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El «día de la liberación» le pasa factura a Trump en varios frentes un año después

Andrés Sanchez Braun

Washington, 29 mar (EFE).- Un año después del llamado «día de la liberación», cuando el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció gravámenes a discreción para sus socios comerciales, la agresiva política arancelaria del republicano ha erosionando no solo la popularidad de su Gobierno entre votantes y empresarios; también la credibilidad de su proyecto económico o sus alianzas en el plano geopolítico.

Tras meses de presiones y duras negociaciones para alcanzar acuerdos que rebajaran estos castigos arancelarios, el pasado 20 de febrero se produjo un vuelco cuando el Supremo tumbó todos los gravámenes del «día de la liberación» (2 de abril de 2025) al estimar que Trump no tenía potestad para hacer uso de la ley de emergencia que enarboló para anunciar esos impuestos aduaneros.

Trump había afirmado que un fallo en contra supondría «un caos total» y que sería «prácticamente imposible» para su Ejecutivo reembolsar los importes de esos aranceles, predicción que hasta ahora parece estar cumpliéndose.

Incluso antes del veredicto del Supremo, más de 1.000 importadores habían demandado ya al Gobierno reclamando reembolsos.

El complejo proceso de devoluciones está ahora apenas en su fase inicial, ya que mientras los tribunales dirimen las cantidades a restituir, la Casa Blanca ha instruido a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) a diseñar un mecanismo destinado a procesar estas devoluciones.

Sin embargo, los expertos señalan que los actuales sistemas aduaneros nunca fueron concebidos para una oleada de reembolsos de esta magnitud, por lo que su implementación promete ser lenta y jurídicamente compleja.

Un nuevo arancel del 10 %

Entretanto, Trump anunció un nuevo arancel generalizado del 10 % para todos sus socios que puede estar en vigor 90 días sin autorización del Congreso, que pasada esa fecha debe aprobar o no su extensión.

Para añadir más confusión e incertidumbre, el magnate neoyorquino, que ha anunciado planes de incrementar esos gravámenes hasta el 15 %, ha asegurado que no cree que hará falta ningún aprobación del legislativo para mantener esas tarifas en pie.

Mientras, importantes socios como la Unión Europea (UE) o India, han pausado o ralentizado la implementación de los acuerdos que Trump forzó mediante la imposición de sus aranceles del «día de la liberación» e incluso amenazado con no aplicar los tratados en absoluto si Washington continúa imponiendo aranceles adicionales de manera unilateral.

Cifras del propio Departamento del Tesoro y de consultoras independientes apuntan a que el monto a restituir tras el fallo del Supremo podría oscilar entre los 130.000 y los 175.000 millones de dólares y que esto podría incrementar el déficit estadounidense en medio punto porcentual del PIB en un momento en que la deuda pública se acerca a los 40 billones de dólares.

En cualquier caso, nada de esto ha afectado al relato de Trump, que sigue insistiendo en que bajo su mandato la economía va como un tiro y que -al menos hasta las fuertes escaladas del petróleo motivadas por la guerra en Irán- la inflación en EE.UU. es ya inexistente.

Lo cierto es que antes incluso de la ofensiva contra Teherán, la inflación subyacente de febrero permanecía en el 2,5 % interanual, un dato que denota la lentitud con la que la primera economía del mundo está tardando en absorber el efecto de esos aranceles, según subrayó el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.

A esto se une ahora el encarecimiento del crudo, con el galón de gasolina casi un tercio más caro que hace un mes en un país que depende del transporte por carretera para casi todo.

Ese daño al bolsillo de los estadounidenses empaña aún más sus perspectivas de cara las legislativas de medio mandato de noviembre, que podrían hacer que pierda el control de ambas cámaras y dejarlo muy debilitado.

A su vez, esa errática y agresiva política arancelaria, sumada a los repetidos insultos y amenazas vertidos contra países amigos, han contribuido a desgastar la red de alianzas tejida durante décadas por Washington.

También han aumentado el recelo y la desconfianza de sus aliados, que en las últimas semanas han mostrado reticencias para con los ataques contra Irán y han hecho caso omiso de los llamamientos del republicano a asistir militarmente a EEUU en el estrecho de Ormuz. EFE

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