: ¿Suiza no hace nada para adaptarse al clima?
¿Está Suiza preparándose adecuadamente para los efectos del cambio climático o se está quedando rezagada respecto a otros países? Un lector de SWI swissinfo.ch planteó esta pregunta y nos pusimos a buscar respuestas.
Suiza acaba de vivir su verano más caluroso desde que comenzaron los registros en 1864. La ciudad de Basilea registró más días con temperaturas superiores a los 30 °C que en todo 2003, un año históricamente caluroso, y casi un tercio de las 149 estaciones de MeteoSwiss registraron su temperatura más alta jamás registrada.
En este contexto, los críticos sostienen que Suiza está mal preparada para afrontar el cambio climático, que se resiste a medidas como la instalación de aire acondicionado y que va por detrás de los países vecinos.
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Reducción de emisiones frente a adaptación
La política climática tiene dos vertientes: la mitigación, destinada a reducir las emisiones de carbono, y la adaptación, que busca preparar a la sociedad para los efectos del cambio climático.
En Suiza, las críticas suelen centrarse en la primera. Este verano, el ministro de Medio Ambiente, Albert Rösti, afirmó que será difícil alcanzar el objetivo climático de Suiza de reducir a la mitad sus emisiones para 2030, y atribuyó esta situación a los recortes presupuestarios del Gobierno federal. Una parte importante de la reducción de las emisiones de Suiza depende de compensarlas en el extranjero mediante créditos de carbono, en lugar de llevar a cabo esas reducciones dentro del país. Los grupos ecologistas llevan años criticando este enfoque.
En 2024, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos también dictaminó, en una sentencia histórica, que Suiza no está haciendo lo suficiente para combatir el cambio climático dentro de sus fronteras.
Además, el año pasado, un índice internacional sobre acción climática —el Climate Change Performance Index— situó a Suiza en el puesto 26 de un total de 63 países y le otorgó una puntuación baja en materia de política climática nacional. El índice se basa en las emisiones, las energías renovables y el consumo de energía, pero no incluye ningún indicador que permita evaluar hasta qué punto los países se están adaptando al cambio climático.
Lo que ha construido Suiza para adaptarse al cambio climático
El Gobierno suizo puso en marcha en 2012 una estrategia nacional de adaptación al cambio climático. Una parte importante de los fondos anuales se destina a la adaptación frente a los peligros naturales, un ámbito en el que Suiza cuenta con décadas de experiencia: alrededor de 2.900 millones de francos suizos (3.600 millones de dólares) al año, aproximadamente el 0,6 % del PIB, mientras que los mapas de peligros cubren más del 90 % de las zonas habitadas.
El sistema fue puesto a prueba el año pasado. El 28 de mayo, el glaciar Birch, en el valle de Lötschental, se desplomó bajo el peso de los desprendimientos de roca procedentes de la montaña Kleines Nesthorn, que se estaba desmoronando, y sepultó el pueblo de Blatten bajo nueve millones de metros cúbicos de roca, barro y hielo. La montaña llevaba años siendo vigilada de cerca y unos 300 residentes fueron evacuados con antelación. Una persona murió: un pastor que había regresado a una zona situada justo fuera del perímetro de evacuación.
El estado de los planes para mitigar los efectos del calor
Después de que durante la ola de calor de 2003 murieran aproximadamente 1.000 personas más de lo esperado, los cantones de la Suiza francófona y el Tesino pusieron en marcha planes de acción contra el calor. Otras partes de Suiza no lo hicieron. Posteriormente, investigadores del Instituto Suizo de Salud Tropical y Pública compararon ocho ciudades. En las cinco que no contaban con planes de acción contra el calor, la relación entre la temperatura y la mortalidad no cambió después de 2003. En las tres que sí disponían de ellos, entre ellas Ginebra, el riesgo de mortalidad relacionada con el calor disminuyó de forma apreciable.
Solo ocho de los 26 cantones de Suiza cuentan con un plan de acción contra el calor que cumple las normas de la Organización Mundial de la Salud, mientras que los recursos de apoyo disponibles en el resto del país varían considerablemente. En Ginebra se realizan controles diarios del bienestar de los residentes vulnerables registrados durante las olas de calor y se ofrecen a las personas mayores entradas gratuitas a cines con aire acondicionado y piscinas.
Actualmente, resulta difícil implantar un plan de acción contra el calor a escala nacional. Estos planes son competencia de los cantones y el Gobierno federal solo puede emitir recomendaciones, explicó Martina Ragettli, del Instituto Suizo de Salud Tropical y Pública, a la radiotelevisión pública suiza SRF en agosto.
El calor causa más muertes en Suiza que cualquier otro peligro natural, afirma Ragettli, muchas más que los aludes, los desprendimientos de tierra o las inundaciones. Solo en la última semana de junio murieron 175 personas mayores de 65 años más de lo esperado, según la Oficina Federal de Estadística.
¿Por qué es tan difícil instalar aire acondicionado?
El aire acondicionado no está prohibido en ningún lugar de Suiza. Las unidades portátiles no requieren ningún permiso. Los sistemas fijos sí requieren autorización y deben cumplir las normas cantonales en materia de energía y ruido. Además, antes de que pueda autorizarse la instalación de sistemas de refrigeración, los edificios deben estar protegidos frente al calor del verano, normalmente mediante sistemas de sombreado exterior. El objetivo es evitar que los propietarios se limiten a refrigerar viviendas mal construidas en lugar de solucionar sus deficiencias.
Sin embargo, las solicitudes para instalar sistemas de refrigeración rara vez son rechazadas. El Gobierno del cantón de Zúrich señaló en 2025 que consideraba que estos rechazos eran poco frecuentes, y que cada año se instalan alrededor de 20.000 unidades en el cantón.
¿Está Suiza quedándose rezagada respecto a sus países vecinos en materia de adaptación al cambio climático?
Según los criterios habituales, no. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) señala que Suiza cuenta tanto con una estrategia de adaptación adoptada como con un plan de acción nacional. También indica que es uno de los tres únicos países cuya legislación climática federal contempla medidas de adaptación. La ley alemana de adaptación exige objetivos cuantificables y mecanismos de seguimiento, mientras que el último plan de Francia se prepara explícitamente para un calentamiento de cuatro grados de aquí a 2100. Suiza cuenta con estrategias, pero no con objetivos vinculantes. Su estrategia revisada, cuya publicación estaba prevista para finales de 2025, sigue figurando como «en proceso de revisión».
El agua constituye un problema mayor. Este verano, más de 190 municipios pidieron a sus habitantes que limitaran el consumo de agua. Suiza no se quedó sin agua; el problema es que está distribuida de manera desigual. Vincent Humphrey, de MeteoSwiss, explicó a Swissinfo que la región densamente poblada de la Meseta central, así como los Prealpes y el Jura, no están acostumbrados a gestionar situaciones de escasez de agua o conflictos por este recurso. Un sistema nacional de alerta temprana puesto en marcha en 2025 funciona bien, pero no está previsto que exista una estrategia nacional de gestión del agua antes de finales de 2027, y no existe una medición centralizada de la cantidad de agua que consumen la agricultura y la industria suizas. Los países de la UE desarrollaron sistemas de medición hace 25 años, y el Gobierno suizo ya había identificado esta carencia en 2012.
Entonces, ¿está Suiza «sin hacer nada» para prepararse para el cambio climático?
No. Suiza se encuentra entre los países europeos mejor preparados para gestionar peligros a los que se enfrenta desde hace décadas, como las inundaciones, los aludes y los desprendimientos de tierra. Sus sistemas de vigilancia permitieron evacuar un pueblo de montaña nueve días antes de que quedara sepultado. Sin embargo, la preparación frente a riesgos más recientes, como el calor, la sequía y la escasez de agua, está mucho menos desarrollada, debido también a factores como la relativa juventud de las instituciones, la fragmentación de las políticas cantonales, el retraso en la revisión de la estrategia y los recortes de fondos destinados a la adaptación de los bosques, que solo se revirtieron después de que un verano récord obligara a abordar el problema.
Las medidas de adaptación son esenciales, pero por sí solas no serán suficientes, explicó la climatóloga Sonia Seneviratne en julio. Mientras no se aborde la causa subyacente, las sociedades llegarán a sus límites en cuanto a su capacidad para adaptarse.
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Editado por Simon Bradley/VdV
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Texto y video adaptado por José Kress
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